El comunismo ha fracasado miserablemente

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A pesar de todos sus sueños por abolir las clases, el comunismo terminó en sociedades altamente estratificadas.

Recientemente llegó a mis manos una carta que el ministro de justicia de Estonia, Urmas Reinsalu, le envió a su contraparte griega, Stavros Kontonis. La carta fue provocada al rehusarse el político griego a asistir a una conferencia acerca de los crímenes del comunismo que Reinsalu había organizado y ante la observación del ministro griego de que el gobierno comunista había tenido “aspectos positivos.”

Después de darle las gracias a Kontonis, un diputado comunista de la isla de Zákinthos, por responderle a la invitación, la carta de Reinsalu relata los crímenes del comunismo, especialmente aquellos cometidos por los soviéticos en Estonia.

Él le hace notar que, como ministros de justicia, los dos comparten una obligación de defender los derechos humanos y afirma que “no hay diferencia para una víctima si es asesinada en nombre de un mejor futuro para la raza aria o porque pertenece a una clase social que no tiene lugar en una sociedad comunista.” En el tanto en que estoy de acuerdo con mucho de lo que dice la carta de Reinsalu y que asumo que convencerá a muchas personas, me pregunto si ese tipo de argumentos son convincentes para comunistas auto-declarados como Stavros Kontonis.

Por ejemplo, ¿por qué debería esperar Reinsalu que un comunista estuviera de acuerdo con que los capitalistas deberían tener los mismos derechos que todos los demás? Una parte central del pensamiento marxista señala que los capitalistas son opresores parasitarios de la clase trabajadora y, como tales, la causa principal de los problemas sociales. Por lo tanto, su misma existencia es incompatible con los ideales de una sociedad comunista.

¿CÓMO PODEMOS EVALUAR A SISTEMAS DIFERENTES?

Lenin, quien fue el primer hombre en tener éxito en poner en práctica las ideas de Marx, vio con claridad la necesidad de exterminar a los enemigos del comunismo. Los revolucionarios franceses, escribió acerca de los Communards en 1908, eran culpables de una generosidad excesiva. Ellos debían haber “exterminado” a sus enemigos. En “Lessons of the Commune” [“Enseñanzas de la Comuna”], se comprometió a “limpiar el suelo ruso de los insectos dañinos, de pulgas canallas, de chiches.” Dos décadas después, Hitler se haría eco de estos sentimientos en Mein Kampf [Mi Lucha].

Como libertario que soy, aborrezco la violencia y pongo un alto valor a la libertad. Es más, habiendo pasado mi infancia en la Checoeslovaquia ocupada por los soviéticos, instintivamente soy impulsado hacia el campo de Reinsalu. Desafortunadamente, evaluar al comunismo desde preceptos liberales, como lo hace Reinsalu, es insuficiente, porque la ética individual difiere. El historiador marxista británico Eric Hobsbawn era atraído por la igualdad. Él pensó que la muerte de 20 millones de personas en busca de una sociedad sin clases, era un precio que valía la pena pagar. Puesto de otra forma, discutir acerca del comunismo a partir de principios primordiales, no nos lleva muy lejos.

Para complicar aún más a los asuntos, es difícil pensar de algún sistema político y económico que no haya tenido, en palabras del ministro de justicia griego, algunos “aspectos positivos.” Por ejemplo, el imperialismo europeo introdujo tecnologías modernas y medicina al África Sub-Sahariana. Al fascismo italiano a menudo se le acredita con hacer que los trenes llegaran a tiempo. Los nacional-socialistas alemanes se enfrentaron al elevado desempleo y construyeron autopistas fabulosas. El comunismo soviético industrializó a una sociedad de campesinos.
Para ser transparente como un cristal, no sugiero que los “aspectos positivos” del imperialismo, del fascismo, del nacional-socialismo y del comunismo, justifican el sufrimiento humano. Simplemente reconozco que existen tales “aspectos positivos.”

Así que, de nuevo, ¿cómo evaluamos los sistemas políticos y económicos, en ausencia de un acuerdo acerca de los principios que deberían respaldar una sociedad humana ideal? No estoy seguro de que se pueda hacer, pero dos ejercicios intelectuales, tal vez, puedan ayudarnos a pensar plenamente sobre estos asuntos. Podemos evaluar los sistemas políticos y económicos con base en sus objetivos declarados y con base en los costos de oportunidad.
FRACASANDO EN SUS OBJETIVOS

Por ejemplo, uno de los objetivos principales del comunismo era la creación de una sociedad sin clases. Fue para ese fin que los soviéticos asesinaron a millones de industriales, financistas, dueños de tiendas, campesinos exitosos y otros “parásitos.” Pero, tal como el reportero del New York Times, Hedrick Smith, lo mencionó en su examen, desde mi punto de vista insuperable, de la Unión Soviética, Rusia, bajo el comunismo, era una sociedad altamente estratificada.

En su bestseller The Russians (Los rusos), Smith señaló que miembros del politburó soviético y sus familias ocupaban la percha más alta de la sociedad soviética, disfrutando de acceso a comercios, escuelas y hospitales especiales, así como de una inmunidad virtual ante procesamientos, viajes no supervisados al extranjero y acceso libre a publicaciones de Occidente. Otros ciudadanos altamente valorados, incluyendo, a partir de su propia admisión, al físico nuclear Andrei Sakharov, disfrutaban de prebendas con las que los ciudadanos rusos ordinarios tan sólo podían soñar.

Las viejas divisiones de clases pueden haber sido eliminadas, pero una nueva estructura de clases -una basada en la utilidad percibida del individuo para la supervivencia del régimen comunista- las reemplazó. Así, el comunismo fue un fracaso, no sólo de acuerdo con el precepto moral de la no violencia y del respeto a los derechos humanos que yo y Reinsalu compartimos, sino también de acuerdo con los objetivos que los comunistas se habían fijado para sí mismos.

(Por cierto, la estratificación que Smith observó en la URSS emergió en todas las sociedades comunistas. Milovan Djilas la encontró en la Yugoeslavia de Tito y Vaclav Havel la describió en la Checoeslovaquia de Husak. En la actualidad, la estratificación social puede verse de primera mano en la Cuba de Castro y, en su forma más extrema, en la Corea del Norte de Kim.)

El comunismo puede también ser evaluado con base en los costos de oportunidades o resultados reales de acuerdos políticos y económicos competitivos en sociedades divididas, tales como Alemania Oriental y Alemania Occidental, Corea del Norte y Corea del Sur y, en gran medida, Hong Kong y China.
IGUALDAD DE LOS INGRESOS

En todos estos casos, gente de la misma etnia, cultura e historia, propiamente se encontraron viviendo bajo dos sistemas diametralmente opuestos –el capitalismo y el comunismo. Según mi conocimiento, no existe un sólo indicador de bienestar humano en donde el comunismo logró objetivos superiores al capitalismo.

Puesto de otra forma, si las sociedades comunistas no hubieran sido comunistas, sino capitalistas, habrían estado más adelantados en mediciones de bienestar, tales como esperanza de vida, cuidado médico avanzado, ingreso personal, nutrición, educación terciaria, etcétera. Ah, pero puedo escuchar a Stavros Kontonis y sus compañeros de viaje objetar, ¿y qué hay con respecto a la desigualdad del ingreso?

En aras del argumento, aceptemos que la igualdad del ingreso es un objetivo social deseable –aun cuando conduce a un crecimiento más lento y, en consecuencia, a menores ingresos en el largo plazo. Sin embargo, eso no significa que el comunismo haya tenido éxito, en donde el capitalismo falló.

Relacionado con mi punto arriba referido acerca de la estratificación de las sociedades comunistas, los miembros altos del partido comunista en todos los países comunistas disfrutaron de salarios, prebendas y privilegios que la gente ordinaria no tuvo. De nuevo, uno necesita tan sólo mirar a los estilos de vida vastamente diferentes de Kim Jong-Un y sus acólitos, en oposición a la multitud de norcoreanos ordinarios.

En resumen, en ausencia de un contexto moral compartido, la evaluación de sistemas políticos y económicos diferentes es más compleja de lo que pueda parecer en primera instancia. Dicho eso, el comunismo era un fracaso incluso bajo los estándares que los propios comunistas definieron para ellos.

Reimpreso de CapX.

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es analista de políticas públicas del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute y editor del sitio Web www.humanprogress.com

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