El mito de la palabra fascismo

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Como el arte imita la vida, la ignorancia realmente retiene el progreso. Y la palabra “fascismo” cae como un guante a esa introducción. En el Houaiss, el fascismo es dado como un sustantivo masculino que representa un movimiento o régimen político y filosófico que se basa en el despotismo, en la violencia, en la censura para suprimir la oposición, caracterizado por un gobierno antidemocrático o dictatorial.

Siguiendo el pensamiento del columnista Rodrigo da Silva, el fascismo es, probablemente, uno de los conceptos más repetidos y poco o nada comprendidos en la historia de los diccionarios políticos. Si, por casualidad, alguien que me lee en ese momento no le gusta lo que está leyendo, muy posiblemente seré gravado de fascista. George Orwell condenaba el fascismo a una palabra casi completamente sin sentido y que cualquier inglés aceptaría “matón” como sinónimo. Stanley Payne, reconocido historiador del fascismo, sentencia que “el fascismo sigue siendo, probablemente, el más vago de los términos políticos más importantes”

Hoy, los mayores fascistas brasileños son, sin duda, el juez Sérgio Moro, el gobernador João Dória, y, principalmente, el capitán Jair Bosonaro. La Lava Jato y el MBL son, irremediablemente, brazos fuertes del fascismo. Resumiendo, el fascismo es una especie de insulto político a cualquier figura opositora a los ideales de izquierda.

Prefiero quedar,e con el concepto de Mrs. Albright de que esa doctrina, nacida en Italia en los años 1922, se caracteriza por la violencia de líderes contra los ideales individuales y la necesidad del total control y aparición del estado. 

Fascismo es no tener hospitales y el pueblo muriendo en filas de los hospitales. Fascismo es no tener escuelas y educación básica de calidad. Fascismo es no tener seguridad. Fascismo es el desempleo. Fascismo es la ideología de género en las escuelas para niños de corta edad. Fascismo es la utilización del “kit gay” como forma de educación sexual en la enseñanza fundamental. Fascismo son artistas, otros tantos intelectuales y gran parte de la prensa aplaudiendo y apoyando a un partido que nos saqueó dinero, honor y esperanza. Fascismo es un presidiario dictando reglas de dentro de la cárcel con la complacencia de uno de los más importantes poderes de la república. Fascismo es desarmar al pueblo y dejarlo vulnerable en su legítima defensa. Fascismo es la corrupción.

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