El patriarcado del salario ¿Verdad o mito?

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“El patriarcado del salario” es un libro de la escritora marxista y feminista Silvia Federeci. La idea central del libro se puede resumir en la frase: “El capitalismo debe producir el más valioso medio de producción, el trabajador mismo. Para eso se estableció el patriarcado del salario. Sistema que al excluir a las mujeres del salario le otorga al hombre un inmenso poder de control. Control que le permite al varón actuar como un explotador capitalista al interior del hogar y al sistema reproducir la fuerza de trabajo”.

Eran los años 70 cuando se publicó el trabajo de Federeci, que junto con Gramsci y los teóricos de la Escuela Frankfurt estaban buscando nuevos sujetos revolucionarios a quienes vender el discurso dialéctico de la izquierda. Los nuevos agentes subversivos serían los homosexuales, los indígenas y las mujeres. A los primeros se les vendió el cuento de una sociedad opresora. A los segundos, la leyenda negra de la conquista. Y para las mujeres, nada mejor que la tesis de la explotación salarial de Federeci.

Pero ¿es verdad que las mujeres son explotadas por el sistema “patriarcal”? No, pero veamos la respuesta.

El trabajo humano es solo una mercancía, por lógica, su precio dependerá de la utilidad que le provea al comprador del mismo. Habrá sectores donde el trabajo femenino será más valorado que el masculino y en otros sucederá todo lo contrario. El supuesto patriarcado no es la verdadera causa de los bajos salarios de las mujeres, sino la ausencia de libre mercado que impide que aparezcan nuevos proyectos de inversión. Una economía altamente capitalizada (inversiones, “know how” y tecnología) pagará mejores salarios a mujeres y varones. Sucede que cuando muchas empresas compiten por el trabajo los salarios son altos, pero cuando son muchas personas compiten por pocos puestos de trabajo los salarios son bajos.

Ahora imaginemos que en cualquier país toma el poder el movimiento feminista radical y una de sus primeras medidas es decretar que las mujeres ganen el doble que los varones. Contratar personal femenino sería tan caro que, simplemente, nadie tomaría ese riesgo. Los autonombrados justicieros feministas estarían condenando a las mujeres al desempleo y la miseria.

Mis colegas economistas suelen argumentar que estas políticas son errores producto de la ignorancia de la ciencia económica por parte de los dirigentes socialistas. Pero yo no comparto una postura.

Primero, porque es un reduccionismo al ámbito económico de un problema que tiene componentes teológicos, filosóficos, éticos y políticos. Y segundo, porque asume que el socialismo es solo un error, y no una política maligna cuyo único final es empobrecer al individuo para volverlo dependiente de la ayuda estatal. En ese punto debemos reconocer la honradez de Andrés Manuel López Obrador que dijo “los pobres son como mascotas y animalitos”, y es así como ven al ser humano todos los socialistas.

El feminismo, al igual que toda la corriente de izquierda, instrumentaliza a la mujer para reproducir su práctica dialéctica. No le interesa que las mujeres ganes más y vivan mejor, sino que sean resentidas y subversivas para usarlas como soldados en la guerra del poder. Como dice Sara Winter, activista próvida y ex feminista, “para las feministas las mujeres militantes son solo una pieza de ajedrez dentro de un tablero”.

Las mujeres no necesitan el feminismo para tener buenos salarios, para eso se necesita que los gobiernos sean limitados, los mercados libres y que la propiedad sea privada. No más feminismo, pero si más capitalismo.

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HUGO BALDERRAMA ES ECONOMISTA MASTER EN ADMINISTRACIÓN DE EMPRESAS Y PHD. EN ECONOMÍA

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