marzo 26, 2017
Concesiones en Colombia

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¿Por qué las concesiones en Colombia no son parte del libre mercado?

Después de la derrota (por la fuerza) de los liberales radicales federalistas del Siglo XIX,  en Colombia hemos estado viviendo bajo un agresivo plan propagandístico paradójicamente descentralizado desde medios, universidades y debates públicos. Todo lo anterior ha creado una serie de confusiones en los colombianos, tan lamentables como innecesarias. A continuación, y usando como inspiración el libro 10 Lecciones de Economía (que los gobiernos quisieran ocultarle) de Juan Fernando Carpio, me referiré a las concesiones y las licitaciones públicas a través de dos mitos ampliamente divulgados sobre aquellas.

Mito #1: las concesiones en Colombia son un mecanismo de libre mercado porque participan actores privados

Debido a que hay rivalidad entre varias empresas para ganarse el contrato—dentro de parámetros elegidos por el Estado— se cree que eso “es como la competencia empresarial en el mundo real… pero se equivocan.

En Colombia a un empresario que gana una licitación, por lo general le decimos “contratista” y como tal, su deber no es servir lo mejor que pueda a las personas (mercado) sino a quien le ha asignado ese contrato: el Estado. Además, ese servicio que presta el contratista fue designado por algún legislador o burócrata, por ende los porcentajes de las ganancias no se deciden por tratar bien a los clientes, sino por sacarle jugo al contrato. Si bien los contratistas aducirán razones tecnocráticas sobre su capacidad de velar por los intereses de los usuarios, la realidad es que la libertad de elegir de los usuarios quedará pisoteada a favor del contratista.

Por ejemplo: si alguien quiere formar una PYME de recolección de basura para expandirse a otros barrios, se verá fuertemente desincentivado debido a la fuerte regulación ininteligible del sector (Ley 142 de 1994). La iniciativa de emprender profesionalmente (servir al público) en una línea determinada se ve violada por un monopolio que supuestamente está a nuestro servicio (el gobierno local o nacional).

Entonces perdemos libertad por partida doble con las concesiones (con o sin licitaciones): primero, ya no podemos elegir un proveedor abiertamente y tampoco podemos ser abiertamente elegidos como proveedores de cualquier cosa que el gobierno decida que es su campo “de acción”. Y ni hablar cuando alguno de estos contratistas haga mal su trabajo y ya no queramos más su servicio…

Libre Mercado es cuando, a cuenta y riesgo propios, un proveedor depende del cliente-usuario a través de compras/pagos repetidos para poder existir y prosperar.

Recordemos que:

a) No existen monopolios naturales como demostró el prof. Dilorenzo (vídeo).

b)En la Colombia de hoy día, apenas compiten 8 empresas de telefonía celular por la preferencia de los consumidores. También hay monopolios en cada ciudad en cuanto a los servicios de electricidad, agua potable y gas por tubería (¿Cómo surgió Gases de Occidente en Cali?). Los barrios bien podrían elegir de una lista creada por los propios vecinos —o un second best nada ideal, precalificada por el propio gobierno— a su proveedor de recolección de basura, barrenderos y otros servicios “públicos”. Un monopolio concesionado sigue siendo monopolio y todo monopolio es una criatura gubernamental en su origen y mecanismos de supervivencia.

Mito #2: logra lo mejor de ambos mundos, la misión social gubernamental y la eficiencia privada

Este segundo mito tiene que ver con la idea de que el sector privado es el reino de la eficiencia y el gubernamental el de la misión social. En realidad el sector privado es el sector voluntario. Su superioridad es ética antes que técnica. Y técnicamente “sector privado” significa muy poco si su nivel de regulaciones le vuelve un campo de privilegios (bajo pretextos de regularle “para proteger al usuario”).

Un sector privado libre o muy poco regulado es una situación liberal, de mercado. Un sector privado muy regulado es una situación mercantilista que el público no instruido puede llamarle “neoliberal” (algo que no existe), cuando en realidad no es más que un sector lleno de privilegios para que una gran empresa (bien conectada con políticos) pueda sacarle provecho. Es decir, tiene el afán de lucro como motor, pero no los beneficios de precios y variedad que vienen con la competencia real, dejando de último la buena prestación del servicio para sus clientes. Electricaribe puede ser un muy buen ejemplo del fracaso de las concesiones bajo este modelo monopólico.

concesiones colombia mises fraseLo peor de dos mundos en las concesiones en Colombia

Este tipo de “economía mixta” tiene mecanismos (licitaciones o sin ellas) que impiden a proveedores no calificados (por el ente gubernamental) participar cuando muy probablemente el público sí las elegiría. Sobre este último punto es vital decir que la gente tiene combinaciones preferidas de costo-beneficio muy distintas a las de los tecnócratas. Un tecnócrata puede imponer el uso de Microsoft en escuelas privadas cuando éstas pudieron haber elegido Linux por ahorrar y respaldar iniciativas de software libre. Por esto y otras cosas más, el mecanismo de concesiones y licitaciones de servicios públicos realmente implica lo PEOR de ambos mundos.

En resumen: el modelo de concesiones y licitaciones públicas genera incentivos culturalmente corruptos al crear castas de proveedores al gobierno, los cuales solo estarán ahí por el afán de generar una renta segura gracias al monopolio. Una empresas así no sobrevive mucho en el libre mercado, ya que competidores capaces de ofrecer mejor servicio le quitarían los clientes en un par de meses.

Las concesiones no son libre mercado: son corrupción.


El artículo original puedes encontrarlo aquí.

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