Cómo el marxismo secuestró a los grupos LGBTI+ para tomar el poder

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Para los militantes de izquierda, las personas sólo valemos si pertenecemos a alguna colectividad –que de paso muchos ideólogos socialistas ni conocen, pero apelando a un racionalismo extremo, se atreven a diseñar esos grupos humanos–. Por ejemplo, los socialistas creen que todos los pobres deben ser de izquierda, que la totalidad de las mujeres están en la obligación de militar en los colectivos feministas, y que todos los homosexuales deben, necesariamente, adherir a los grupos LGTBI. Pero eso no es verdad, ni todos los militantes LGTBI son homosexuales, ni tampoco todos los homosexuales simpatizan con los lobbies arcoíris.

Pero ¿Por qué un grupo que había sido asesinado por la vieja izquierda –en China, Cuba y la URSS los homosexuales era considerados lacras sociales– pasaron a ser los abanderados de las agrupaciones socialistas?

Porque, ante los fracasos económicos de la URSS, la miseria en Cuba y la caída del Muro de Berlín, la izquierda necesitaba nuevos sujetos revolucionarios y renovadas grietas sociales –que ya no serían económicas, sino raciales, culturales, ambientales y sexuales– para construir su discurso político. Y así llegamos a la tiranía de las víctimas, en la que el sujeto construido como víctima oculta tras la victimización su pretensión de dominación.

Ahora bien, como las tiranías no aceptan disidencias, pues al igual que los pobres que no militan en la izquierda son acusados de alienación cultural, o de falta de sororidad las mujeres que rechazan ser absorbidas por los grupos feministas, los homosexuales que se atreven a cuestionar la tiranía arcoíris son, en el mejor de los casos, opacados o, peor todavía, perseguidos con la más cruel cizaña.

Verbigracia, Domenico Dolce y Stefano Gabbana –una de las parejas homosexuales más famosas del mundo– fueron cruelmente criticados por oponerse a la redefinición del matrimonio y la adopción homosexual –incluso Elton John los llamo «homosexuales homofóbicos» y «fascistas», epíteto que la izquierda usa con la mayor soltura–. Gabbana declaró:

«Soy gay, no puedo tener un hijo. Creo que no se puede tener todo en la vida. Es también bello privarse de algo. La vida tiene un recorrido natural, hay cosas que no se deben modificar. Una de ellas es la familia.»

Ahora bien, habría que preguntarse ¿Por qué esa obsesión socialista por modificar el matrimonio y la familia?

Para Engels, y toda la izquierda en general, la familia era la principal reproductora del orden social burgués (propiedad privada, productividad y capitalismo), pero también la institución donde los hombres aprendemos valores, y por la que naturalmente sentimos afecto. En resumen, la familia es un espacio donde el Estado no entra. Por lógica, acabando con la familia –objetivo que muchos libertarios confundidos comparten con los marxistas– se terminan la propiedad privada y el capitalismo. Saca a un individuo de su familia, y lo dejarás a merced del Estado.

Pero también debemos recordar algo, después de la creación de los bancos centrales alrededor del mundo, de la implantación de los impuestos progresivos, de la creación de sistemas de seguridad social estatales –en realidad «inseguridad»– y del control de la educación por parte de los gobiernos, la familia es la última institución que les falta tomar.

Segunda parte por Cristian David Gil Toro

Sin duda alguna, la civilización occidental tal cual la conocemos y cómo se encuentra concebida hoy en día, está en peligro. Uno de sus grandes enemigos es el Lobby LGTBI, un portentoso brazo del progresismo universal que impulsa el estatismo utilizando políticamente a una minoría: la población no straight que reside en la Península Ibérica, los Estados Unidos y toda Latinoamérica.

El término no straight es la negación de straight, un vocablo de origen anglosajón que literalmente traduce «recto», «firme» o «directo», y que se emplea para referirse a las personas que se sienten atraídas afectiva y eróticamente por individuos del sexo opuesto, es decir, la regla general o la mayor parte del grueso poblacional –he ahí la razón de ser del calificativo–. Esto significa que el resto de la población, cuyos gustos y preferencias van desde sentirse atraídos por personas del mismo sexo y/o género, hasta los que se auto-perciben como miembros del género opuesto y cuya orientación sexual nada tiene que ver con ello; aplicarían al término no straight. Particularmente, prefiero usar este concepto, puesto que es muchísimo más incluyente que la sigla LGTBI, a la cual día a día le añaden más y más letras. No contentos con haberse apropiado del 20% del abecedario desde un inicio, no sólo quieren más letras para nombrar a su movimiento, sino que detrás de quienes se agolpan en las calles a luchar por la reivindicación de sus “derechos”, se esconden objetivos muy oscuros.

Los colectivos feministas y LGTB comparten en común algo que se llama Ideología de Género, concepto definido por el licenciado en ciencia política, escritor y CEO de la Fundación Libre de Argentina: Agustín Laje, de la siguiente manera:

«La Ideología de Género son un conjunto de ideas que van en contra de lo establecido por la ciencia y que con propósitos políticos decididamente autoritarios, desarraigan a la sexualidad humana de su naturaleza, buscando explicarla exclusivamente a partir de la cultura. »

Si bien, puedo tener algunas diferencias con el Sr. Laje, debo dejar en claro que la forma en la cual define la Ideología de Género, da justo en el clavo.

La verdad, es de maniáticos explicar la sexualidad humana únicamente a través de los ojos de la cultura. Lo ideal es que estos “estudios de género”, al menos buscarán contener conceptos básicos en biología, algo esencial incluso cuando, como sostienen algunos, se trata de una “mera construcción social”. Sus promotores, por ejemplo, afirman que como los individuos hemos sido “construidos sexualmente por nuestro entorno”, estamos llamados a “deconstruirnos”. Por razones como esta, reafirmo mi posición de que la Ideología de Género no es más que una estrategia de manipulación: pura propaganda de mal gusto que en lo más mínimo se acerca a una disciplina académica, tanto, que su discurso es perfectamente equi-comparable con la propaganda fascista de la Segunda Guerra Mundial. No es verdad que el género sea totalmente una construcción social porque, como bien han explicado autores de la talla de la gran Camille Paglia en su libro Sexual Personae, se trata es de una concurrencia entre la naturaleza y la cultura.

Pero ¿Cuál es el verdadero problema de esta estrategia que carece de todo rigor científico? El problema es que promover la Ideología de Género en Occidente, requiere en todos los casos de la ayuda del Estado –claramente, en un mercado en total apertura y libertad, difícilmente podría tener éxito– lo cual a su vez significa que, tiene como fin cercenar completamente el sano ejercicio de nuestras libertades individuales, lo que conllevaría irremediablemente a que la familia también sea abolida, sin contar además que ese mismo fin, lo tendrían otras instituciones orgánicas propias de nuestra especie. Quienes la suscitan, buscan inmiscuirse en la conciencia de blancos fáciles para la propagación de sus ideas equívocas: los niños y jóvenes, para que acepten sin cuestionamiento alguno, la o las autopercepciones que otros tienen de sí mismos.

Por otra parte, y no en aras de mitificarlo, el desprecio que los lobbies feminista y LGTBI profesan por especialistas como Sigmund Freud, resulta ser un desastre, ya que no son capaces de entender o analizar las relaciones sexuales humanas. Sin Freud, difícilmente se pueda explicar lo que pasa entre varones, mujeres, y hasta hermanos. Estas organizaciones no son capaces de construir una teoría correcta acerca de la sexualidad humana, aportando análisis sólo desde el punto de vista político ¡De locos! Pues el sexo no se puede explicar mediante política, y estos colectivos lo que buscan son, básicamente, una nueva forma de credo o comunidad de fe distinta a las tradicionales. Quieren es un nuevo dogma, para lo cual, toda esta basura identitaria y victimista les cae como anillo al dedo. Lamentablemente, ignoran que, cuando la gente contempla la política como si fuera su salvación “su dogma”, pues terminan de crear el Infierno en La Tierra.

Las consecuencias de tal maquiavélica propaganda, hasta el momento, han sido nefastas: la penalización de la libertad de expresión y de prensa para quienes se oponen a la Ideología de Género, el pago de programas públicos que incitan el uso del mal llamado lenguaje inclusivo con recursos de todos los contribuyentes, el cambio de género legal (en el documento de identidad o cédula de ciudadanía) de todos aquellos a los que les conviene por cuestiones patrimoniales, el financiamiento con dineros públicos de una o varias intervenciones quirúrgicas a las que se quiere someter una persona que se auto-percibe como alguien del género opuesto para poder vivir a plenitud lo que la hace feliz, la instauración de las figuras legales del también mal llamado “matrimonio igualitario” y la “adopción homoparental”, entre otros. Sin mencionar además que, ahora, los lobbies pedófilos también se quieren alinear al movimiento LGTBI y de género, tanto, que redes sociales como Instagram promocionan descaradamente la posible alianza que pretenden sellar ambos grupos identitarios –cuyas banderas por cierto, a mi parecer, son horrorosas–.

¿Acaso los militantes del lobby LGTBI son utilizados únicamente con objetivos políticos? ¿Su afán de formar parte de un grupo, los está llevando a perder cualquier rasgo de singularidad que como individuo uno pueda tener? Sí a todo. El lobby arcoíris, comunidad del abecedario, o como deseen llamarlo, el mismo que dice estar a favor de la diferencia, tristemente, poco o nada, valora la importancia de la diferencia y busca que todos sus miembros parezcan muñecos programados en serie y pretenden dictarle incluidos los que no van con ellos, como ser un verdadero LGTBI.

Les cuesta considerablemente, aceptar a uno de los suyos que no vaya con ellos, y sin ser el único, todos los que nos oponemos diametralmente a su lógica oportunista y conveniente –que muchos de ellos, ignoran que así es–, coincidimos en algo: es más fácil ser homosexual –o no straight– en la derecha, que ser de derecha entre los homosexuales. Lo peor de todo, es que con total vehemencia afirman que «ser gay y de derecha, es una contradicción hasta biológica». Aparentemente, no conocen la sucesión de horrores que vivieron gran parte de los nuestros en manos de la izquierda, para que, irónicamente y sin más claras explicaciones, sea ahora esta la que levante banderas en favor de la población no straight con el afán de promover y glorificar todo lo que en otra época, despreció con tanta crueldad. A esos mismos les digo: «ser gay y de izquierda, es el equivalente a ser judío y ser nazi al mismo tiempo».

Cierro con una carta abierta a los militantes de dicho colectivo, escrita por mí el año pasado, y la cual impulsó dos importantes entrevistas en el programa Periodismo para Periodistas: On the Radio desde Argentina.

CARTA ABIERTA PARA TI QUE ERES MILITANTE LGTBI

Estimado militante LGTBI:

Acepta que por tus gustos y tus preferencias, siempre habrá alguien a quien no le agrades. Para muchos estamos enfermos, necesitamos terapias de conversión, o simplemente carecemos de un Dios vivo y real en nuestro corazón. Problema de ellos, tu sabes quien eres y lo que vales. Así que por favor, deja de inventarte una fobia distinta para justificar tu necesidad de aceptación social.

¡Ánimo! Demuestra que eres más que lo que haces a puerta cerrada, y aquel que te rechace, simplemente sácalo de tu vida porque no te merece y quizás se esté privando de crear simbiosis con un ser humano maravilloso. Te pido eso sí, no vengas con tu “discurso repetitivo” de que hablo desde mi privilegio y del provenir de una familia acomodada, ya que si supieras lo que en otra época tuve que padecer a causa de las ideas retrógradas y ortodoxas que habitan en la cabeza de un ultra-conservador como mi papá, de seguro cambiarías de parecer respecto a tu juicio sin fundamento. Además, mi familia no siempre fue acomodada.

No se te olvide además algo crucial, esos que te impulsan a reclamar igualdad, respeto por la diversidad, y saldar la deuda histórica que la sociedad tiene con nosotros; son los fieles sucesores de los mismos que en otra época atacaron, violentaron, ultrajaron, mancillaron, y asesinaron incluso a muchos de los nuestros, en nombre de la revolución comunista. Pasa que su discurso “buenista”, ahora cala mucho más en la ciudadanía. La retórica es un arma de la que se saben valer muy bien.

Ten en cuenta que TE ESTÁN UTILIZANDO. Si realmente te amas y amas a los tuyos, no permitas servirles como instrumento político.

Recuerda que demandar privilegios del Estado, es reconocer que nosotros como minoría somos inferiores al resto de la población civil. Yo particularmente, no soy inferior a ninguno de ellos, y espero tú tampoco sientas que lo eres.

No temas a la discriminación. La discriminación en sí misma no es tan negativa, ni siquiera el odio. El odio es una de las cuatro emociones básicas del hombre, junto con la alegría, la cólera y la tristeza. Lo correcto, es no permitir que el odio trascienda como sentimiento y te dirija. En nuestra población, la discriminación, la selectividad, y los estereotipos están a la orden del día; entonces es tonto e incoherente luchar contra algo inmerso al mundo en el que te mueves.

Siento que tú al igual que yo, queremos un mejor lugar para vivir, pero para eso, debes cambiar para ti mismo y crear para ti mismo. Conforme lo hagas, cambiará todo a tu alrededor. Tu individualidad está primero que nada, y ejemplos de que esto es posible existen por montones, o sino consulta la biografía de la gran Marie Curie.

Unirte a una turba furiosa que en sus multitudinarias movilizaciones crea caos y destruye la propiedad de otros, promueve los excesos, y cuya principal motivación es ese mismo odio que quieren vencer; dudo que mejoren el panorama o hagan que nos tengan más respeto. Tu odio se ha transformada ahora en una lucha manifiesta contra de los mal llamados “patriarcado opresor” y “hetero-normatividad”, instituciones como el Cristianismo, y medios de producción como el “capitalismo”. Con todo esto lo único que conseguirás, es vender tu más preciado tesoro al totalitarismo: TU LIBERTAD, a cambio de un poder que seguramente no disfrutarás.

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HUGO BALDERRAMA ES ECONOMISTA MASTER EN ADMINISTRACIÓN DE EMPRESAS Y PHD. EN ECONOMÍA

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Ingeniero Electrónico de la Universidad Nacional de Colombia Sede Manizales (Manizales Caldas, Colombia), y Especialista en Gerencia de Proyectos de la Escuela de Ingeniería de Antioquia (Envigado Antioquia, Colombia).

Socio y Administrativo de una franquicia educativa que imparte una metodología como complemento para que los alumnos mejoren su nivel académico. Facilitador calificado en la educación de jóvenes, niños y adultos en el área de las matemáticas. Promotor del desarrollo del potencial humano en términos de autodidactismo, autonomía, capacidad de trabajo, creatividad, defensa de los ideales, efectividad, atención, cálculo mental, síntesis, análisis, raciocinio y pensamiento lógico. Colaborador permanente de "The Mises Report", y en otras oportunidades del portal "MÁS+ Libertad".

Defensor de la libertad influenciado por las ideas de pensamiento desarrolladas en la "Escuela Austríaca de Economía"; cuyos máximos referentes son Ludwig von Mises, Carl Menger, Friedrich Hayek, Murray Rothbard, Hans-Hermann Hoppe, Jesús Huerta De Soto, Miguel Anxo Bastos, Daniel Lacalle, Juan Ramón Rallo, Peter Schiff, entre otros.

Miembro de "Libertarios de Antioquia" y "Antioquia Libre y Soberana", movimientos de inspiración libertaria para conseguir la independencia de Antioquia (Colombia) por medios pacíficos. Miembro a su vez de la Fundación Internacional Latinoamérica Libre, con sede en la ciudad de Quito (Ecuador), organización internacional privada, apartidaria y sin fines de lucro; cuya misión es la difusión de los beneficios éticos, jurídicos y económicos de la libertad en las Américas, con la visión de alcanzar una sociedad de personas libres, emprendedoras y responsables.

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