Carlos Armando Cardozo febrero 7, 2019

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El fantasma del neoliberalismo, al cual hacen referencia innumerables veces los miembros del oficialismo, no es un fenómeno exclusivamente propio de la clase política boliviana, este es pieza fundamental del discurso presente en el progresismo Latinoamericano, que por curioso que parezca es utilizado como improperio o insulto para descalificar a representantes de la clase política. Sin embargo, muchos desconocen el origen y naturaleza del tan vilipendiado neoliberalismo.

Para empezar el neoliberalismo es utilizado como sinónimo de ideología política, siendo más precisos, una ideología conservadora o de derecha. En esa lógica es que se pierde el significado real del neoliberalismo, una doctrina económica con tendencias totalmente alejadas del que el imaginario colectivo cree actualmente.

La historia da cuenta que la primera vez que se hace referencia al término neoliberalismo, fue gracias al cientista social Alexander Rüstow (sociólogo y economista alemán) quien acuñó el mismo como respuesta al colapso del liberalismo clásico tras la Gran Depresión en 1930, y el peligroso ascenso del colectivismo socialista como antípoda a su predecesor; el neoliberalismo en sus inicios planteaba ser la “tercera vía” que corrija los principales errores y omisiones del liberalismo clásico.

Un descalabro de la mano invisible del mercado puso en entredicho el verdadero sentido del liberalismo tradicional, es ahí que el intervencionismo y planismo social cobra un mayor peso en el escenario económico mundial, tanto que los liberales alemanes, suizos e italianos vieron la necesidad de replantear y evolucionar de la doctrina tradicional hacia una más incluyente, con un Estado más fuerte (no así intervencionista).

A partir del Coloquio de Lippman (Paris, 1938) y posteriormente la consolidación de la Sociedad de Mont Pèlerin (SMP), personalidades de distintos rubros se congregaron para revitalizar el liberalismo a través de un debate y reflexión en torno a los nuevos desafíos que planteaba la coyuntura en ese entonces. El apego hacia un designio de Dios en materia económica, lo tradicional en torno al “laissez faire, laissez passer” y los resabios de viejas legislaciones terminaron por configurar el fracaso de una doctrina por demás petrificada, situación que desencadenó una migración del liberalismo hacia el socialismo económico.

Ludwig Mises y Friedrich Hayek fueron de los principales defensores del liberalismo clásico y tradicional, defendían a ultranza la doctrina tal cual, planteando elementos adicionales que no modificaban la esencia misma del pensamiento liberal. Mientras los Ordo-Liberales concebían la necesidad de un nuevo liberalismo, la tercera vía que configure un Estado no intervencionista, que se encargue de profundizar el acceso a un mercado de libre competencia en igualdad de condiciones, desarrollar la institucionalidad que impida que los monopolios sigan encaramados en la economía y se opte por una liberalización de los mercados a través de una legislación moderna, que denote condiciones de libertad individual y colectiva, un Estado de derecho, democratización de los medios para incorporarse al mercado, la división de poderes, la paz y la convivencia internacional.

El corriente del neoliberalismo se llegó a desviar de aquel debate inicial en el Coloquio de Lippman, siendo la propia SMP poco a poco “seducida” por los grandes auspicios desde el sector norteamericano más conservador que permitió que las ideas y doctrinas del liberalismo clásico exacerbado logre calar dentro de este espacio de reflexión.

De ahí en más para los años 1970 Milton Friedman, un economista ya reconocido proveniente de la Escuela de Economía de Chicago (Chicago Boys), sería un referente dentro de la SMP y la proyección como su representante ante la comunidad internacional ocasionó que el término originalmente ideado del neoliberalismo sea reflejo de un ala muy pequeña del liberalismo clásico.

En el caso de nuestro país, el neoliberalismo tiene su origen a partir del Decreto Supremo 21060, en el que se estableció un cambio de modelo que venía de la sustitución de importaciones hacia uno de libre mercado reponiéndose del periodo hiperinflacionario que tuvo el gobierno de la UDP. Posteriormente la Ley de Privatización de las empresas públicas gestadas a partir de las Corporaciones Regionales de Desarrollo fue un paso trascendental en la profundización del nuevo modelo con luces y sombras.

Lo que debería llamar poderosamente la atención es que si analizamos los hechos que en teoría dieron origen al ciclo neoliberal en Bolivia y los comparamos con el concepto original del neoliberalismo, nos topamos con dos vertientes totalmente diferentes. El proceso de apertura de la economía boliviana y la recomposición del Estado estuvo enfocado principalmente a atraer inversión extranjera; ningún criterio para garantizar la libre competencia y el acceso al mercado a través de un marco normativo moderno otorgó libertad individual y colectiva.

Es decir, lo que se consiguió fue un empoderamiento de los capitales extranjeros en desmedro no solo del Estado sino también de los sectores productivos nacionales, esto se pudo evidenciar por ejemplo en la cantidad de trabajadores mineros del Estado (aprox. 27.000) que tuvieron que relocalizarse como cuentapropistas en el Alto o agricultores en el sector del Chaparé cochabambino; el Estado se replegó y dejo que las fallas de mercado amplíen las brechas sociales venidas muy a menos en una economía que salía de la recesión.

En síntesis, neoliberalismo como tal nunca estuvo presente en nuestro país, al menos no aquella tercera vía que se planteaba allá por los años 30. Hoy el nuevo modelo económico social productivo comunitario vigente en el país desde el año 2006, no es más que el extremo del colectivismo y planismo socialista, donde se tiene un Estado totalmente intervencionista que define precios, restringe las exportaciones, carga sobre la empresa privada vía impositiva y vía punitiva en materia laboral, arremete contra la libertad individual, y sistemáticamente des-institucionaliza el Estado de Derecho.

Hoy los verdaderos “neoliberales” verían con total espanto la situación boliviana, primero las abismales diferencias en cuanto a las doctrinas económicas que dicen rebatir, y segundo como luego de algo más de 80 años nos enfilamos al colectivismo social aún esperanzados de que esta vez sí funcione, ¡vaya ilusos!


 

Carlos Armando Cardozo

Es economista, máster en desarrollo sostenible y cambio climático y presidente de fundación lozanía.

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