Ludwig von Mises noviembre 28, 2017
qué diferencia hay entre comercio exterior y comercio interior

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Si capital y trabajo gozan de libre movilidad, tanto en lo internacional como en el interior de cada país, desaparece toda razón para distinguir el comercio nacional del extranjero. Lo que de aquél predicaban los clásicos devenía igualmente aplicable a éste. El librecambismo lo único que hace es inducir a la producción a ubicarse en aquellos lugares cuyas circunstancias resultan relativamente más favorables, dejando de aprovecharse otros lugares donde producir lo mismo resulta más costoso.

El capital y el trabajo tendían a desplazarse, consecuentemente, de aquellas zonas donde las condiciones de producción eran menos propicias a otras más favorables, o sea, en resumen, de la superpoblada y tremendamente explotada Europa, hacia América y Australia, que ofrecían enormes nuevas posibilidades. Pero la cosa encerraba, forzoso es reconocerlo, también sus problemas.

Comercio exterior y comercio interior: dos caras de una misma moneda

Aquellos países europeos que controlaban zonas coloniales podían enviar a sus connacionales a ultramar sin mayores dificultades. Los súbditos Ingleses, por ejemplo, trasladábanse, con facilidad, a Canadá, Australia o Sudáfrica. Tales emigrantes conservaban nacionalidad y ciudadanía en su nueva residencia. El planteamiento, en cambio, ya no era el mismo para un alemán, por ejemplo.

Hallábase éste, en cuanto abandonaba su patria, inmerso en un país y una sociedad extranjera. Devenía súbdito de una potencia extraña, resultando indudable que, en un par de generaciones, sus descendientes dejarían de considerarse alemanes, quedando absorbidos por su nueva patria. Al Reich alemán planteósele, efectivamente, la disyuntiva de si conveníale o no esa operación de exportación de gentes y capitales. El asunto, reconozcámoslo, presentaba dispares facetas, a mediados del siglo pasado, por lo que atañía a la Gran Bretaña y a Alemania. Para Inglaterra la cuestión se limitaba a permitir la salida de un cierto número de hijos suyos hacia las colonias británicas, lo cual no presentaba mayores dificultades.

A Alemania, en cambio, planteábasele el problema, según decíamos, de dilucidar si debía pasivamente contemplar cómo sus súbditos emigraban hacia las colonias británicas, hacia Sudamérica y otras naciones, donde, evidentemente, como amplia experiencia atestiguaba, tales personas abandonarían por entero su germanismo, integrándose en aquellas nuevas sociedades a las que accedían.

El imperio Hohenzollern, que, en los años sesenta y principios de los setenta, había ido evolucionando marcadamente hacia el librecambismo, dio de pronto un giro, volviendo al proteccionismo para defender a la agricultura y a la industria del país contra la competencia extranjera, por considerar peligrosa la aludida tendencia migratoria. Tal política tarifaria permitió, hasta cierto punto, al campesino alemán aguantar la concurrencia de quienes en el este europeo y en otras partes del mundo cultivaban tierras mejores; y a los industriales, el formar cartels a cuyo amparo vendían, en el mercado interior, a altos precios que les facultaban para hacer dumping en el exterior, vendiendo por debajo de sus competidores.

Los alemanes, sin embargo, no consiguieron alcanzar aquellos objetivos que, mediante el retorno al proteccionismo, pretendían conseguir. La capacidad exportadora de Alemania se hacía cada vez más difícil, a medida que los costos de la producción y de la vida en general aumentaban en el país precisamente a causa de la aludida política proteccionista. La economía germana, desde luego, progresó manifiestamente durante las tres primeras décadas de la nueva política económica. Tal avance, sin embargo, hubiérase producido de todas maneras, aun en ausencia de las barreras proteccionistas; pues su causa provenía de las nuevas tecnologías aplicadas a las industrias químicas y siderúrgicas que comenzaban así a aprovechar mejor los grandes recursos naturales que la nación a tal respecto poseía.

Fragmento del libro Liberalismo de Ludwig von Mises.

Fue un economista austríaco de origen hebreo, historiador, filósofo y escritor liberal que tuvo una influencia significativa en el moderno movimiento libertario en pro del mercado libre y en la Escuela Austríaca.

Planteó lo perjudicial del poder e intervención gubernamentales en la economía que, según su teoría, por lo general llevan a un resultado distinto al natural y por esto muchas veces perjudicial para la sociedad, ya que generan caos en el largo plazo.

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