¿Cómo interviene el Estado en la Economía?

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Si usted se pregunta qué es lo que está matando a los colombianos y descubre la respuesta en los diarios del establecimiento, seguramente se encontrará con una típica respuesta: el capitalismo salvaje… lamentablamente, en Colombia no hemos tenido ese capitalismo que tanto desarrollo, bienestar y prosperidad han traído a los países más avanzados del planeta. A continuación, un fragmento del libro Liberalismo escrito por el maestro Ludwig von Mises, en él, se describe cómo la intervención del Estado en la economía es la causante de la mayoría de distorsiones y dificultades que tienen las personas al momento de planear sus propias vidas, causando dolor y miseria a quien decide vivir decentemente.

El Intervencionismo del Estado en la Economía

El ideal socialista puro va paulatinamente perdiendo partidarios. A ello han contribuido, de un lado, los importantes estudios de tipo económico y sociológico últimamente aparecidos demostrativos de la inviabilidad del sistema y, de otro, los inocultables fracasos de todos los ensayos socialistas practicados; tales hechos están desanimando hasta a los más fervientes marxistas. Parece como si la gente comenzara a advertir que la sociedad humana no puede montarse de espaldas a la institución dominical privada. Pero ha sido tan feroz la crítica, tantos los dicterios, durante décadas, proferidos contra la propiedad particular de los medios de producción, que el propio ambiente creado impide a los pueblos, pese a que advierten la insuficiencia e impracticabilidad del socialismo, romper con el colectivismo y retornar abiertamente al liberalismo.

Reconocen mayoritariamente, en efecto, que el socialismo, o sea, la propiedad pública de los medios de producción, es inviable (al menos —dicen— por el momento). Pero, a renglón seguido, suponen que una propiedad privada de los medios de producción totalmente libre resultaría también dañosa para el bienestar de las masas. Buscan, por eso, con ansia enorme, una tercera vía, un sistema social entreverado de propiedad privada y propiedad pública de los medios de producción. No se puede —argumentan— eliminar por entero la propiedad privada; pero, ello no obstante, conviene que la autoridad controle el uso que los capitalistas, los empresarios y los poseedores del factor tierra hagan de los instrumentos por ellos manejados.

He ahí la esencia del intervencionismo; admitir el capitalismo, pero sólo un capitalismo controlado y dirigido por los mandatos y prohibiciones de las autoridades públicas; un sistema de propiedad privada que, gracias a la aludida vigilancia estatal, no habrá de tener para la sociedad dañosos efectos secundarios. Para percatarnos mejor de lo que este sistema económico implica contemplemos el efecto de la actividad intervencionista en un caso concreto. Advirtamos que el intervencionismo lo que, en definitiva, pretende es imponer a bienes y servicios precios distintos de aquéllos que el mercado, de modo autónomo, fijaría.

Cuando hay precios libres, los ingresos por la operación mercantil de que se trate cubren los gastos de la misma. Ahora bien, cuando el gobierno coactivamente impone un precio de venta inferior al del mercado, las sumas percibidas resultan insuficientes para atender los costos. Comerciantes e industriales, consecuentemente, salvo que se trate de una mercancía inmediatamente perecedera, dejan de ofrecerla al mercado, esperando cambien las circunstancias o que vuelva la administración sobre su acuerdo.

La autoridad pública, pues, para evitar la desaparición del producto en cuestión, paralelamente a la tasación del precio, ha de decretar la venta obligatoria de las disponibles existencias, al precio rebajado. Pero esto no basta. Oferta y demanda, al precio de mercado, siempre coinciden. El reducido precio coactivamente impuesto incrementa la demanda, quedando, en cambio, invariada la oferta. Las existencias resultan insuficientes para atender a cuantos están dispuestos a pagar los nuevos precios. Parte de la demanda queda, forzosamente, desatendida. Se ha perturbado la operación de aquel mecanismo que, en el mercado, iguala oferta y demanda mediante la oportuna fluctuación de los precios. Habrá gentes que, pese a hallarse dispuestas a pagar el precio oficial, quedarán desatendidas, pues la totalidad de las existencias las absorbieron o quienes antes llegaron o quienes gozaron de algún privilegio; para los demás peticionarios nada queda.

El gobernante tiene entonces que apelar al racionamiento, fijando la cantidad que, al precio oficial, cada uno puede adquirir. Pero, una vez agotadas las primitivas existencias, surgen nuevos problemas de mayor trascendencia aún. La producción, en efecto, al no resultar rentable a los precios oficialmente tasados, va reduciéndose, llegando a veces incluso a desaparecer. Para mantener la actividad productiva, la administración tiene, entonces, que proceder a la tasación de las primeras materias, de los productos semimanufacturados y de los salarios intervinientes. Tales nuevos precios máximos no pueden, sin embargo, quedar restringidos a aquel o aquellos pocos sectores que la autoridad, por estimarlos de excepcional interés social, desea controlar.

Hay que intervenir el precio de toda mercancía, de todo salario. El control ha de abarcar a cuantos empresarios, capitalistas, poseedores de tierra y laboradores haya. Porque, de permitirse la existencia de ramas productivas libres de tal férula estatal, volcaríanse en ellas el capital y el trabajo, contrariando así el originario deseo de la administración. Las autoridades, en efecto, lo que pretendían era que las gentes halláranse ampliamente abastecidas de aquellos productos cuyos precios intervinieron.

La intervención económica contradice, evidentemente, los deseos y aspiraciones de todos, al dar lugar a que las producciones que más se quisiera ver incrementadas resultan, al final, las más postergadas. Queda, pues, claro que la intervención falla el blanco que sus patrocinadores pretendían, precisamente a través de la actuación interventora, alcanzar. Ha de estimarse, aun desde el propio punto de vista del intervencionista, contraproducente, pues no hace sino aumentar el «mal» que se quería combatir.

La tan deseada mercancía, antes de la tasación, se cotizaba, en opinión del gobernante, demasiado cara; pero, ahora, lo que pasa es que desaparece del mercado. No era esto, evidentemente, lo deseado; la administración aspiraba, por el contrario, a ampliar el número de posibles adquirentes del producto. La desaparición del mismo, el que nadie pueda ya disfrutarlo, constituye, a no dudar, desastre mayor que aquel que se pretendía remediar. La intervención, pues, concluyamos, resulta vana y contradictoria con respecto a los fines perseguidos; el sistema es impracticable, inordenable, opuesto a la lógica más elemental.

Puedes descargar el libro en formato PDF o ePUB en el siguiente enlace: http://www.megaepub.com/autor/ludwig-von-mises.html

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Fue un economista austríaco de origen hebreo, historiador, filósofo y escritor liberal que tuvo una influencia significativa en el moderno movimiento libertario en pro del mercado libre y en la Escuela Austríaca.

Planteó lo perjudicial del poder e intervención gubernamentales en la economía que, según su teoría, por lo general llevan a un resultado distinto al natural y por esto muchas veces perjudicial para la sociedad, ya que generan caos en el largo plazo.

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