El peligroso Dragón Verde

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Hoy, y a pesar de la miseria y las hambrunas todavía presentes, la humanidad vive su mejor momento. Naciones como EE.UU. Japón, Taiwán y China están a la cabeza del desarrollo tecnológico. Desarrollo que ha permitido que las distancias se acorten, que se erradiquen enfermedades y que la pobreza se reduzca.

Entonces ¿Cómo podemos explicar que mucha gente despotrique contra la tecnología, el desarrollo y pretenda que la humanidad vuelva a las condiciones primitivas? Fácil, había que desarrollar un sentimiento de culpa en las personas, y de eso se encargó el movimiento ecologista y ambientalista.

“Resistiendo al Dragón Verde” es el libro de James Wanliss, Ph.D en Física y profesor del “Presbyterian College of Clinton”. El libro detalla los valores del movimiento ambientalista y los contrasta con los valores que sostienen a nuestra civilización. El autor pasa revista a muchos intelectuales, financiadores y políticos que promueven esta nueva versión del viejo paganismo.

Por ejemplo, Al Gore, ex vicepresidente de los EE.UU. y unos de los principales propagandistas del “cambio climático”, ha pronosticado catástrofes climáticas antropocéntricas a lo largo de toda su carrera política. Ninguna se cumplió, pero las ideas ecologistas permearon a las aulas universitarias y a los medios de comunicación.

Una vez instaurado el miedo a una inminente tragedia ambiental, los siguientes pasos eran buscar a los culpables, plantear soluciones y encontrar un salvador del planeta.

El culpable es el hombre blanco que vive en el primer mundo. Las naciones desarrolladas, con EE.UU. a la cabeza, son las culpables de los niveles de dióxido de carbono, de toneladas de basura, del cambio en las mareas, de la muerte de las ballenas y, especialmente, de reproducirse hasta sobrepoblar la tierra.

Entonces, si la sobrepoblación es el gran culpable de los males ambientales, la solución es acabar con la misma. Para el ecologista, 700.000.000 millones de almas no son personas que deben ser respetadas, sino simples consumidores de oxígeno y violadores de la “Pachamama”. Los violadores deben ser juzgados y castigados. Por eso, ecologistas como el Príncipe Felipe, consorte de la Reina Isabel II del Reino Unido y Presidente Emérito de WWF, o John Davis, del movimiento “Tierra Primero”, manifiestan su deseo de acabar con la mitad de la población mundial mediante un virus pandémico.

La anti-natalidad y el aborto son los puntos donde el “Dragon Verde” se pone de acuerdo con todo el movimiento feminista. Para los primeros, es una forma de ayudar a una madre sufrida y golpeada. Para las segundas es el mecanismo para liberar a las mujeres de un capitalismo “hetero”, “patriarcal” y “opresor”.

Aunque también hay otros grupos menos violentos que solo hablan de regular y reducir el consumo de plástico, de petróleo y de electrodomésticos; palabras bonitas para ocultar su verdadero objetivo: acabar con el capitalismo y el libre mercado.

Ya tenemos al culpable y las soluciones ¿Quién creen que es el super héroe? Pues el Estado a la cabeza de burócratas llenos de bondad y amor que pondrán límites a nuestras bajas pasiones consumistas y salvarán a la Tierra de nuestra irresponsabilidad. Para eso, subsidiará el aborto “seguro”, “legal” y “gratuito”, establecerá impuestos y multas a quienes emitan CO2 y ejercerá sobre un control férreo sobre todas las actividades económicas que no sean “eco-amigables”. Los ecologistas son como las sandias: “Verdes por fuera y rojos por dentro”, por eso no es ninguna coincidencia que el “Día de la Tierra” (22 de abril) coincida con el nacimiento de Lenin o que se hable de un “eco-marxismo”.

El ecologismo no es una preocupación por la naturaleza. Es solo, al igual que cualquier otra corriente de izquierda, un odio a la humanidad y sus éxitos.

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HUGO BALDERRAMA ES ECONOMISTA MASTER EN ADMINISTRACIÓN DE EMPRESAS Y PHD. EN ECONOMÍA

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