¿Cuál es mi alternativa al gobierno grande? ¿Que tal darle una oportunidad a la libertad?

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La libertad no puede reducirse a un diagrama estático de insumos, transformaciones y productos específicos.

Una de las respuestas típicas ante la crítica de la política, programa u otro emprendimiento gubernamental, es demandar una respuesta a la pregunta, “¿Cuál es su alternativa? A menudo, el desafío demanda un esquema u otro plan detallado de la alternativa al statu quo gubernamental. Ausente tal plan plenamente articulado, la crítica de uno es a menudo descartada, por ser simple criticismo, de parte de alguien quien no tiene idea acerca de cómo remplazar al actual empeño gubernamental.

Mi alternativa propia es simplemente libertad. Lograr que el gobierno deje completamente de hacer aquello que ahora lo está haciendo tan mal, ya sea en la educación de los jóvenes, en la protección del público ante el crimen o en mantener la economía operando fructíferamente. Por supuesto, es posible que el crítico descarte esta respuesta, con base en que constituye tan sólo un shibboleth [Nota del traductor: palabra hebrea que significa espiga, usada para distinguir a miembros de un grupo de tribus de Israel que no la incluían en su dialecto, a diferencia de otros que sí la incluían; tal vez el equivalente en español sea “santo y seña], una palabra mágica que se asume resuelve todos los problemas, si bien se carece de algún plan o acuerdo definido para una solución.
NADIE PUEDE SABERLO

Por ejemplo, cuando Bill Gates, Steve Jobs y unos pocos empresarios introdujeron y desarrollaron la tecnología y los acuerdos comerciales de la industria de la computación personal, ellos mismos no sabían cómo esa industria se desarrollaría en el curso de los años y acerca de todas las ramificaciones que produciría en toda la economía y la sociedad. Si se les hubiera preguntado, no podían haber detallado todo lo que fluiría de sus ímpetus iniciales, quién haría luego qué cosa y cómo todas estas acciones libres se materializarían en el contexto más amplio. Nadie lo podía haber dicho y, aquellos que se aventuraron a hacerlo, a menudo, como se vio después, estaban fuera de base en sus predicciones. Es así como una economía libre y una sociedad se desarrolla –en pasos espontáneos realizados por tomadores de decisiones descentralizados.

Así que, cuando un crítico demanda, ¿Cuál es su alternativa?” y su respuesta es, “Libertad,” no se sienta consternado si usted no puede brindar un esquema detallado. Nadie puede darlo. Ni tampoco de nadie debería esperarse o requerirse que llevara a cabo esa tarea imposible.

La libertad no puede reducirse a un diagrama estático de insumos, transformaciones y productos específicos. Es un proceso continuado. Es la suma total de lo que la gente hace cuando ninguna autoridad la frena. Nadie debería sentirse avergonzado o incapaz cuando alguien le demanda, “¿Cuál es su alternativa?” y que nadie puede responder en gran detalle.

La libertad es un proyecto interminable hacia lo desconocido, la solución de problemas, cuando ellos se presentan, por parte de millones de individuos, firmas y otras organizaciones que mejor conocen los hechos de tiempos y lugares específicos y quienes poseen el conocimiento tácito -el “sentido” y la intuición- de qué puede funcionar y qué no. La conducción de incontables experimentos constituye la dinámica de la sociedad libre. No tiene un esquema e, incluso si tuviera hoy uno, ese plan habría sido alterado al final del día siguiente.

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Estudia abogacía en la Universidad del Tolima.
Email: jpablohayek@gmail.com.

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