Comparar los sueldos de los jugadores de béisbol con los maestros revela una confusión en la economía básica

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Aún si los políticos no lo hacen, la gente sobria y racional debería considerar los hechos.

Bernie Sanders está confundido. De nuevo. Recientemente acudió a Twitter para opinar que

“Si somos una nación que puede pagar a los jugadores de beisbol cientos de millones de dólares, no me digan que no podemos pagar a los maestros los salarios que se merecen.” 

Como es a menudo el caso, el senador de Vermont estaba parcialmente en lo correcto. En algunos casos, a los jugadores de beisbol se les pagan cientos de millones dólares. En donde él se confunde, y esa es una confusión muy típica de Sanders, es en cuanto a la fuente de ese dinero.

SON LOS AFICIONADOS, NO LA NACIÓN, LOS QUE PAGAN A LOS JUGADORES DE BEISBOL

“La nación” no les paga a los jugadores de beisbol. Los aficionados les pagan al comprar tiquetes, mercancías y productos cuyos vendedores anuncian durante los juegos. Importantemente, cada persona que contribuye a pagar a los jugadores de beisbol decide por sí misma si el producto que le están ofreciendo los jugadores de beisbol vale el precio.

Y esa elección individual es lo que mantiene a toda la industria consistentemente enfocada en satisfacer a los aficionados. Si los aficionados decidieran mañana que el beisbol ya no valía más el precio, a nadie se le pagaría ni un cinco para que lo jugara. La libertad de los aficionados para elegir significa que a los jugadores de beisbol se les paga precisamente lo que ellos merecen.

Los estadounidenses gastan más de $70 mil millones al año en bodas, $32 mil millones anuales en pizzas y $80 mil millones en tiquetes de lotería. Pero, el senador Sanders no está cuestionando cuando pagamos o no por esas cosas. Él ha escogido lo que gastamos en maestros -no lo que escogemos gastar, sino lo que los políticos nos dicen que debemos gastar- y ha decidido por nosotros que deberíamos pagar a cada maestro al menos $60.000 al año. Su indiferencia ocasional ante las realidades económicas y políticas se empata con la complacencia a que hemos llegado, de esperar casi todo de los que están aspirando para presidente en este momento de la campaña. Aún si los políticos no lo hacen, la gente sobria y racional debería considerar los hechos.

LOS SALARIOS SON DETERMINADOS POR LA OFERTA Y LA DEMANDA

El hecho político es que la educación en los Estados Unidos es en alto grado un asunto local, pagado por los impuestos a la propiedad locales. Un presidente precisamente no tiene nada que ver con eso. El hecho económico es los políticos pueden decidir que tendremos que pagar por una cosa, pero, sólo el comprador y el vendedor son los competentes para decir lo que vale esa cosa.

¿Son importantes los maestros y es valioso el producto que ellos brindan? Absolutamente. Pero, hay un gran número de trabajos que es posible que valgan más. Dependientes y trabajadores de la sanidad llegan a la mente. ¿Cómo lo sabemos? Cierre los almacenes y tiendas por una semana y usted logra disturbios. Cierre las escuelas por una semana y usted obtiene un receso primaveral. Envíe a los maestros a sus casas por tres meses y logra vacaciones de fin de año. Envíe a los trabajadores de la sanidad a la casa por tres meses y muere la gente. Pero, no vemos al senador Sanders quejándose de que los empleados de los supermercados y los recolectores de basura no se les paga lo que se merecen, aunque sea menos dinero que los maestros.

La mediana del salario de un maestro en los Estados Unidos es de $58.000. Eso excluye los típicamente generosos beneficios al trabajador gubernamental y la seguridad del empleo en propiedad. Con estos números, más de la mitad de los maestros actualmente recibe menos que lo que Sanders cree que debería ser el salario “de ingreso.”

Dar un golpe al salario inicial para llevarlo hasta $60.000 aumentaría el costo de los maestros en un diez por ciento. Y, eso es asumiendo que los maestros que han trabajado ascendiendo hasta ganar más de $60.000, no exigen aumentos, lo cual también ellos harían. Eleve proporcionalmente, y en todo el país, los salarios de los maestros, y los costos se elevarían casi un 60 por ciento ̶ de la noche a la mañana. Lo divertido no termina aquí. Puesto que las pensiones de los maestros a menudo están ligadas a sus salarios, el plan de Sanders hundiría los planes de pensiones de los maestros en un océano de faltantes presupuestarios.

Como la mayoría de los políticos, la habilidad primaria de Sanders no es pensar bien las cosas. Su habilidad primaria es ganar elecciones. Y está decidido a que puede obtener los votos creando un alboroto alrededor de la paga de los maestros. Si a él en realidad le preocupara que a los maestros se les paguen lo que ellos merecen, presionaría para que los maestros sean liberados del gobierno y de las burocracias sindicales bajo los cuales trabajan. Entonces, tal vez, solo tal vez, los consumidores estarían en mejor capacidad de decidir por ellos mismos qué maestros valen qué precio ̶ al igual que como lo hacen con los jugadores de beisbol.

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