El mundo entero está mejorando y rápidamente. ¡Alégrese!

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“En el tiempo que a usted le toma leer el primer capítulo, más de 2.000 personas se habrán escapado de la pobreza.” Así se lee en una promoción en la contratapa del libro de Johan Norberg, Progress: Ten Reasons to Look Forward to the Future (London. Oneworld, 2016) [Progreso: 10 Razones para Mirar al Futuro con Optimismo, Madrid: Deusto: a la venta en octubre del 2017]. Este libro está a la altura de la publicidad que se le ha hecho. En diez capítulos, que tratan de temas como alimentación, esperanza de vida, violencia, pobreza, medio ambiente, escolaridad y libertad, Norberg, colega sénior del Instituto Cato en Washington, D.C., y del Centro Europeo para la Economía Política Internacional en Bruselas, documenta convincentemente que el mundo ha mejorado bastante durante los dos últimos siglos e incluso durante las últimas pocas décadas.

Norberg narra una historia poderosa al juntar anécdotas y estadísticas, nunca aburriendo al lector -al menos nunca aburriendo a este lector- y contándonos hechos importantes que la mayoría de nosotros nunca había escuchado con anterioridad. Aunque sabía que se había presentado un progreso sustancial en casi cada uno de los temas que Norberg analiza, lo que me sorprendió fue la magnitud (grande) y la velocidad (rápida) del progreso. Y, como lector de notas al pie de las páginas, puedo afirmar que él respalda virtualmente todas sus aseveraciones con investigaciones publicadas y con datos. El famoso profesor de psicología de la Universidad de Harvard, Steven Pinker, autor de su propio libro pionero, The Better Angels of Our Nature, califica a Progress como “excitante.” Estoy de acuerdo.
ALIMENTACIÓN

Consideren los alimentos. Norberg señala que a mitad del siglo XVIII, el consumo de calorías per cápita en Francia e Inglaterra fue una cifra baja, de entre 1.700 a 2.200 calorías al día. Para 1850, había aumentado entre 2.500 y 2.800. En 1950, eran 3.000. Suecia, en donde vive Norberg, “fue declarada libre de hambre crónica a principios del siglo XX.”

¿Por qué se dio ese progreso en la primera mitad del siglo XX? Norberg identifica dos factores principales, en donde ambos resultaron de economías relativamente libres. El primero fue el fertilizante. El proceso Haber-Bosch, llamado así por dos químicos que trabajaban para la compañía alemana de químicos BASF, permitió que la compañía sintetizara el amoniaco, un ingrediente importante de los fertilizantes, en una escala industrial, lo que permitió que su costo se abaratara. También fue crucial la maquinaria agrícola. Escribe Norberg, “Hace ciento cincuenta años, tomaba veintiún hombres todo un día para cosechar y trillar una tonelada de grano.” Pero con una cosechadora moderna, una persona podía hacer eso en -¿está listo?- seis minutos. Esto es, así lo hace notar, un incremento de 2.500 veces en la productividad.

Otra fuente del enorme progreso en la oferta de alimentos provino del famoso agrónomo estadounidense, Norman Borlaug. Trabajando con agricultores mexicanos para la privadamente financiada Fundación Rockefeller, Borlaug desarrolló una variedad de trigo de algo rendimiento “que era resistente a los parásitos y no era sensible a las horas de sol.” El nuevo trigo se expandió rápidamente por México, con el resultado de que, en 1963, “la cosecha fue seis veces más grande que la de 1944.” Yo contacté a Norberg para ver si lo que quería él decir es que era tan grande como seis veces, lo cual la haría cinco veces mayor. Así fue.

No contento con ayudar sólo a los mexicanos, Borlaug trató de exportar 35 camiones cargados de semillas de trigo de alto rendimiento desde México a Los Ángeles, para que ser enviados a India y a Pakistán. La policía mexicana y el gobierno de los Estados Unidos trataron de frenar los envíos, debido a una prohibición de los Estados Unidos para importar las semillas. Pero, Borlaug persistió, hizo llegar las semillas a Los Ángeles y luego las envió a Asia. Escribe Norberg, “Hoy día, ellos [India y Pakistán] producen siete veces [Nota de David R. Henderson: en la realidad seis veces] más trigo de lo logrado en 1965.” Por encima de sus contribuciones científicas, Borlaug contribuyó a que hubiera mercados más libres. Norberg expone que Borlaug “persuadió a muchos gobiernos para que a sus agricultores se les pagaran precios de mercado mundial, en vez de obligarlos a vender a un precio fijo, bajo.”

Alrededor del mundo, está aumentado la nutrición y disminuyendo el hambre. Norberg cita una estimación proveniente de la Organización para la Agricultura y los Alimentos de las Naciones Unidas (FAO), que en los últimos 25 años alrededor de 2 miles de millones de personas han sido liberadas del hambre. Y la tasa de progreso durante ese período también ha crecido. Asimismo, han disminuido la frecuencia y la severidad de las hambrunas.

Hay algunas malas noticias. Algunos medioambientalistas “han presionado a las grandes fundaciones y al Banco Mundial para que retrocedan en la introducción de la Revolución Verde” en África. Esto es, obviamente, adonde más se necesita.
ESPERANZA DE VIDA

Otra mejoría dramática se ha dado en la esperanza de vida. Norberg cuenta historias de horror de las vidas repugnantes, salvajes y cortas que la mayoría de la gente alrededor del mundo vivió antes de 1800. En el año 1800, la esperanza de vida alrededor del mundo era de más o menos 30 años. Incluso en 1900, era de 31, debido a que la esperanza de vida en Asia y África mantuvo el promedio a niveles muy bajos. Hoy es de alrededor de 70.

Una parte enorme de esa ganancia se debe a la declinación de la mortalidad infantil. Norberg señala que, entre 1860 y hoy, la tasa de muerte de niños menores de cinco nacidos en países de ingresos bajos y medios, cayó de 232 por cada 1.000 nacimientos vivos, a sólo 47. La salud ha mejorado notablemente en esos países. Entre el 2000 y el 2015, las tasas de muerte por malaria se han reducido a la mitad. Un factor en la declinación en muertes por malaria son las redes mosquiteras tratadas con insecticidas. Norberg escribe que en África, “[l]a población que duerme bajo redes mosquiteras se ha incrementado de menos de un dos por ciento, a alrededor de un cincuenta y cinco por ciento.” Desafortunadamente, no brinda datos de las fechas en que esto ha sucedido, pero parece, dentro del contexto, que ha sido en la última década o en las últimas dos.

El progreso también ha sido enorme en los países más ricos. Consideren la polio. A mi padre, en Canadá, le dio polio en 1943 y mi hermana lo sufrió en 1952. No obstante, la polio ha sido casi inexistente en los países más ricos y casi que ha desparecido en los países más pobres. La Organización Mundial de la Salud (OMS), la UNICEF y la Fundación Rotaria impulsaron una campaña global de vacunación hace algunos años. En 1988, el número anual de casos de polio fue de 350.000. El número más reciente que reporta Norberg -presumiblemente desde el 2015- fue de 416.

Incluso la incidencia de cáncer en los Estados Unidos ha declinado, si bien lentamente, en cerca de un 0.6% anual desde 1994. Escribe Norberg, “Las tasas de muertes por cáncer han descendido en un veintidós por ciento en las últimas dos décadas.”

Una valiosa pieza de noticias es alguna evidencia de si la esperanza de vida se está aproximando a un límite. Dos investigadores, examinando los límites específicos alegados por “expertos,” encontraron que esos límites se habían roto, en promedio, sólo cinco años después de que tales límites se habían publicado.

Uno de los factores para tener una esperanza de vida más alta es una violencia que se reduce, tópico al que Norberg le dedica un capítulo completo. Basado en mucho en el libro antes mencionado de Pinker, The Better Angels of Our Nature, Norberg muestra que la violencia cara a cara y la violencia de los gobiernos contra las personas en otros países, han declinado considerablemente a lo largo de los siglos. Una estadística impactante es la tasa de homicidios en Europa, que cayó de un enorme 19 por cada 100.000 personas en el siglo XVI a 3.2 en el siglo XVIII a cerca de uno en la actualidad.

Norberg inicia el capítulo acerca de la violencia, con una cita del famoso académico del derecho, Sir Henry Maine: “La guerra parece ser tan vieja como la humanidad, pero la paz es una invención moderna.” Los datos parecen respaldarlo. En los siglos XVI y XVII, algunos de los países más grandes y poderosos estuvieron en guerra en más del 75 por ciento del tiempo. Desde 1950 tan sólo se ha presentado una de tales guerras -entre los Estados Unidos y China en Corea- y, aunque sangrienta, sólo duró tres años.
POBREZA

La pobreza, después de declinar dramáticamente en los países más ricos en el siglo XX, también en años recientes ha declinado alrededor del mundo. En el Seminario de las Naciones Unidas sobre el Milenio en el año 2000, los representantes de los gobiernos del mundo “se propusieron una meta de disminuir a la mitad la incidencia de pobreza en 1990, para el año 2015.” De hecho, este objetivo fue logrado en el 2010. Aun cuando la población del mundo creció en más de dos mil millones entre 1990 y el 2015, el número de personas en pobreza extrema cayó en un poco más de 1.25 miles de millones. “Entre el 2000 y el 2011,” escribe Norberg, “noventa por ciento de los países en desarrollo han crecido más rápidamente que los Estados Unidos y lo han logrado, en promedio, en un tres por ciento anual.” Para el 2012, los países en desarrollo estaban produciendo más de la mitad de la producción del mundo. ¿Cuáles fueron las causas de ello? Entre ellas una mejor tecnología, mercados más libres en los países más pobres y un comercio más libre. Relacionado con el incremento en el porcentaje de la producción producida por las economías más pobres, en este siglo se ha reducido ligeramente la desigualdad mundial del ingreso.

MEDIO AMBIENTE Y APRENDIZAJE

¿Está cansado por las buenas noticias? Entonces, no continúe leyendo. Incluso al medio ambiente le está yendo bien. La cantidad de petróleo derramada en el océano entre el 2000 y el 2014 fue de 257.000 toneladas. Esto suena como mucho -es grande- pero esa fue la cantidad que se derramó en cada añode la década de 1970. La contaminación del aire en los países más ricos es mucho menor de la que solía ser. Norberg narra la horrible contaminación en Londres en 1952, la cual mató a tantos como 12.000 personas. Al quemarse menos carbón para calentarse, eso ya no pasa más en Londres. Es más, la mejoría se presenta globalmente. De 178 países cuyo progreso medioambiental se mide en el Índice de Desempeño Medioambiental, 172 mejoraron entre el 2004 y 2014. Gran parte de la razón es que la calidad medioambiental es algo que los economistas denominan como “bien normal.” Al aumentar el ingreso real de la persona, la gente quiere tener un mejor medio ambiente. Y eso lo logran parcialmente con leyes y regulaciones y parcialmente con sus propios cambios voluntarios en el comportamiento.

El alfabetismo se ha disparado. La tasa global de alfabetismo, que era de sólo un 21 por ciento en 1900, se incrementó a un 40 por ciento para 1950 y a un 86 por ciento en el 2015. La educación gubernamental probablemente debería recibir cierto crédito por ello –pero no todo el crédito e incluso no a la mayor parte de ese crédito. La forma de saber quién debería recibir todo el crédito es ver los que los padres, incluyendo a los padres pobres, hacen cuando los gobiernos no ofrecen buenas escuelas. Norberg menciona la aseveración de Kaushik Basu, un consejero del gobierno indio, que “la mayoría del rápido incremento de la tasa de alfabetización de India es resultado de los padres que han decidió gastar más directamente en la educación de sus hijos.”

LIBERTAD

Y, ¿qué hay con la libertad? Ciertamente ha disminuido. Mi punto de vista es que, como un todo, los estadounidenses son menos libres de cómo eran, digamos, a fines de la década de 1980. Sí, uno puede señalar que los gais se pueden casar, lo cual es un enorme incremento de la libertad para ellos. Con el acuerdo comercial conocido como NAFTA, y otros acuerdos comerciales, el comercio entre los Estados Unidos y el resto del mundo es más libre; eso representa un incremento en la libertad para virtualmente todos los estadounidenses. No obstante, tenemos menos libertad para viajar que como la teníamos antes del 11 de setiembre. Cuando queremos tomar un vuelo comercial, a menudo tenemos que sujetarnos a fotografías de rayos equis o dejar que extraños nos toqueteen. También, el gobierno federal ha hecho mucho más difícil que podamos hacer cosas simples, tales como abrir una cuenta corriente. Podría señalar muchas otras restricciones como esas, que son relativamente nuevas.

No obstante, incluso aquí, hay buenas noticias para el mundo. En todo éste, la libertad se ha incrementado enormemente. El incremento obvio se presenta en la antigua Unión Soviética, que ha desmantelado al comunismo, y en China, la cual, si bien oficialmente comunista, tiene mucha más libertad que la que tenía en la década de los ochenta. Según el reporte anual del Instituto Fraser, Economic Freedom of the World [Índice de Libertad Económica en el Mundo], la libertad en todo el mundo promedió un 5.3 con base en una escala de diez puntos en 1980 y actualmente es de 6.9. Norberg señala qué tan impactante es la mejoría: “Si el promedio global de 1980 apareciera como un país en la actualidad, sería la economía número 150 más libre en el mundo, a partir de las 157 que fueron medidas, apenas por detrás de Zimbabwe.”

En resumen, el mundo es maravilloso. Hay muchas razones para pensar que será aún más maravilloso. Con el límite de esperanza de vida elevándose regularmente, espero estar en ese momento para poder verlo.


Traducción por Jorge Corrales.

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