Richard M. Ebeling mayo 19, 2018

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Pocas elecciones presidenciales de los Estados Unidos han logrado tanto interés y preocupación internacional como la del 2016. Es cierto que, cualquiera que sea el electo y que se siente en la Casa Blanca en Washington, D.C., le interesa a mucha gente de todo lado, pues los Estados Unidos permanecen siendo un coloso político, económico y militar, influyendo en eventos grandes y pequeños alrededor del mundo.

Aun así, la ansiedad acerca de la posibilidad y luego la realidad de la elección de Donald Trump como el presidente número 45 de los Estados Unidos, es única, al menos durante mi vida. Su lenguaje jactancioso, la crudeza de su expresión verbal, su rechazo jactancioso, su crudeza en la expresión verbal, su rechazo aparente a seguir los estándares de la etiqueta y las reglas del juego político durante las primarias del partido republicano y, luego, durante la campaña presidencial que culminó en el día de las elecciones en noviembre del año pasado, lanzó a muchas personas fuera de balance, tanto en Estados Unidos, como en todas partes, preguntándose que se podría esperar si Trump las ganaba.

Posteriormente, se presentó la conmoción al ganar de verdad la elección, después de que los encuestadores que leían las preferencias del público y los comentaristas que pontificaban acerca de la “imposibilidad” de que los Estados Unidos eligiera a Trump, mostrando a todos que estaban equivocados en el anochecer del 8 de noviembre del 2016. Los votos fueron contados y se hizo evidente que Donald Trump había obtenido los votos necesarios en el Colegio Electoral de los Estados Unidos para obtener la victoria, aun cuando Hillary Clinton ganó casi tres millones más en votos populares.
LA NEGACIÓN Y LA FURIA ANTE EL TRIUNFO DE TRUMP

Se ha dicho que hay varias etapas en el dolor humano después de sufrir una gran pérdida personal. La primera es la negación, seguida de furia porque se dio la tragedia. Tan sólo poco tiempo después de la elección de noviembre y de la inauguración de Donald Trump como presidente el 20 de enero del 2017, aquellos que no pueden aceptar el resultado electoral, está aun experimentando alguna combinación de las dos primeras etapas.

Pero, el hecho es que Donald Trump efectivamente ganó las elecciones y, a menos que haya algún vuelco inesperado de los acontecimientos, será presidente de los Estados Unidos por, al menos, los próximos cuatro y posiblemente hasta los próximos ocho años. De manera que, guste o no, es mejor saltar a la última etapa del proceso de luto –la aceptación. Donald Trump está en la Casa Blanca y va a estar ahí por su rato.

Ante ello, ¿qué significa para Estados Unidos y para el resto del mundo una Administración Trump? Bueno, en efecto, hay muy pocas preguntas acerca de este tema, pues Trump ha sido explícito y directo acerca de la naturaleza general y de muchos de detalles de su visión del mundo y de cómo esa visión guiará sus decisiones de políticas durante los años venideros. Hemos podido mirar sus visiones, en las “órdenes ejecutivas” que ha emitido, hasta el momento, durante su presidencia.
DELIRIOS DEL ALA IZQUIERDA ACERCA DE DONALD TRUMP

Antes de llegar a esto, tal vez es necesario dejar de lado algunos temores delirantes y una euforia inapropiada. Al escuchar y leer lo que aquellos “en la izquierda” han dicho y escrito acerca de una Administración Trump, el observador desinformado que nos visita desde Marte podría pensar que los Estados Unidos ya se han hundido en una dictadura de tipo fascista, en donde los campos de concentración están siendo montados para minorías indeseables, en que los medios noticiosos están amenazados con ser transformados en una voz para la maquinaria propagandística tipo nazi y en que a los no creyentes en religiones pronto se les obligará a ir a la iglesia y a pagar el diezmo.

En mi opinión, mucha de la izquierda política han tomado su propio brebaje de Kool-Aid y creen ahora en su propia propaganda histérica, acerca de la muerte de la libertad en los Estados Unidos, que está a la vuelta de la esquina. Otros de la izquierda política encuentran a esta simbología apocalíptica como altamente útil para manipular a la gente para que marche, haga demostraciones y disturbios, a fin de solidificar su tenencia de su base política. Mantener el frenesí también sirve a los objetivos de aquellos en la oposición, quienes ya están poniéndole atención a los siguientes elecciones congresales y presidenciales, dentro de los próximos dos y cuatro años.

Es importante entender que suenan como falsos muchos de los temores expresados por miembros del partido demócrata o de la izquierda política, en general, acerca de las usurpaciones presidenciales del poder -verdaderas o imaginadas- por parte de Donald Trump. Después de todo, ellos se deleitaron con el uso durante seis de sus últimos ocho años en la Casa Banca, de las mismas prerrogativas presidenciales por Barack Obama, a través de órdenes ejecutivas y poderes relacionados, para sortear una Asamblea Legislativa controlada por el partido republicano.

Fue Obama quien dijo que él tenía “un teléfono y una pluma” y, con estos a mano, él podía hacer cualquier cosa con la cual pudiera salirse con la suya, ya fuera que el Congreso o una mayoría le apoyara o no, en su visión de una “esperanza y un cambio” estadounidense. Súbitamente, cuando esa poderosa pluma presidencial está en las manos de Trump, la izquierda está “conmocionada y estupefacta” con que el jefe del ejecutivo del gobierno de los Estados Unidos, pueda no adherirse a la tradición de poderes limitados y divididos del sistema político estadounidense.

Su único problema con esa pluma presidencial de poder ejecutivo, es que está siendo agarrada por alguien que a ellos les disgusta, en vez de ser alguien a quien ellos creen ser la voz y vindicador de la causa de la “justicia social” y de una visión “progresista” de unos Estados Unidos rehechos.
FANTASÍAS DEL ALA DERECHA ACERCA DE DONALD TRUMP

En la derecha política, muchos de quienes se opusieron a Trump durante las primarias del partido republicano, al vislumbrarlo como un engaño político embarazoso y como un burdo estafador de un reality show, ahora han cambiado su tono.

Aun cuando los republicanos, una vez que seguros de que una victoria de Trump en las primarias significaría una derrota inevitable y cuatro años de presidencia de Hillary Clinton, lentamente han venido cerrando filas tras Trump. No obstante, muchos claramente desean que el presidente disminuya su retórica, detenga su twitteo de un monólogo interior y que empiece a actuar más “presidencialmente.”

Pero, a pesar de todas sus payasadas embarazosas y su retórica sensible de luchas callejeras, él, después de todo, no es Hillary Clinton. Y si cumple sus promesas, podrían darse muchas políticas deseadas por los republicanos y el movimiento conservador, especialmente en áreas de la política económica doméstica.

Él ha dicho que los impuestos personales y a las empresas serán reducidos significativamente, incluyendo la doble imposición sobre las ganancias obtenidas por las empresas estadounidenses en sus operaciones en el exterior. Ha dicho que las regulaciones federales sobre las empresas serán reducidas radicalmente, a fin de liberar a las empresas para que planeen e inviertan capital.

Trump ha suscrito un documento para completar la tubería de petróleo Keystone, la que conectaría los campos petroleros en Canadá y las Dakotas con las refinerías de petróleo e instalaciones relacionadas del Sur de los Estados Unidos. Él ha desafiado al calentamiento global y a la manía del cambio climático. Tal vez más importante, prometió en campaña e insiste en la abolición y reemplazo de la Ley de Cuidado de Salud Asequible -el ObamaCare- para restaurar una elección más personal acerca del seguro de salud y las opciones de cuidado médico.

Si Trump prosigue exitosamente estas políticas y programas, muchos republicanos y conservadores perdonarán a Trump, por la mayoría de sus pecados y travesuras. Este será especialmente el caso si se asegura de que los republicanos conserven el control de las legislaturas federales y estatales en las próximas elecciones.

Es difícil que Donald Trump sea el destructor diabólico de la sociedad democrática, que “la izquierda” está exponiendo de él como un amenazador. Pero, yo estaría de acuerdo en que él tampoco es el defensor, basado en principios firmes, de la libertad y de la libre empresa, lo cual muchos de “la derecha” esperan que lo sea, tomando para ello como sustento algunas de decisiones de política económica hechas hasta el momento.

LA VISIÓN MUNDIAL DE DONALD TRUMP: ENEMIGOS EN TODAS PARTES 

Creo que lo que más se destacó de su discurso inaugural del 20 de enero del 2017, fue la omisión de referencias a la “libertad” y al “gobierno limitado.” La vasta mayoría del discurso se enfocó en un llamado a la restauración de la “grandeza nacional.”

“A partir de hoy, una nueva visión regirá nuestra tierra. A partir de este momento, será Estados Unidos primero. Cada decisión sobre comercio, impuestos, inmigración, asuntos exteriores, se hará para beneficiar a los trabajadores estadounidenses y a las familias estadounidenses. Debemos proteger nuestras fronteras de la devastación provocada por el hecho de que otros países fabriquen nuestros productos, se roben nuestras empresas, y destruyan nuestros empleos. La protección conducirá a una gran prosperidad y fuerza…
Estados Unidos comenzará a ganar de nuevo, como nunca antes. Traeremos de vuelta nuestros empleos. Traeremos de vuelta nuestras fronteras. Traeremos de vuelta nuestra riqueza. Y traeremos de vuelta nuestros sueños. Construiremos nuevas carreteras y autopistas, puentes y túneles, aeropuertos y ferrocarriles en toda nuestra maravillosa nación…

Seguiremos dos reglas sencillas: Comprar productos estadounidenses y contratar trabajadores estadounidenses. Buscaremos la amistad y la buena voluntad de las naciones del mundo –pero lo haremos con el entendimiento de que es el derecho de todas las naciones anteponer sus propios intereses.”

El presidente Trump repitió el mismo mensaje en sus comentarios de hace pocos días, el 17 de febrero del 2017, al develarse el nuevo aeroplano Boeing 787 Dreamliner, en Charleston, Carolina del Sur:

“Como su presidente, voy a hacer todo lo que pueda para desatar el poder del espíritu estadounidense y para poner a nuestra gran gente de nuevo a trabajar. Este es nuestro lema: Compre lo estadounidense y Contrata al estadounidense.

Queremos productos hechos en los Estados Unidos, hechos por manos estadounidenses. Ustedes probablemente vieron el oleoducto Keystone que aprobé recientemente y la Dakota. Y me estoy alistando a firmar la ley. Yo dije ¿adónde se hace la tubería? Y me dijeron que aquí no. Dije, muy bien –agregue una frasecita, de que usted tendrá que comprar acero estadounidense. Y ¿saben qué? Esa es la forma de hacerlo, Es la forma en que va a ser… Vamos a luchar hasta por el último de los empleos de los Estados Unidos…

Yo hice campaña bajo la promesa de que haré todo lo que esté en mi poder para traer de regreso esos empleos a los Estados Unidos. Queríamos hacerlo más fácil –tiene que ser mucho más fácil manufacturar en nuestro país y mucho más difícil que se vayan. Yo no quiero empresas que se van del país, que hagan su producto, que lo vendan de regreso, sin impuestos, sin nada, despidiendo a todo mundo en nuestro país.

Amigos, no vamos a dejar que eso suceda más. Créanme. Habrá una penalización sustancial que deberá ser pagada cuando ellos despidan a su gente y se muevan hacia otro país, a hacer el producto, y piensan que van a venderlo de regreso por encima de lo que será pronto una frontera muy, pero muy, fuerte. Será muy diferente. Va a ser muy diferente…

Para cumplir con esa meta, vamos a reducir masivamente las regulaciones que aplastan los empleos -ya empezamos; ustedes lo han visto- que envían nuestros empleos a esos otros países. Vamos a rebajar los impuestos sobre las empresas estadounidenses, de forma que sea más barato y más fácil producir el producto y cosas bellas, como aeroplanos, aquí en los Estados Unidos…

Ustedes me han oído decirlo antes y se los diré de nuevo: De ahora en adelante va a ser, primero los Estados Unidos.”

Desde su visión, los Estados Unidos han sido abusados en sus acuerdos políticos y económicos con el resto del mundo. El mundo ha robado empleos estadounidenses, destruido la base manufacturera de los Estados Unidos, dejado a la clase media de los Estados Unidos con un estándar de vida debilitado y estancado y sembrado el caos con el sueño estadounidense y casi el derecho al nacer para tener oportunidades y una prosperidad creciente.

Para Donald Trump, cada acuerdo comercial, cada déficit comercial y cada inversión empresarial en el extranjero, es prueba del grado en que los Estados Unidos están siendo abusados en sus relaciones comerciales.

Esta visión del mundo es un renacer de la noción mercantilista de los siglos XVII y XVIII, de que la existencia humana consiste de un conflicto interminable e irreconciliable, no sólo o justamente con la naturaleza, sino entre naciones-estados. Para el mercantilista, cada nación-estado debería proteger al bienestar económico de sus propios súbditos y ciudadanos, de la perdición del saqueo por otras naciones-estados. En la visión mercantilista del mundo, la economía es un juego de suma cero.LA LIBERACIÓN DEL LIBERALISMO CLÁSICO DEL HOMBRE ANTE EL ESTADO

Las revoluciones intelectuales, políticas y económicas del liberalismo clásico de fines de los siglos XVIII y XIX, derribaron la idea de la monarquía absoluta, reemplazándola ya sea con monarquías constitucionalmente limitadas o bien con formas republicanas de gobierno. También intentaron liberar al individuo del poder irrestricto y el control del estado. El ideal individual y el derecho de cada persona a la vida, libertad y propiedad adquirida honestamente, transformaron la relación entre el individuo y el estado.

Según los liberales clásicos, el gobierno existe para preservar el derecho del individuo para vivir su propio interés pacifico, no para servir objetivos de reyes, príncipes y mayorías democráticas sin límites. Economistas de esa época, incluyendo a Adam Smith y a muchos otros después de él, alegaron que el comercio no era un juego de suma cero y que en verdad no era dañino para las naciones que se involucraran en relaciones comerciales.

Estos liberales aseveraron que los individuos conocen mucho mejor como servir a sus propios intereses, que como podría soñar serlo algún regulador del gobierno. Los individuos tan sólo participan de intercambios con otros, cuando creen que, como resultado de la transacción, van a estar mejor. Ningún individuo, en un acto de libre intercambio, nunca entrega intencionalmente algo que valora mucho más, a cambio de algo que valora menos. En efecto, siempre es todo lo contrario.
MEJORAR A PARTIR DEL COMERCIO VERSUS LA PRESUNCIÓN POLÍTICA

Si voy al negocio de la esquina y compro en un dólar una copia del periódico de hoy, es porque considero que la información posible que me puede brindar, es de un mayor valor que el precio que se me pide pagar. Y, a su vez, el dueño del negocio de la esquina me vende esa copia del periódico del día, porque valora más al dólar que recibe de mi parte, que entregarme una de las copias que tiene a la venta. Cada uno de nosotros se considera, respectivamente, que con eso estará mejor.

Ahora bien, es cierto que, después de que compro el periódico y que lo haya leído, puedo decidir, retrospectivamente, que no contenía algo que fuera realmente nuevo o interesante y que, por tanto, a posteriori, fácilmente podría haber pasado el día sin comprarlo y, en cambio, usar ese dólar en comprar alguna otra cosa.

Nadie tiene un conocimiento perfecto. Todos actuamos con base en lo que sabemos o creemos en el momento en que la transacción se realiza. Y algunas veces concluimos en que el intercambio, después del hecho, no era lo ventajoso que habíamos esperado o deseado. Sin embargo, requerirá de una enorme cantidad de arrogancia de parte de todos los demás, presumir que ellos saben más que lo que nosotros sabemos, acerca de que es lo mejor para uno, en los intercambios diarios de los mercados. El conocimiento, con base en el cual el presuntuoso político paternalista afirma un derecho controlar e interferir, es, como mínimo, tan imperfecto y limitado como aquél poseído por el resto de nosotros.

LA MENTALIDAD PLANIFICADORA CENTRAL DE TRUMP

Mientras muchos conservadores están saludando la intención declarada de Donald Trump de reducir tanto las regulaciones a las empresas como los impuestos a los individuos y a las empresas -sin duda que, todas ellas, buenas cosas- debemos entender la perspectiva ideológica desde la cual la está formulando.

En ningún momento el presidente Trump ha dicho que intentar proseguir esas políticas debido porque quiere que la ciudadanía estadounidenses tenga un control mayor y superior de sus propias vidas. Nunca abogó por reducir las cargas impositivas, de forma que los estadounidenses puedan conservar más del ingreso y riqueza que ellos han ganado honestamente, como si eso en sí fuera un objetivo político deseable.

No, en vez de ello, el presidente Trump ha abogado por esas políticas, como un planificador central el cual sabe adónde deberían de invertir las empresas estadounidenses, a quién le deberían de dar empleo y qué productos ser producidos.

¿Qué tan diferente es eso del “progresista” que desea usar la regulación gubernamental para restringir el uso de combustibles fósiles, a la vez que utiliza políticas intervencionistas para promover “energías alternativas”?

Los objetivos y las herramientas regulatorias pueden diferir, pero la premisa subyacente permanece siendo la misma: Que el gobierno sabe mejor que los propios ciudadanos individuales cómo vivir sus vidas.

LA SABIDURÍA IMPERECEDERA DE ADAM SMITH

Para ser honesto, ocasiona la más profunda frustración para un economista, tener que repetir palabras escritas por Adam Smith hace más de 240 años en su famoso libro La Riqueza de las Naciones:

“Siempre fue máxima constante de cualquier prudente padre de familia no hacer en casa lo que ha de costar más caro que comprarlo. El sastre, por esta razón, no hace zapatos para sí y para su familia, sino que los compra del zapatero; éste no cose sus vestidos, sino que los encomienda al sastre; el labrador no hace en su casa ni lo uno ni lo otro, sino que emplea el dinero en dar que trabajar a aquellos dos operarios…

Rara vez deja de ser prudente en la dirección económica de un Estado la máxima que es acertada en el gobierno de una familia particular. Cuando de un país extranjero se nos puede surtir de una mercadería a un precio más cómodo que al que nosotros podemos fabricarla, será mejor comprarla que hacerla, dando por ella parte del producto de nuestra propia industria, y dejando a ésta emplearse en aquellos ramos en que saque ventaja al extranjero…

“… ciertamente no está empleado con la mayor ventaja aquel capital que se destina a un objeto que puede comprarse más barato que hacerse… En consecuencia, con estos estatutos se separa la industria del país de un empleo más ventajoso y se aplica en el que lo es menos y, en lugar de aumentarse el valor permutable de su producto anual, no puede menos de disminuirse considerablemente.”

El presidente Trump y aquellos en su administración que comparten su punto de vista negativo acerca de la importación de bienes menos costosos, no hay duda de que dirían que todo puede estar perfecto bajo las circunstancias de una “competencia en igualdad de condiciones,” pero que otros países no juegan limpio. Otros gobiernos subsidian sus propias exportaciones y, a sus maneras, intentan obstaculizar la importación de bienes estadounidenses hacia sus propios países.
IMPORTAR BIENES MÁS BARATOS ES SIEMPRE LO MEJOR

Ya sea que las importaciones menos caras ofrecidas a los Estados Unidos sean resultado de eficiencias basadas en el mercado de otro país o de un subsidio del gobierno a algunas de las exportaciones de ese otro país, desde la perspectiva del consumidor estadounidenses hay una oportunidad de un incremento en el ingreso real. Un bien deseado puede ser adquirido por menos que antes, dejando una suma de dinero en los bolsillos del comprador, con la cual ahora puede pagar la compra de lo que previamente no podían.

Y ¿qué acerca de los empleos que se pierden en el mercado doméstico, debido a las importaciones desde el exterior? Tal como sucede a la luz de todo cambio, se requiere de ajustes. En este caso, se requerirá de recontrataciones, pero no hay nada, per se, que impida encontrar empleos alternativos. Después de todo, todas las importaciones tienen que ser pagadas con exportaciones –el país extranjero no nos da gratuitamente sus bienes. Y, además, los dólares ahorrados al comprar bienes extranjeros menos caros, significarán una demanda adicional y gasto en bienes distintos que los consumidores ahora pueden adquirir, ofreciendo también nuevas oportunidades de empleo en estos rumbos laborales.

EL FALSO OBJETIVO DE SÓLO “EMPLEOS”.

Esto nos lleva a otro punto ciego de la agenda expuesta por el presidente Trump. Él repite, una y otra vez, que su tarea es crear empleos para los estadounidenses. Pero los “empleos” no son un objetivo en sí mismos. Si bien hay cosas que brindan placer con tan sólo hacerlas, el trabajo es un medio para un fin. Ya sea sembrando cosechas en el campo o manufacturando productos en la fábrica o lanzando redes de pesca en el océano u ofreciendo un servicio tal como un corte de cabello o una clase de aeróbicos, todos son medios para un fin –producir bienes que otros en la sociedad quieren, como forma de ganarse la vida que nos permita comprar de esos otros lo que tengan en venta resultado de la división del trabajo, que, a su vez, nosotros deseamos consumir.

Deberíamos desear que todo mundo estuviera haciendo su trabajo al menor costo en términos de los recursos y de la fuerza de trabajo, precisamente para que podamos obtener el máximo de bienes y servicios que deseamos, con los medios disponibles. Si los productores en otro país pueden hacerlo mejor y menos caro que como lo podemos hacer en casa, deberíamos tomar ventaja de ello, para maximizar nuestro propio bienestar material, en vez de quejarnos de su oferta.

Suponga que mañana, por algún milagro, empezara a crecer ropa gratuita en las ramas de los árboles y que desparecerían todos los empleos en el sector textil de la economía. Ante ello, ¿debemos perder la esperanza? Ciertamente, podríamos obtener toda la ropa que quisiéramos y luego dedicar toda la mano de obra liberada, a producir otra cosa que también deseamos, pero que antes no podíamos producir debido a que mucha mano de obra se mantenía ocupada en hacer nuestros pantalones y chaquetas.

Temerosos de perder esos “buenos empleos estadounidenses” en la industria textil, ¿consideraríamos mejor cortar las ramas en aquellos árboles productores de ropa, de forma que se conservaran todos estos empleos haciendo ropa? Creo que la mayoría de nosotros lo consideraríamos un absurdo. El presidente Trump, si tomamos su palabra, podría querer poner un fuerte arancel a las importaciones y construir un muro enorme a lo largo de la frontera, para mantener esa ropa gratis fuera de Estados Unidos, si resultara que esos árboles productores de ropas se ubican en algún país extranjero.

LAS REPRESALIAS COMERCIALES HACEN QUE SU PROPIO PAÍS EMPEORE

Pero, ¿qué y si otros países imponen aranceles en contra de nuestros bienes para “proteger” a sus propias industrias y trabajos? ¿No deberíamos responder con aranceles en represalia y restricciones comerciales afines, para enseñarles una lección? Si lo hacemos, no sólo nos hacemos un daño a nosotros mismos, al responder de tal forma a las barreras comerciales erigidas por otros países.

Un economista británico, Henry Dunning MacLeod, brindó una respuesta vívida al argumento en favor de un arancel en represalia. Dijo él:

“Mediante el método de aranceles como contraofensiva, cuando el [otro país] nos golpea en una mejilla, inmediatamente nosotros mismos nos golpeamos en la otra con un golpe extremadamente duro. [El otro país, al poner aranceles a la importación] nos ocasiona un daño y nosotros, al tomar represalias, inmediatamente nos hacemos uno peor, por nuestra propia decisión. La forma verdadera de luchar contra las tarifas hostiles es por medio del libre comercio.”

Tomar represalias mediante contra-aranceles tan sólo hace que los bienes comprados previamente del país extranjero, sean más caros para los consumidores del propio país, reduce su nivel de vida por los precios más elevados y hay una variedad menor de bienes entre los cuales escoger. Y, al reducir las ventas ganadas por el productor extranjero en su país, tiene menos ingresos con los cuales comprar las exportaciones de su país, con un efecto negativo sobre aquellos sectores de su propia economía.

Ahora, si ese otro país procede a imponer aranceles compensatorios adicionales en respuesta a la misma represalia que tomó su país, entonces, los dos países encaran una espiral mortal de un comercio en declinación entre ambos, con bienes reducidos para los consumidores en los dos países, precios mayores para un número mayor de productos que los ciudadanos de ambos quieren comprar y una reducción en el sistema internacional de la división del trabajo que disminuye la productividad general del mercado global, siendo el resultado final el de una prosperidad y un progreso material menor para todo mundo.

Si el presidente Trump en la realidad prosigue sus propuestas de políticas basadas en el proteccionismo a partir de su concepción de que el comercio entre las naciones es de suma cero, el resultado final puede ser el de un juego de suma negativa, en donde todas las naciones del mundo terminan peor.

LA FALSA PROSPERIDAD TRAS LAS BARRERAS COMERCIALES DE TRUMP

Oh, sí, los trabajadores estadounidenses pueden ahora estar haciendo bienes que previamente hacían los empleados extranjeros. Las industrias estadounidenses, que en comparación habían disminuido su tamaño antes de la intensificación del comercio global, pueden hacer un regreso tras las barreras arancelarias del presidente Trump.

Sin embargo, detrás de este espejismo de una restaurada “grandiosidad” estadounidense, los trabajadores serán más pobres de lo que tienen que ser, al producir bienes con costos mayores y con una eficiencia menos productiva, comparado con una participación libre y abierta en una división global del trabajo basada en el mercado libre ofrecida para todos en el mundo, incluyendo a aquellos estadounidenses en cuyo bienestar económico el presidente Trump alega estar tan interesado.

DONALD TRUMP ES REFUTADO POR UN CIUDADANO DE CAROLINA DEL SUR ─¡EN EL AÑO 1830!

Anteriormente cité las aseveraciones del presidente Trump durante su reciente visita a Charleston, Carolina del Sur. Permítanme citar a un economista de Carolina del Sur, Thomas Cooper (1759-1839), quien publicó las siguientes palabras en sus Conferencias acerca de los Elementos de Economía Política de 1830, en lo que llegó a ser uno de los libros de texto de economía más ampliamente usado en aquella época en los Estados Unidos. El Dr. Cooper fue presidente de la Universidad de Carolina del Sur y profesor de Química y de Economía Política. Él aseveró:
“El propósito principal del comercio internacional es importar tantas mercancías como sean deseadas, a un costo menor, de lo que son producidas en casa. Esta es la propia base y el carácter esencial de aquél. Por lo tanto, el principio de las restricciones e impuestos restrictivos [aranceles], que prohíben que un artículo sea introducido desde el exterior debido a que puede ser adquirido más barato desde el exterior ─resulta en la plena aniquilación de todo comercio exterior…

“El sistema restrictivo, en efecto, nos dice que obtendremos muchas ganancias al ser confinados como prisioneros dentro de nuestras propias casas, sin tener relaciones con nadie de fuera de las puertas; que es nuestro deber permitir que nuestro vecino doméstico se enriquezca con base en nuestra credulidad, al persuadirnos a comprar de ellos un artículo inferior, a un precio mayor…

“De ser adoptado [este] principio, ¿adónde se va a detener? Para decir después de esto, que somos nosotros la nación más ilustrada en la tierra, es una sátira sobre nosotros mismos, más amarga que lo que nuestros enemigos están empoderados para proferir. Ser gobernados por tal ignorancia, es, en efecto, una desgracia nacional.”

EL PELIGROSO PATERNALISMO PROTECCIONISTA DE DONALD TRUMP

Donald Trump bien puede no ser el malvado dictador en potencia, que muchos de la izquierda política han retratado, ni el ángel vengador que dice las cosas como deben ser, tal como algunos de la derecha política consideran, como alguien que gloriosamente restaurará una perdida grandeza de los Estados Unidos.

Lo que debería de estar plenamente claro es que, detrás del mantra del presidente Trump, de “Primero los Estados Unidos,” hay un peligroso paternalismo proteccionista, que mira a los recortes impositivos y a una regulación reducida de las empresas en casa, no como fines en sí para restaurar la libertad individual y la libertad económica del pueblo estadounidense, sino, por el contrario, como herramientas de políticas fiscales e intervencionistas para influenciar y manipular la dirección y la forma de la actividad económica en los Estados Unidos.

Otras naciones no sin vistas como socios y participantes globales, en una búsqueda de todo el mundo por una mejora general de la condición de la humanidad, incluyendo la mejoría del pueblo estadounidense. El mundo no es vislumbrado como una arena de cooperación internacional a través de la competencia pacifica del mercado, en donde cada nación y cada pueblo encuentran las mejores maneras de ganarse sus vidas, por medio de la mejora permanente de aquellos con los cuales ellos comercian.

En vez de eso, el presidente Trump mira al mundo como un lugar hostil, en el cual otras naciones están allí para mejorarse a sí mismas, al hacer que tanto los Estados Unidos como el pueblo de ese país se empobrezcan, se debiliten y empeoren aún más. Esa misma actitud y creencia, es posible que se conviertan en una profecía auto-cumplida. Otras naciones pueden fácilmente caer más abajo en la misma mentalidad de colectivismo nacionalista, provocando así tensiones económicas internacionales y posiblemente conflictos comerciales intensificados, si no es que guerras comerciales de verdad. Es un estado mental peligroso, que crece visiblemente en la actualidad en un número de países de Europa y en otros lugares del mundo.

Las políticas del presidente Trump pueden muy bien lograr que haya más productos que ostenten la etiqueta de “Hecho en los Estados Unidos.” Pero, su significado verdadero y perverso no será el de una grandeza restaurada de los Estados Unidos, sino la marca comercial de una perspectiva de economía política, que conlleva la idea del paternalismo proteccionista, que, al final de cuentas, no mejorará ni la condición del pueblo estadounidense, ni la mejoría del resto del mundo.

Basado en una conferencia brindada en la Segunda Conferencia Anual a la Memoria de Joan Thompson, patrocinada por el Instituto Nassau en las Bahamas, el 21 de febrero del 2017.

es Profesor Distinguido BB&T de Ética y de Liderazgo de Libre Empresa en La Ciudadela en Charleston, Carolina del Sur. Fue presidente de la Fundación para la Educación Económica (FEE) del 2003 al 2008.

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