Cómo es la vida dentro de la dictadura socialista en Venezuela

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Los ciudadanos dependen del gobierno para poder sobrevivir, pero tienen poco control sobre el gobierno que, supuestamente, les representa.

Cagua se encuentra a sesenta y cinco millas al sureste de la capital de Venezuela, Caracas. Es una pequeña ciudad, de poco más de 100.000 personas ̶ quienes viven todos los días tratando de sobrevivir. El Índice de Paz Global del 2018 califica a Venezuela en el lugar 143 entre 163 países. El crimen violento, el homicidio y las demostraciones violentas son calificadas con un 5 de 5 puntos, convirtiéndola en uno de los países menos pacíficos y más peligrosos de la tierra.

EL FRACASO DEL CONTROL DE PRECIOS

La paga mensual que la mayoría de los trabajadores venezolanos lleva a su casa es de 4.500 bolívares, o alrededor de once dólares estadounidenses, haciendo que casi sea imposible hacer las compras de alimentos en la nación socialista. Y, dado que la idea de comprar una casa o un carro es impensable, los jóvenes no tienen la posibilidad de independizarse de sus padres.

Oswaldo, un joven quien vive en Cagua, se graduó obteniendo un título en una universidad de Venezuela en el 2016. En una entrevista, Oswaldo describió su vida en Venezuela y las luchas que enfrenta diariamente como un joven que lucha para tener éxito en un país que se está hundiendo.

Además del problema para encontrar comida y medicina básica, Oswaldo explicó que los ciudadanos a menudo están plagados por fallos en el suministro de electricidad, agua y de servicios de gasolineras. Muchos lugares del país tienen que racionar el consumo de agua, pero, de todos modos, el agua potable en ciudades como Valencia está contaminada. El gobierno ha mantenido los precios de la gasolina tan bajos, que su escasez se está convirtiendo en la norma. Esta mala asignación de recursos es inevitable cuando los precios de la gasolina son de menos de un centavo de dólar por galón ̶ incluso en algunas ocasiones siendo menor que eso.

UN TIPO DIFERENTE DE CRISIS DE REFUGIADOS

Si bien no hay nada que explícitamente le prohíbe salir del país, Oswaldo dijo que el impreciso sistema de documentación y el precio de los vuelos le impiden incluso intentar huir. También, el país carece de los recursos adecuados para documentar quién sale y quién regresa, dando lugar a problemas potenciales para cualquier ciudadano que deseara regresar. No obstante, más de 3 millones de venezolanos se han ido de su tierra natal desde el 2015 ̶ números comparables a los de la emigración de Siria y Afganistán.

Trasladarse a lo interno del país no es muy distinto. El transporte público, en otro tiempo un sistema comúnmente usado por los venezolanos, se ha convertido en una rareza. Los dueños de los autobuses a menudo no pueden cubrir el costo de los repuestos para arreglar sus vehículos, obligando a los ciudadanos a tener que adoptar nuevas formas de viajar.

No es extraordinario ver camiones de carga transportando gente a lo largo del país o camionetas llenas de personas, transportando tanta gente como les sea posible. Se ha sabido que la policía y los militares han tomado las cosas en sus manos, cobrando multas y recolectando sobornos de viajeros inocentes, para así poder llegar a fin de mes.

CORRUPCIÓN EN TODOS LOS NIVELES

Oswaldo dice que es posible enriquecerse en Venezuela, pero que la única forma de lograrlo es contratando con el gobierno. El anterior tesorero nacional de Venezuela en los años 2007-2011, incluso admitió recientemente que él recibió más de mil millones de dólares en sobornos cuando estaba en su cargo. Según Oswaldo, si una empresa tiene buena relación con el gobierno de los amigotes, ella puede hacer una pequeña fortuna. Pero, las empresas que descansan estrictamente en la demanda de sus productos rara vez lo logran.

Los ciudadanos dependen del gobierno para poder sobrevivir, pero tienen poco control sobre el gobierno que, supuestamente, les representa. Por ejemplo, después de una elección, no es extraño que el líder de la oposición sea hecho prisionero. Los votos a menudo son ilegítimos y el corrupto cuerpo electoral nombra ganador al candidato que el gobierno respalda.

Por estas razones, la participación política ha disminuido considerablemente desde principios del 2017, opina Oswaldo. Los partidos de la oposición no quieren desafiar a sus gobernantes y corren el riesgo de ser aislados por aquellos en el poder. El ciclo de corrupción y control de las vidas de las personas no parece tener fin alguno.

LA LIBERTAD TIENE UNA BATALLA CUESTA ARRIBA

Actualmente las organizaciones que promueven la libertad no están siendo perseguidas, pues el gobierno no se siente amenazado, dice Oswaldo. Pero, eso puede cambiar en cualquier momento. “En nuestro país, todos los venezolanos están en riesgo,” dijo él. “Aquellos que están más expuestos son los que hacen activismo político, pues su trabajo pone en riesgo la estabilidad del gobierno.”

Oswaldo está luchando por la libertad en su propio país ̶ libertad que, muy a menudo, se da por descontada en los Estados Unidos. No obstante, los venezolanos están empezando a acostumbrarse a la ausencia de libertad y a la lucha interminable por su supervivencia en Venezuela, lo cual muy bien podría conducir a que el régimen conserve el poder por algún tiempo. Hay poca gente dentro del país que está dispuesta a luchar contra el socialismo, habiendo visto los horrores de patriotas que luchan contra un régimen peligroso. Pero, Oswaldo está esperando el día en que la gente tenga un control mayor sobre su gobierno y que los ciudadanos finalmente puedan tener la oportunidad de encontrar vidas mejores.

Es una batalla cuesta arriba, dice Oswaldo, pero es una batalla que vale la pena darla.


Traducción por Jorge Corrales.

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