El Estado no defiende a los niños

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¿Alguien quiere pensar en los niños?

Es curioso como una simple frase humorística de una serie norteamericana como los Simpson marque una cruel y descarnada verdad con respecto a un tema de actualidad como la adopción entre parejas del mismo sexo. Es el típico pretexto legitimador de los políticos de todos los talantes para seguir manteniendo el mismo control del Estado en un tema tan delicado como la infancia. La izquierda usa el tema descaradamente como justificación de la necesidad del Estado en el monopolio de la adopción. La derecha, a decir verdad. buscan réditos electorales enarbolando los principios conservadores (loables y justificables), sin embargo, la realidad es más compleja de lo que parece y no solo se restringe a los temas de la adopción, sino a todos los temas de la protección y amparo de los niños en situación de vulnerabilidad. Un tema muy espinoso, a decir verdad, entre muchos libertarios los cuales toman posiciones demasiado crudas y a veces, vistas desde la perspectiva de los individuos promedio, crueles. Pero la realidad es aún más cruel que las propias entelequias que justifican la necesidad del rol del Estado en la atención de la primera infancia.

Los niños en la visión del derecho natural

Murray Rothbard sostenía que la responsabilidad de los padres y tutores frente a sus hijos o protegidos son voluntarias, en otros términos, no hay sentido de obligación propia en pretender tutelar o cuidar a un niño. Se puede optar por el abandono o la renuncia de tal responsabilidad, y aunque ello sea tema de controversia esto no interfiere en nada en la posición del libertarismo con respecto a la infancia. Muchos objetan la posición Rothbardiana diciendo que es demasiado cruda e insensible, pero a la luz de los hechos no interfiere en ninguno de los tres principios fundamentales del libertarismo que son la vida, la defensa de la propiedad y la libertad del individuo.

Otros autores consideran que hay un sentido implícito de responsabilidad de los padres hacia sus hijos solo hasta cierto punto, (hasta la razonable mayoría de edad, cosa que varía en cada sociedad) y  unos deberes implícitos de los padres o tutores hacia sus hijos y/o protegidos en cuanto a la manutención, protección y defensa de los derechos naturales de los mismos (derivado de la tesis iusnaturalista la defensa de los derechos de propiedad de sus hijos, la defensa de la vida y la defensa de la libertad personal de los niños en este caso particular). Todas estas obligaciones derivadas se contraen justo cuando se asume la responsabilidad, a saber, cuando empieza la vida del infante desde su concepción (la visión pro-vida de muchos libertarios confluye en este asunto especial) o incluso desde el nacimiento mismo.

¿Se puede optar por el abandono o renuncia a esta obligación? Sí, pero ello también estaría implicando anular la capacidad del infante de decidir (pues el niño recién nacido o no-nato no tiene la capacidad de decisión totalmente desarrollada y depende fuertemente de sus padres hasta que pueda valerse por sí mismo). Aun estos temas y consideraciones son demasiado controvertidas en muchos casos, y generan demasiados choques entre muchos libertarios sobre cómo y de qué manera debe ser tratado el asunto de la protección de la infancia desde una óptica libertaria y del derecho natural.

Adopción, estado e iniciativa privada

El segundo punto a tratar es más sencillo que el primero, a la luz del libertarismo. El tema de la adopción y tutelaje.

La actualidad colombiana ha visto como ha ascendido el tema de la adopción entre parejas del mismo sexo con una gran controversia entre manos, llegando al alcance de incluso buscar la prohibición de la adopción por parte de personas solteras, separadas o en estado de viudez. Una iniciativa de referendo cursada por Vivian Morales, senadora por el partido liberal (vaya ironía), y su esposo, el exsenador de la república, ex militante del M19 y pastor Carlos Alonso Lucio pretendía abrir una consulta popular en la cual se preguntaba si se debía permitir la adopción para parejas homosexuales y personas solas. Todo el tema ha girado al respecto, y solo restringido a una sola visión de las cosas: al rol del Estado en la definición misma de quienes son aptos para poder tutelar o adoptar niños en situación de desamparo. Y en algo, todos los libertarios bien sean conservadores, bien sean progresistas (en el sentido de adherirse a muchas iniciativas que van en concordancia a los principios ideológicos progresistas del establecimiento) coinciden en el tema de que el Estado debe dejar de interferir en el tema.

Y entonces, entramos en una controversia que es poco menos que tabú: Dejar que el mercado se haga cargo de los niños.

Todos hemos sabido el drama que representa el abandono de un niño, pero pocos lo han experimentado en carne propia. La orfandad ha sido una situación de desamparo bastante dramática, y en ello no hay que desmeritar el rol de las instituciones religiosas en la protección de la infancia en este aspecto. Ha sido una labor histórica muy virtuosa , muchas comunidades religiosas han manejado hospicios, orfanatos y casas de protección de menores durante siglos, especialmente en Europa. Las guerras, los conflictos, los desastres naturales, han dejado a niños en situaciones de orfandad total. Pero con la aparición del Estado de bienestar, nace la “obligación” del Estado de proteger el interés “superior” y los “derechos del niño”, cosa derivada del positivismo legal basado en dádivas y gracias del Estado hacia los ciudadanos.

El Estado comenzó a tomar ese rol de protección confiscando y apropiándose de las instituciones de beneficencia de la iglesia en muchos casos, o creando sus propias instituciones. En varios casos particulares, hubo una colusión o colaboración de intereses entre las instituciones eclesiásticas y estatales, en las cuales el Estado entregó a la iglesia la protección de la infancia (véase Irlanda). Sin embargo, avanzando el tiempo, las instituciones privadas de protección de menores comenzaron a surgir por su propia cuenta, y en muchos casos no eran manejadas por la iglesia misma, la Inglaterra victoriana es ejemplo de esto: hospicios y orfanatos manejados de manera privada por matronas, las cuales mantenían a huérfanos totales, manejando los mismos de manera precaria con constantes abusos y maltratos (ejemplo fiel de esto es Oliver Twist, el inmortal clásico literario de Charles Dickens que es una denuncia muy descarnada de estos orfanatos). no obstante, hay que decirlo: los inicios no son fáciles.

Las instituciones privadas de beneficencia y protección de menores, o mejor dicho, los orfanatos gestionados de manera privada, han mejorado en cuanto a trato y condiciones. No podrían reemplazar el afecto de una familia establecida (indiferente del modelo, bien sea monoparental, tradicional, homoparental) pero al menos pueden garantizar un mínimo de condiciones de protección de la vida del infante desamparado y le pueden proporcionar las herramientas necesarias para que salga por sí mismo adelante. Lo ideal sería que se pudiera proporcionar a estos niños una familia, pero ahí está el fundamento del asunto: el rol del Estado con respecto a las trabas que interfieren en la adopción (indiferente de la orientación sexual o estado marital del solicitante de la misma).

Llewelyn Rockwell lo dice de manera cruda, pero cierta. Mercado de niños. Muchos dirán que es inmoral ofrecer niños a la venta como se cree y presume en la imaginación poco menos que perturbada de muchas personas que confían de una manera demasiado delirante en la necesidad del Estado en cuanto a la garantía de la protección de los menores. Vender y comprar niños sonaría horrible, pero puede definirse como una solución práctica para poder facilitar el acceso de los niños en situación de desamparo a unos padres o tutores que puedan garantizarle una vida digna, defender sus libertades, y así mismo darle las herramientas para que pueda valerse por sí mismo en la vida y acceder a su derecho de propiedad sobre sus propios bienes o los bienes que puedan heredar, y como se ha dicho de manera previa, indiferente de la orientación o la situación marital del adoptante o los adoptantes.

Tomando como pretexto la protección de los menores, el Estado pide mil y un requisitos a los solicitantes y esto aún aumenta más la situación de vulnerabilidad. Los controles pueden ejercerse de manera privada y bajo los requerimientos de cada agencia privada de adopciones o instituciones de protección de menores privada. En este caso el arbitrio de adoptabilidad sería privativo de cada institución: algunas optarán por solo permitir adopción a parejas heterosexuales, algunas tendrían un espectro más amplio, total, la sociedad en sí misma solucionaría el debate de la adopción de una manera bastante diplomática sin interferir con las libertades individuales de todos, y tampoco interfiriendo en el desarrollo de los niños.

Infancia e instituciones estatales: una combinación perversa.

Ahondando en el tema de actualidad de la adopción ahora entramos a otro tema que está enlazado tanto a este asunto como a uno más amplio como lo es la protección de los menores en situación de desamparo o vulnerabilidad (y no solo en situaciones de orfandad). Son bastante dolorosos y dramáticos los casos de niños abusados sexualmente, maltratados, incluso asesinados de manera sádica y perversa por enfermos mentales y psicópatas que sacian sus instintos de una manera cruel y ruin. Otros, en donde la negligencia destaca a la vista. Nombres como José Luis Rodríguez Tapiero, asesinado por su padre, Yuliana Samboní, abusada sexualmente, torturada y asesinada por un sádico enfermo mental, los incontables niños que han muerto de hambre en la Guajira y puedo dar cuenta de más casos, pero en todos se confluye en el rol mismo del Estado como “protector de la infancia”. A simple vista todo este cruel drama de abusos, de violencia, de asesinatos, de violación de uno de los principios fundamentales del libertarismo como lo es la defensa de la vida, para un libertario debe de representar una de las facetas más oscuras y perversas del Estado, que se muestra como un monstruo totalitario que se ceba en la sangre de niños desamparados. Con todo, nuestros políticos toman como pretexto toda esta violencia, toda esta perversidad cruel para justificar la necesidad del rol del Estado para “garantizar” y “proteger” a los niños de las garras crueles de los monstruos existentes en la sociedad. Es la perversa ironía: el monstruo se presenta como un amable defensor de los niños, pero no por ello deja de ser un monstruo con sed e instintos asesinos. El actuar del Estado en muchas situaciones de este talante ha sido cuestionado, especialmente por parte del ICBF (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, institución protectora de la infancia en el país). Y no hay que decir mucho que la corrupción ha sido la constante en la misma: muchos ya habrán olvidado el aberrante caso en el cual se usaba Bienestarina para los niños pobres (un suplemento nutricional) como alimento de engorde para cerdos. Y así varios casos de corrupción, abusos y otras situaciones que ponen en entredicho el rol del ICBF en cuanto al manejo del tema de la adopción (el caso de los huérfanos de Armero es emblemático) y el tráfico de menores. El tema, en particular en el caso colombiano, da para mucha tela que cortar.

conclusiones

Como una conclusión a este asunto, salta a la vista que el Estado ejerce muchos roles, pero no el de protector de la infancia. Y ejemplos saltan a la vista, no solo en Colombia sino en otros países en donde se puede poner en entredicho la acción del Estado en la protección de la infancia. Al final, los niños no deberían de ser usados como pretexto para seguir ensanchando el poder del Estado en la capacidad de los individuos de decidir libremente si adoptan, conforman una familia o deciden amparar a un niño en situación de abandono. Esa, a la larga, también es otra forma de crueldad.


 

 

 

Editor y colaborador Mises Colombia | + posts

"Historiador autodidacta, bloguero, colaborador y miembro fundador de Mises Colombia. Suele ser critico con los nuevos movimientos progresistas, anarcocapitalista por convicción pero realista politicamente, tiene afinidad por el conservadurismo pero reconoce que hay que dar un viraje al mismo en America Latina. Actualmente cursa gastronomía en la Universidad Santiago de Cali y hace parte del grupo de investigación en administración de la facultad de ciencias económicas y administrativas de esta misma universidad"

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