El problema con el cambio climático

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Lo siguiente es una recopilación de textos escritos por el economista mexicano, Macario Schettino, en los que trata el tema del cambio climático y el porqué de su escepticismo respecto a este.

“El problema con el cambio climático es que, quienes hablan de cambio climático, no entienden nada sobre cambio climático” Macario Schettino.

Cambio climático – 17 de enero de 2013

Un tema muy recurrente en los medios, sobre todo cuando hay desastres naturales, es el cambio climático. Y le ocurre como a muchos otros asuntosde interés general, que se vuelven muy difíciles de entender, porque sabemos poco y hablamos mucho.

Antes de hablar del tema, permítame recordarle que los humanos tenemos una tendencia natural a responder más a las amenazas que a las oportunidades. Esto es probablemente por presiones evolutivas: todos los animales reaccionan más al riesgo que a las oportunidades de comer o reproducirse, que son las otras dos cosas que interesan a los animales. Por esta razón, los comunicadores, sean medios u opinadores, tienen más público, y más atento cuando transmiten amenazas, riesgos, malas noticias. Por eso usted ve más noticias “negativas” o “amarillistas”que positivas. Y muchos piensan que es algo que puede modificarse presionando a los medios, pero es algo humano, y son los mismos comunicadores los que llevan a los medios a actuar así.

Precisamente por lo mismo, desde que el mundo empezó a crecer a buen ritmo, a inicios del siglo XIX, han proliferado escritos de personas que aseguran que estamos al borde del desastre, porque la economía crece más de lo debido. El primer escritor famoso en esta lógica fue Robert Malthus, que en 1820 aseguraba que habría pronto una catástrofe, porque la población creacía más que lo que podía crecer la producción de alimentos. Entonces había millones de seres humanos, hoy hay 7 mil millones, y cada uno de ellos come mucho más. No tenía razón Malthus.

Poco después, Marx y Engels aseguraron que el capitalismo pronto llegaría a su fin porque tendía a reducir las ganancias de empresarios, y los salarios de los trabajadores. De entonces a la fecha las empresas y los empleos se han multiplicado, y el grupo social que en ese tiempo casí no existía, la clase media, es hoy el más importante en países desarrollados y en camino a serlo en países en vías de desarrollo.

Pero el miedo no se acaba fácil, y el error de Malthus de 1820 fue repetido, casi a la letra, por Paul Ehrlich en 1968, en un libro que en español se llamó “La Explosión Demográfica”. Según él, no llegaríamos al 2000 por el crecimiento poblacional, que superaría la capacidad productiva en alimentos. Cuando escribía, la revolución verde de Borlaug ya llevaba buen rato multiplicando la producción de grano. Peor todavía, a inicios de los setenta el Club de Roma sostenía que el mundo entraría en grave crísis para 1985, porque habríamos agotado el petróleo, el hierro, acero y el cobre, etc. Como los anteriores, estuvieron equivocados.

Ese es el problema con el cambio climático. Es un fenómeno que efectivamente ocurre, en el que ciertamente hay un factor humano detrás, pero de ahí a pronosticar tragedias y el fin de la humanidad, si no es que del mundo, hay un trecho que no debemos recorrer.

Lo primero que tenemos que entender es que el clima es algo verdaderamente difícil de estudiar y modelar. Si usted, como tantos, se ha burlado de la capacidad de pronóstico de las personas del clima (o de los economistas), comprenderá a que me refiero. Precisamente por esas dificultades de modelación, el pronóstico es siempre muy dudoso.

Por esas razones, le exageración mediática y la dificultad técnica del tema, hay que tener cuidado con el cambio climático. Es un fenómeno que efectivamente ocurre (las últimas decadas han sido más calurosas, en un proceso creciente casi continuo), que está asociado a la actividad humana ( la correlación entre bióxido de carbono y la temperatura es muy elevada), y que alterará muchas de las actividades que tenemso.

Pero los cambios de temperatura son algo muy normal en el planeta, y hace cien mil años fueron mucho mayores y mas bruscos que lo que hoy vemos, sin que eso pusiera en riesgo ni al planeta, ni a los seres vivos. Es más, ni siquiera a los humanos, que por esas fechas salíamos de África para conquistar el mundo entero. De forma que el tema catastrófico debe concentrarse en los problemas que puede generarnos para la forma como vivimos, o como dicen algunos, la civilización. Muchas ciudades están al borde de cuerpos de agua, o específicamente del océano, y de seguir el calentamiento a este ritmo habrá problemas en muchas de ellas.

Para tener una mejor idea de lo que representa el cambio climático, hay un gran libro que puede ayudar. Es en realidad pequeño en tamaño. pero muy bien escrito, no sólo porque logra guardar el equilibrio entre los escépticos y los alarmistas, sino porque es ameno y sencillo. Lo escribió Kerry Emanuel, profesor de meteorología del Tecnológico de Massachusetts, y se publicó originalmente en 2007, pero hay una nueva versión de 2012. El libro tiene menos de cien páginas, con sólo una gráfica, pero cubre bien los diversos temas relacionados con el cambio climático.

Y déjeme citarlo directamente: “Las proyecciones de los modelos climáticos sugieren que el planeta se seguirá calentando entre 3 y 7 ℉ (2-4 ℃) en el resto del siglo… ¿Es esto tan malo? Con toda la mala publicidad del cambio climático es fácil olvidar los beneficios: requerirá menos energía calentar los edificios, tierras antes infértiles en altas altitudes podrían producir, y habrá menos sufrimiento por periodos de frío”. “En el lado negativo, habrá olas de calor más frecuentes e intensas, los costos del aire acondicionado subirán, zonas productivas del trópico dejarán de serlo, y puede haber afectaciones serias por hongos en plantas y animales”.

Como ve usted, el cambio climático trae aparejados problemas, pero no catástrofes. Hay, además, todavía décadas enteras para que hagamos tres cosas: usar más eficientemente la energía, obtenerla de fuentes más limpias, y prepararnos para aminorar los costos arriba mencionados. Nada imposible. Si puede, lea el libro, vale mucho la pena.

 

Creencias costosas – 6 de Marzo de 2014

Como usted sabe, éste ha sido el invierno más frío en décadas en Estados Unidos, y uno de los más húmedos en Europa. Es menos probable que se haya percatado de que la temperatura global no ha subido en los últimos 15 años (desde 1999). Por lo mismo, lo más seguro es que usted esté convencido, como millones de personas, que estamos en un proceso de cambio climático provocado por el ser humano que amenaza con destruir nuestra forma de vida en unas pocas décadas.

Uno de los objetos de estudio más complejos es el clima. La cantidad de variables, sus relaciones, y nuestro conocimiento muy limitado de varios de los procesos, hacen que sea muy difícil asegurar algo en este tema. Hasta hace muy pocos años, ni siquiera se podía predecir razonablemente cuál sería el clima más allá de los cinco días inmediatos. A pesar de estas inmensas dificultades, se ha ido construyendo un consenso que afirma que la tierra se está calentando y que eso ocurre debido a los seres humanos. Más aún, se sostiene que el principal efecto es la cantidad de dióxido de carbono que generamos, que produce el llamado “efecto invernadero”. Sin embargo, la correlación entre dióxido de carbono y temperatura promedio global sólo funciona más o menos bien entre 1970 y fines de los noventa. Ni antes, ni después, la correlación se mantiene.

Es un lugar común quejarse de que las predicciones del clima siempre fallan, y ya también lo es criticar a los economistas porque sus modelos no son capaces de predecir adecuadamente. Por eso me parece increíble que las mismas personas que no creen en el meteorológico ni en los economistas sean capaces de creer en el tema del cambio climático. Si las primeras dos cosas, relativamente sencillas, no las podemos hacer bien, ¿por qué suponer que la tercera, que es muchísimo más complicada, sí la dominamos?

Me parece que hay tres razones que explican la popularidad del cambio climático. La primera es que los humanos estamos más preparados para evitar amenazas que para aprovechar oportunidades. Por eso nos llaman más la atención los desastres, muertes y escándalos que las buenas noticias. La segunda es que se ha alineado la política con el tema climático, con la izquierda mayoritariamente del lado del cambio climático y la derecha del lado “escéptico”. Y la izquierda, como es sabido, tiene una predilección por convertir sus temas en cuestiones morales. Así, cualquier crítica al tema del cambio climático, o al ecologismo, es acusado de no tener “autoridad moral”.

La tercera, no menor, es que el cambio climático ya es un gran negocio, y ha generado su propia dinámica. Miles de millones de dólares en becas y consultorías no son cosa menor. El Panel Intergubernamental de Cambio Climático, en la ONU, es ya una fuerza política propia, aunque fue incapaz de presentar oficialmente su quinto reporte.

Quienes defienden el tema de cambio climático presionan porque haya políticas públicas para enfrentarlo. Pero las únicas posibles consisten en reducir el consumo de energéticos fósiles, que representan 82.6 por ciento de la energía total en el mundo. Les sigue la energía nuclear, con 5 por ciento, pero ésa ya tampoco la quieren.

¿Conviene reducir el bienestar actual de todos con base en algo que no entendemos?

Yo creo que no.

 

El problema con el clima – 6 de Marzo de 2014

Hoy publiqué en El Financiero un texto acerca del problema con el cambio climático, que se ha convertido en creencia popular con bases poco firmes.

Como era de esperarse, recibo multitud de críticas por ese texto. Empezando por acusarme de no saber del tema (ciertamente no soy experto, ni mucho menos, en el clima, ni se trata de eso mi artículo), y defienden su argumento por el uso de la palabra “clima” en mi texto, que uso para referirme a weather y a climate de forma indiferenciada. En español la palabra se usa para las dos cosas, aunque también usan “tiempo” para la primera acepción. En cualquier caso, no creo que se confunda, y lo único que quiero enfatizar es que hay una creencia muy fuerte en los estudios del climateque no entiendo de dónde proviene, si su capacidad de entender su objeto de estudio es muy, pero muy, limitada. Porque se trata de un problema muy complejo, no por otra cosa.

Refiero en mi artículo que la correlación entre bióxido de carbono y calentamiento no es tan clara como se cree, y aquí puedo poner la gráfica para que usted lo vea:

Como es evidente en la figura, el momento en que hay una gran correlación entre las emisiones (acumuladas) de bióxido de carbono y el calentamiento es entre 1970 y 1999. A partir de entonces, las emisiones siguen creciendo, pero la temperatura global ya no sube. ¿por qué? Nadie sabe. La hipótesis más recurrente es que el mar está captando el calor, pero entonces no queda claro por qué antes no lo hacía y ahora sí.

Si se les hace caso a los promotores del tema de cambio climático así nada más, entonces habría que reducir el consumo de combustibles fósiles, que hoy aportan 82.5% de la energía global. ¿Con qué los sustituimos? La siguiente fuente energética importante es la nuclear, que aporta 5% del total. Todo lo demás suma 12.5%, de lo cual 2.3% es hidroeléctrica (que no es estable) y 10% es “biocombustile”, que en su mayor parte es carbón vegetal, que contamina muchísimo por unidad de calor aportada, y biocombustibles derivados de granos, que al calcular su impacto en emisiones resultan más contaminantes que los fósiles.

Entonces, habría que reducir el consumo de energía mundial para reducir las emisiones. ¿Cómo? Eso no va a ocurrir, porque implicaría que todo mundo viva peor, y eso no va a ser fácil de lograr. Y además, lo haríamos sin saber por qué, dado que no está claro el impacto en el clima.

Si gusta leer algo a favor de una mayor discusión en el clima, le sugiero ver el blog de Judith Curry, jefa de la School of Earth and Atmospheric Sciences en el Georgia Institute of Technology. GeorgiaTech, pues, no cualquier cosa. Lo puede ver aquí

Para leer cosas a favor del cambio climático, sobra y no necesito darle más referencias…

 

Clima y energía – 20 de Enero de 2016

Si usted me ha hecho el favor de leerme de vez en cuando, sabrá que mi posición acerca del cambio climático no es muy popular. El cambio climático es algo constante, y es sólo el efecto humano sobre el mismo lo que está a discusión. Pero contamos con tan poca información y con modelos tan imperfectos que no creo que permitan conclusiones tajantes. Menos cuando esas conclusiones pueden tener costos muy elevados.

Por ejemplo, si uno compara las estimaciones que ha hecho el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, en inglés) en sus reportes, con lo que ha ocurrido ya, el IPCC ha sobreestimado continuamente el alza en temperatura. En su primer reporte estimaban un incremento de 0.3 grados C por década, que han reducido en otros reportes a 0.2 grados, pero hasta el momento el incremento, que sí existe, es de 0.1 grados. Los dos Niños grandes que hemos tenido (1997-1998 y 2015-2016) complican las mediciones, por cierto.

Puesto que se ha hecho cada vez más énfasis en el impacto del bióxido de carbono (CO2) en el alza de temperatura, para muchos el tema se limita a reducir las emisiones de este gas. Pero como 85 por ciento de la energía que utilizamos en el planeta produce CO2, la solución que se les ocurre es reducir el uso de energía. El costo de hacerlo puede ser muy alto, y la ganancia no es tan clara, porque no sabemos bien cuál es el impacto del CO2. No lo sabemos porque los modelos no son muy buenos, porque el clima es muy complejo. Y en condiciones tan poco claras, tomar decisiones tajantes, insisto, puede ser muy mala idea.

Como le comentaba ayer, cada año el mundo es más eficiente en el uso de energía, por lo que podemos producir más con menos consumo de energéticos. Puesto que en los últimos años ha habido un considerable aumento en la disponibilidad de gas natural, ese consumo de energía produce mucho menos CO2. De los tres combustibles fósiles que representan ese 85 por ciento de la energía mundial, el peor es el carbón, el petróleo es intermedio, y el gas es el menos contaminante. El puro cambio al gas, sumado a la eficiencia, nos ha dado como resultado que en el último año se produjo menos CO2.

También le comentaba que en los últimos 15 años el crecimiento de China, muy ineficiente en términos energéticos, implicó una reducción en la eficiencia. Con todo y eso, el incremento en CO2 en la atmósfera no supera las estimaciones originales del IPCC (1990). De hecho, andamos un poco abajo (402 partes por millón).

Pero esos 15 años han sido los más espectaculares en términos de reducción de pobreza en el mundo. Hoy, la pobreza extrema afecta a menos de 10 por ciento de la población, gracias a ese crecimiento que, como ve usted, no ha tenido un impacto climático tan severo como se imaginaba. Por eso creo que hay que evitar que el tema del clima se convierta en una religión y sus fanáticos estén dispuestos a quemar a los que pensamos diferente. La evidencia que tenemos indica que sí estamos contaminando de más, que eso no es bueno, pero que el impacto es mucho menor al que originalmente se pensaba. Más interesante aún, el avance tecnológico está terminando solo con el problema.

Se puede agilizar eso con políticas públicas, sin duda, y con inversiones inteligentes en el desarrollo de energías limpias. Pero detener hoy las economías con base en hipotéticas amenazas resultado de modelos sumamente imperfectos sería una pésima idea.

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