El neoliberalismo salvó a Chile

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Después de un largo retraso de más de cuatro décadas, el pueblo chileno finalmente se está levantando contra el neoliberalismo. Demanda que se termine el legado económico de los Chicago Boys, los economistas liberales entrenados en Estados Unidos, quienes ocuparon posiciones claves de política económica durante la dictadura de Pinochet. El proyecto socialista de Salvador Allende, el presidente marxista que encabezó el gobierno de Unidad Popular en Chile, fue bruscamente detenido en 1973. Pero, ahora, el pueblo chileno está listo para volver a asumir ese proyecto.

Esa es, al menos, la lectura que hace la izquierda de Occidente sobre las protestas en gran escala que actualmente sacuden al país.
En un artículo titulado “Chile Awakens”, la revista de moda Jacobin, afirma que:

“Las movilizaciones masivas de Chile desafían al modelo neoliberal y han elevado las expectativas de millones de chilenos. Con la explosión de protestas en el país en semanas recientes como respaldo, la incipiente coalición de izquierda podría luchar de regreso contra décadas de neoliberalismo que ha empobrecido a tantos chilenos. […]

El pueblo chileno está demandando un final al sistema privado de pensiones, una reducción de la semana laboral a cuarenta horas, la desprivatización del agua, un nuevo Código de Trabajo, […] el financiamiento directo a las instituciones públicos de cuidado de la salud, el fortalecimiento de la educación pública en todos los niveles, que el transporte público sea gratuito.”

Open Democracy agrega:

“El supuesto ‘milagro económico’ de Chile, que recibió su nombre por el economista estadounidense Milton Friedman, fue un conjunto de medidas económicas liberalizadoras puestas en marcha durante la dictadura de Pinochet, que impuso un mercado libre en el país […] Este sistema económico […] ha beneficiado a las elites económicas, a la vez que ha creado desigualdad y sufrimiento para la mayoría. […]

Cansados de las políticas económicas del gobierno, los estudiantes y los ciudadanos salieron hacia las calles de Chile, para protestar contra el aumento en el precio de la tarifa del metro, pero, en realidad, ese era sólo la punta del iceberg. De hecho, están protestando contra muchos otros temas sociales.”

Y el Centre for Research on Globalization de Canadá alega que:

“El neoliberalismo es todo acerca de servir a los intereses privilegiados a expensas de la gente ordinaria, explotándola de forma que los ricos y poderosos puedan beneficiarse.

Es acerca del dominio sobre la democracia, de las ganancias por encima del populismo y de los intereses privados por encima del bienestar público ̶ un juego de suma cero que beneficia a los intereses monetarios sobre todos los otros, sociedades convertidas en inseguras e inadaptadas para vivir por la agente ordinaria. […]

Las autoridades gobernantes y los negocios se asocian en su interés propio, a expensas de los derechos y el bienestar de la gente de la clase trabajadora […]

Durante las últimas dos semanas, miles de chilenos han estado protestando contra la «dureza neoliberal explotadora», la desigualdad y una corrupción arraigada.

Es muy difícil para una persona de afuera juzgar el estado de ánimo político en un país extranjero, así que ni siquiera intentaré especular acerca de que motiva “realmente” a quienes protestan en Chile. Pero, simplemente, tomemos esos alegatos por su valor facial. ¿Es Chile realmente el infierno neoliberal de la imaginación de la izquierda?

Es cierto que, bajo influencia de los Chicago Boys, la economía chilena fue liberalizada sustancialmente. Es también cierto que, después del retorno de la democracia, ese legado no sólo fue mantenido, sino que se profundizó aún más.

En 1975, cuando la junta militar empezó a promover a los Chicago Boys a las posiciones más elevadas, la calificación de Libertad Económica para Chile era de 3.5 (en una escala de 0 a 10). Para 1990, había aumentado a 6.7 y, hoy, es de 7.9. Eso hace de Chile la economía más libre de la región, si bien, globalmente, no forma parte de las 10 superiores. En comparación, Venezuela, que solía ser ejemplo modélico de la izquierda hasta hace unos pocos años, vio su calificación de Libertad Económica descender desde un 6.1 en 1975 a un 2.6 en la actualidad (la mayor parte de esa declinación se presentó durante los años de Chávez/Maduro).

Desde aquel entonces, el PIB real per cápita de Chile se ha cuadruplicado, mientras que el de Venezuela ha caído en más de la mitad. Puesto de otra forma, en 1975 Venezuela era tres veces más rica que Chile. Hoy, es casi totalmente a la inversa.

Esto es, principalmente, resultado de cambios en la productividad, en vez de, digamos, que los chilenos trabajan durante más horas o hasta años más tarde en sus vidas. La productividad de la mano de obra chilena se ha más que triplicado desde 1975, mientras que, en la Venezuela del 2006, era un 17% inferior de su nivel de 1975. Misericordiosamente, su serie de tiempo se detiene aquí.

Pero, estos son sólo datos macro. ¿Qué significa todo esto para la gente que vive en esos lugares?

En Chile, la esperanza de vida promedio ha aumentado 14 años desde 1975, pasando de 66 a 80 años. También aumentó en Venezuela, pero no en ese tanto. En 1975, el venezolano promedio vivía un año más que el chileno promedio. Hoy, el chileno promedio vive cinco años más que el venezolano promedio.

En Chile, la mortalidad infantil ha caído en casi un 90% desde 1975, desde 54 por cada 1000 nacimientos vivos, a 6 en la actualidad. En Venezuela, se redujo sólo en un 40%, pasando de 42 por cada 1000 nacimientos vivos a 26. Puesto de otra forma, en 1975, un venezolano recién nacido tenía una mayor probabilidad de sobrevivir su primer año, que un chileno recién nacido. Hoy, un venezolano recién nacido tiene una posibilidad cuatro veces mayor de que muera antes de su primer cumpleaños, que un chileno recién nacido.

En 1975, alrededor de cuatro de cada diez niños chilenos, y seis de cada diez niños venezolanos, no tenían una educación secundaria. En Chile, hoy la educación secundaria es universal. En Venezuela, todavía hay alrededor de uno de cada diez niños que no la obtienen.

El único indicador en el que Venezuela se ha puesto al día es en alfabetismo, sin embargo, eso se debe simplemente a que el alfabetismo ya era bastante elevado en la década de 1970 y, desde ese entonces, ambos han llegado tan cerca como realísticamente puede ser de un alfabetismo universal.

Para la mayoría de otros indicadores, no se tienen series de tiempo a largo plazo que cubran todo el período desde 1975 a hoy. Pero, tenemos algo para irla pasando.

Si usamos una línea de pobreza de $3.10 diarios (en términos de su poder adquisitivo), entonces, en 1987, el 22% de los chilenos vivía en pobreza, en comparación con el 10% de los venezolanos. Para el 2006, la tasa de pobreza de Chile había caído a un 5%, mientras que en Venezuela había aumentado a 15%. Esto era en el momento del auge en el precio del petróleo del país: para ellos, esos fueron sus días buenos. De nuevo, la serie de tiempo se detiene aquí, pero, tengo un presentimiento de qué es lo que ha pasado desde ese entonces.
En Chile, el número de personas sin acceso a la electricidad cayó de un millón en 1990 a virtualmente cero en la actualidad. También cayó en Venezuela, pero aún 125.000 personas viven sin ella y eso es sin considerar sus ahora constantes apagones.

El Índice de Calidad y Acceso al Cuidado de la Salud es una estimación del número de muertes prematuras, que podían haberse evitado por medio de un mejor cuidado de la salud. Se especifica de forma que un país en donde todo mundo puede tener acceso a un cuidado de punta de la salud, tendría una calificación de 100 y, un país en donde nadie puede tener un cuido decente de la salud, obtendría una calificación de 0. Un país que ofrece un buen cuidado de la salud, pero sólo para los ricos, no va a obtener una calificación alta, ni tampoco un país en donde el cuido de la salud es universal, pero universalmente malo. Chile calificó con un 59 en 1990 y hoy obtiene un 78, lo cual significa que está en línea con un país típico del Este de Europa. Venezuela antes tenía un 53 y hoy obtiene un 68.

El Índice de Desarrollo Humano fue aproximadamente el mismo en ambos países en 1980, cuando en Chile fue de 0.64 y de 0.63 en Venezuela. Pronto divergieron, cuando Chile tuvo grandes avances, mientras que Venezuela fue lento en su seguimiento. En la actualidad, es de 0.84 en Chile y de 0.76 en Venezuela.

La tasa de mortalidad materna de Chile ya en 1990 era menor (57 de cada 100.000), que la de Venezuela (94 de cada 100.000). Pero, desde ese entonces, la tasa chilena ha continuado descendiendo, mientras que la de Venezuela se ha estancado. Esta última es ahora más de cuatro veces más alta que la primera.

Es cierto que Chile es un país desigual. Pero, ese no es exactamente un fenómeno nuevo y la desigualdad se ha reducido con el paso del tiempo, si bien desde un nivel alto. A fines de los años ochenta, el coeficiente de Gini estuvo en 0.55 (en una escala de 0 a 1). Hoy, al ser de 0.43, es, más o menos, el mismo nivel de Venezuela en el 2006 (cuando se acabó su serie de tiempo).

Si la historia de Chile, de una liberalización relativa, es una historia tan exitosa ̶ ¿no es sorprendente que permanezca siendo tan impopular?
En lo absoluto ̶ a menos que usted compre el supuesto ingenuo de que las ideas populares son populares porque ellas “funcionan,” mientras que las ideas impopulares son impopulares porque ellas “no funcionan.”

Pero, si así lo fuera, el mundo sería un lugar muy diferente. Hay una lista larga de políticas que han fallado multiplicidad de veces, en muchas diferentes versiones y, a pesar de ello, permanecen siendo inmensamente populares. Ello se debe a que, como correctamente lo apunta Ed West,

“las mejores ideas no necesariamente triunfan; lo que importa es cuánto prestigio tienen esas ideas, en qué grado se les asocia con gente de estatus alto y cuánta influencia social informativa tienen sus creyentes.”


 

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Kristian Niemietz

encabeza la sección de Salud y Bienestar del Institute of Economic Affairs de Londres.

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