Datos sobre la raza, el crimen y la policía en los Estados Unidos

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Nadie podía quedarse sin sentirse conmocionado por la muerte de George Floyd, cuyo crimen aparentemente fue sólo pasar un billete falso de $20. Por supuesto, aún no conocemos todos los hechos, incluyendo si el Sr. Floyd se resistió al arresto y, de ser así, cómo. Pero, el video reveló lo suficiente para horrorizar a todos los estadounidenses y, de hecho, a toda la gente alrededor del mundo.

El incidente con el Sr. Floyd ha puesto de nuevo en la mira al tema del uso policial de la fuerza, en especial contra personas de color. La mayoría de los estadounidenses, blancos y negros, cree que el sistema de justicia criminal trata a los negros con menos justicia que a los blancos. Una encuesta del 2019 de Pew Research encontró que el 84 por ciento de los negros y el 63 por ciento de los blancos apoya esta visión. Estos números pueden elevarse como resultado del episodio de George Floyd.

Ahora se están brindado numerosas propuestas para reducir la violencia policial, pero soy escéptico de que ellas cambien las cosas en el corto o mediano plazo. La razón para mi ausencia de optimismo no es que la policía estadounidense sea incurablemente racista. Probablemente la policía no es más racista que el estadounidense promedio. Más bien, es porque los afroestadounidenses -para ser preciso, afroestadounidenses de bajos ingresos, jóvenes, varones, urbanos- se involucran en faltas violentas, con tasas más altas que otros grupos, y el crimen violento engendra violencia policial. Como mostraré, entre más un grupo se involucre en el crimen violento, más usará la policía la violencia contra los miembros del grupo.

RAZA, CRIMEN Y VIOLENCIA POLICIAL

La policía de las grandes ciudades se desplaza en grandes números a comunidades afroestadounidenses de bajos ingresos. ¿Por qué? Porque es allí en donde hay más crímenes. Es en esos lugares en donde ha sido así desde los años veinte y, en especial, desde los sesentas. Esos desplazamientos eran mucho menos comunes antes de los años sesenta, cuando las comunidades negras severamente tenían pocos servicios policiales. El resultado fue la impunidad para muchos criminales negros violentos y, a su vez, un incentivo para que hombres negros se involucraran en mayor violencia, como un mecanismo de autodefensa.

A fines de la década de 1960 cambió este patrón. Al elevarse el crimen de negros sobre blancos, los departamentos de policía enfrentaron una presión creciente para controlar el crimen, gran parte del cual se daba en o cerca de vecindarios de minorías, en donde victimizó a los residentes negros. Las tasas de crímenes violentos de afroestadounidenses se dispararon entre los años sesenta y principios de los noventa. Durante ese período, en las grandes ciudades, los arrestos de afroestadounidenses por homicidio, la medición más exacta de crimen violento, significó entre un 65 a un 78 por ciento de todos los arrestos por homicidios. Esta es una cifra extraordinaria si uno considera que la población no blanca de esas ciudades osciló desde sólo un 20 por ciento a un poquito más de un 35 por ciento.

Hoy la situación ha mejorado considerablemente. Las tasas de crímenes de afroestadounidenses y, en general, las tasas de crímenes en Estados Unidos, han caído dramáticamente. Para todas las personas de todos los grupos de edades, la tasa de muertes por homicidios cayó un 34 por ciento entre 1990 y el 2016. Para varones negros, en ese mismo lapso, la declinación fue de un 40 por ciento.

Si bien el crimen violento ha descendido, no obstante, permanece siendo desproporcionalmente elevado en las comunidades de color. Los datos últimos recolectados por el FBI indican que los negros comprendieron el 58 por ciento de todos los arrestos por asesinato y el 40 por ciento de aquellos detenidos por todo tipo de crímenes violentos. Este involucramiento desproporcional de afroestadounidenses en crímenes violentos resulta ser el factor más significativo entre todos, para explicar el uso de la fuerza de la policía contra negros.

No será una sorpresa que los crímenes violentos en Estados Unidos frecuentemente sean armados y peligrosos. Por ejemplo, en el caso de los asaltos, un 71 por ciento de las personas arrestadas portaba armas de fuego. Entre los sospechosos de asesinato, un 58 por ciento tenía pistolas, tal como lo hizo un 42 por ciento de los sospechosos detenidos por robos. Este recuento no incluye cuchillos o instrumentos contundentes recuperados de infractores violentos, que incluye más de 48.000 instrumentos cortantes poseídos por aquellos arrestados tan sólo por asaltos.

Por supuesto, la policía se da buena cuenta de esta situación. Encargados con la obligación de arrestar a delincuentes, ellos están -y deben estarlo- preparados para usar la fuerza. Las confrontaciones, a menudo confrontaciones armadas, en dichas circunstancias son inevitables.

Esas confrontaciones frecuentemente involucrarán a policías blancos con sospechosos negros. Los blancos son una proporción que va en declinación en los departamentos de policía de Estados Unidos, pero, aún son cerca de la mitad de la fuerza (close to half the force) policial de los departamentos de las grandes ciudades, en donde los varones blancos conforman hasta un 44 por ciento de los oficiales juramentados a tiempo completo.

EL ESTUDIO DE CHICAGO

Al final, cuando tiene que ver con el uso de la fuerza, la raza de un oficial de policía puede no ser significativa. Un estudio de 270 tiroteos policiales (A study of 270 police shootings) en Chicago del 2006 al 2014, encontró que la demografía de los oficiales que dispararon sus armas coincidía con la demografía del departamento de policía. Los blancos eran el 51 por ciento de quienes dispararon y el 53 por ciento de la fuerza policial; los negros eran el 23 por ciento de quienes dispararon y un 25 por ciento de la fuerza de policía. En otras palabras, no hay evidencia de que era más posible que los policías blancos descargaran sus armas o que fuera menos posible que lo hicieran los oficiales afroestadounidenses. Esto es especialmente destacable dada la demografía de las víctimas de los disparos: 5 por ciento eran blancos, 14 por ciento hispanos y un impactante 80 por ciento eran negros.

También significativa es la razón para la confrontación. En una mayoría abrumadora de casos (77 por ciento), la policía era reactiva, no proactiva. Estaban respondiendo, en el escenario típico, a una llamada acerca de un crimen violento. En la situación proactiva (23 por ciento de los tiroteos), el oficial inició el contacto; por ejemplo, al detener una persona sospechosa.

En un 80 por ciento de los tiroteos, el oficial reportó una amenaza con arma de fuego, y en un 60 por ciento se recuperó un arma de fuego. En el restante 20 por ciento, el oficial dijo que había sido amenazado o amenazada con un vehículo motorizado (12 por ciento), un arma distinta de una pistola (10 por ciento) o un ataque físico (8 por ciento).

En resumen, de acuerdo con los datos de Chicago, en la mayoría abrumadora de disparos entre policías y civiles, la policía no inició la confrontación, sino, por el contrario, fueron llamados por reportes de civiles, tras lo cual ellos dispararon en respuesta a una amenaza directa de ataque, usualmente con una pistola.

En la actualidad, muchos desconfían de los informes policiales, al sospecharse un encubrimiento o, al menos, un sesgo en cuanto a la verdad. Pero, existe apoyo empírico y no sesgado de la versión policial de los acontecimientos. El apoyo proviene de un estudio reciente acerca de tiroteos policiales mortales y es a dicho estudio al que ahora me refiero.

EL ESTUDIO DE TIROTEOS MORTALES

Psicólogos dirigidos por David J. Johnson de la Universidad de Maryland, crearon en el 2015 una base de datos (created a database) de 917 tiroteos mortales de civiles por la policía. Ellos correlacionaron diversos factores -características del oficial de policía, del civil a quien se le disparó y del condado en donde ocurrió el incidente- con la raza de la víctima.

En primer lugar, no encontraron evidencia de sesgo contra víctimas de color. “Controlando por predictores a los niveles civil, oficial y de condado,” escribieron los analistas, “una persona disparada mortalmente por un policía era 6.67 veces menos posible… que fuera Negro en vez de Blanco y 3.33 veces menos posible… que fuera Hispano en vez de Blanco. Así, en el tiroteo típico, no encontramos evidencia de una disparidad anti-Negro o anti-Hispana.”

Esto calza con datos nacionales compilados por el Washington Post, que no es exactamente una publicación pro policía, durante un lapso de cinco años (2015-2019). El Post escrutó 4.263 tiroteos mortales por la policía en los que se conocía la raza o etnicidad de la víctima. De aquellos, un 53 por ciento eran blancos, un 28 por ciento eran negros y un 20 por ciento eran hispanos. En otras palabras, casi dos veces más a blancos que a negros se les disparó mortalmente por la policía.

El profesor Johnson y asociados examinaron en detalle los incidentes del 2015, para determinar las razones de los tiroteos. Encontraron que “[l]a vasta mayoría -entre un 90 y un 95 por ciento- de los civiles a quienes los oficiales les dispararon, estaban activamente atacando a los policías u otros ciudadanos, cuando se les disparó.” Esto confirma las afirmaciones de quienes dispararon a los policías en Chicago, como se expuso arriba.

Eso también refuerza el estudio altamente publicitado de Roland Fryer acerca de la raza y el uso de la fuerza por la policía. Fryer encontró, después de controlar por numerosos factores, que los negros eran un 27.4 por ciento menos posible que fueran fatalmente disparados por la policía, comparados con los blancos no hispanos.

El segundo hallazgo importante del estudio de Johnson fue la ausencia de correlación alguna entre la raza del oficial y aquella de la víctima. Esto es, después de controlar por otros factores, que no había una mayor posibilidad de que los oficiales de policía blancos, en comparación con los oficiales negros, dispararan fatalmente contra civiles negros. De hecho, entre más oficiales negros había en una fuerza policial, más se les disparó fatalmente a afroestadounidenses.

Sin embargo, el hallazgo más significativo de todos fue la correlación entre crímenes violentos y disparos de la policía. Entre más violento el crimen por negros en un condado, más negros fueron muertos por la policía. En las palabras del estudio:

“La raza, el sexo o la experiencia del oficial no predijeron la raza de la persona a la que se le disparó fatalmente, más allá de las relaciones explicadas por la demografía del condado. Por otra parte, el crimen violento específico de una raza predijo fuertemente la raza de un civil al que fatalmente le disparó la policía, explicando más allá del 40% de la varianza en la raza del civil. Estos resultados refuerzan las alegaciones de que se tomen en cuenta las tasas de crímenes violentos, cuando se examinan los tiroteos fatales de la policía.”

Por supuesto, es posible que la policía discrimine más cuando está involucrada la fuerza no letal. El estudio de Fryer llegó a esa conclusión, hallando, por ejemplo, que era un 18 por ciento más posible que la policía empujara a una persona negra que a una blanca en circunstancias similares. Pero, este análisis, que se limitó a la ciudad de Nueva York durante los agresivos años de “detención y cacheo,” no incluyó datos acerca de las tasas de criminalidad dentro de cada precinto policial, desagregada por raza o etnicidad. En otras palabras, a diferencia del estudio de Johnson, Fryer no correlacionó la fuerza no letal con la tasa de crímenes violentos de grupos minoritarios.

VIOLENCIA POLICIAL Y VIOLENCIA CRIMINAL

La policía estadounidense debe hacer frente a criminales violentos armados. Esa es su función. A menudo estas amenazas violentas vienen de afroestadounidenses jóvenes, varones y urbanos. En tanto sea ese el caso, habrá confrontaciones violentas entre la policía y civiles negros. Aumentar el número de oficiales de policía negros no cambiará eso. Ni tampoco lo hará comisiones de estudio, reducciones a los presupuestos de la policía, prohibiciones a llaves de estrangulamiento o eliminación de inmunidad calificada frente a demandas civiles, para mencionar unas pocas de las propuestas que han sido puestas de moda para frenar a la policía. Algunas de estas propuestas pueden ser acertadas, otra no. Pero, ninguna reducirá dramáticamente el número de confrontaciones violentas entre la policía y los afroestadounidenses.

Esta situación cambiará significativamente cuando las tasas de crímenes violentos de negros se reduzcan significativamente. Eso no sucederá en un futuro próximo, pero se logrará. Eso pasó con los estadounidenses de origen irlandés quienes cometieron crímenes a tasas excepcionalmente altas en el siglo XIX, y con los italoestadounidenses, quienes hicieron lo mismo a principios del siglo XX. En el tanto que Estados Unidos continúe reduciendo los obstáculos para el avance social de los negros y que los afroestadounidenses aprovechen la ventaja de las oportunidades que este país les brinda, también su crimen se convertirá en un recuerdo lejano.

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