¿Por qué Colombia es una país multicultural?

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El filósofo mexicano León Olivé distingue entre multiculturalidad y multiculturalismo normativo. La multiculturalidad es la situación de que existen muchas culturas en el seno de una misma colectividad. Se dice, descriptivamente, que hay sociedades multiculturales pero no se avanza una fórmula ética o política. Pero mientras la multiculturalidad simplemente describe el hecho, el multiculturalismo normativo trata de sacar de él corolarios éticos o políticos, trata de normativizar, prescribe modelos de sociedad y a veces cae en un esencialismo étnico y cultural que es bastante oscuro porque en lugar de un trato justo entre las culturas, en lugar de una relación política entre ellas, patrocina el retraimiento, la separabilidad, la pureza de las etnias, cierto ensalzamiento a las culturas puras o lo que llama Habermas un ecologismo cultural.

¿Cómo interpretar el multiculturalismo en Colombia?

Como en tantos otros temas en los que se recurre a expresiones discutidas, deben precisarse significados al efecto de estar en realidades de criticar o suscribir fundamentadamente la concepción tras la palabra. Tal es el caso del multiculturalismo que, en vista de sucesos nuevos, se torna autoritario clarificar. En un plano, observamos con alarma que debido a acciones criminales, principalmente terroristas, en lugar de embestir contra el delincuente y el crimen se llega a la peregrina idea de que esos desatinos ocurren debido a que se permite la morada en el país en cuestión a foráneos. Esta actitud intransigente y nacionalista no parece entender que los delitos no son heredad de cierta ciudadanía sino solo de canallas entre los que se encuentran tanto originarios como foráneos. El terrorismo así ha extraviado la atención del verdadero inconveniente para cargar las tintas injustamente contra religiones, etnias, nacionalidades y demás peculiaridades del todo irrelevantes al tema que en verdad debe intranquilizar. De este modo, se procede a apocalípticas cazas de brujas inadmisibles para cualquier comunidad ilustrada. En este contexto, se emprende la caza a personas pertenecientes a otras culturas como si todas las personas ilustradas no fueran “ciudadanos del mundo” como decían los estoicos y como si la cultura fuera algo inquebrantable, estancado e inalterable sin comprender que las culturas individuales van cambiando con el correr del tiempo al ir concentrando nuevos conocimientos y perspectivas distintas.



También podemos interpretar el multiculturalismo como simplemente el respeto a todas las expresiones culturales que no lastiman derechos de terceros. Esta acepción es un canto a la libertad de elegir con quienes se desea establecer lazos de cualquier tipo que sea sin que nadie ni nada estorbe en esas decisiones que constituyen una de las declaraciones más importantes de las libertades individuales.

Por otro lado, hay quienes se empeñan en asimilar por la fuerza otras culturas y denominan “multiculturalismo” o “transculturalismo” a la política que impone desde los aparatos estatales esta visión trasnochada que es la mejor manera de crear conflictos y trifulcas entre personas que prefieren vincularse con otros que no son los que las estructuras políticas deciden.

Las legislaciones más conocidas y difundidas del multiculturalismo de este último tipo de interpretación han sido las de Canadá, Alemania, Inglaterra, EE.UU. y Yugoeslavia. Los actuales gobiernos de Alemania e Inglaterra hoy declaran que el multiculturalismo fue un fracaso estrepitoso pero, como decimos, el fiasco no se debe al respeto de otras culturas ni al hecho de otorgarles residencia a personas provenientes de esas manifestaciones culturales sino, como queda dicho, al hecho de haberlas impuesto en colegios, universidades, lugares de trabajo, sitios públicos, etc. todo lo cual provocó los problemas que son ampliamente conocidos y destacados por la prensa mundial.

El multiculturalismo en Colombia a partir de la Constitución de 1991

El derecho a la inclusión de las minorías étnicas a la nación colombiana ha estado marcado por un largo periodo de luchas sociales, en las cuales se han revelado las urgentes necesidades de los grupos que reclaman la atención del Estado. Cada período histórico ha desarrollado distintas formas de hacer de la inclusión una realidad. La Constitución Política de 1991 les ha concedido la participación política y ha adoptado los principios de pluralidad y multiculturalidad para hacer efectivo el reconocimiento a la heterogeneidad del pueblo colombiano.

Preguntas que surgen antes de finalizar: ¿es deseable el multiculturalismo? ¿Sería preferible evitarlo? ¿Funciona realmente el multiculturalismo? ¿Es posible en una sociedad multicultural tener una relación libre de tensión entre igualitarismo y tolerancia cultural religiosa?



Más allá de matices propios de cada contexto nacional, los países latinoamericanos se han distinguido, a partir de finales de los ochenta, por sus dinámicas de apertura oficial a la multiculturalidad y su traducción en multiculturalismo: reformas constitucionales, enfoque diferencial y acción positiva a favor de grupos de población considerados como particulares; ratificación de convenios destinados a asegurar la protección de las "minorías". Para el caso de Colombia -y de forma relativamente "pionera" en el continente-, el carácter multiétnico y pluricultural de la nación se hace explícito en la Constitución adoptada en 1991, con la que se les abre a los indígenas la opción de ser igual y diferente a partir de su acceso a derechos generales -en cuanto ciudadanos como cualquier otro- pero también específicos -en función de criterios étnico-culturales. Entre otros, la Carta Magna de 1991 asegura la presencia de tres cargos electos "de las comunidades indígenas" en el Congreso de la República -dos para el Senado y uno para la Cámara de Representantes- elegidos a través de circunscripciones especiales. En su artículo 171 estipula que "(habrá un número adicional de dos senadores elegidos en circunscripción especial por comunidades indígenas (…)". Asimismo, el artículo 176 prevé: "(la ley podrá establecer una circunscripción especial para asegurar la participación en la Cámara de Representantes de los grupos étnicos (…)", disposición que vendrá a ser reglamentada a través de la Ley 649 de 2001.

En todo caso, una muestra acabada de cultura es el espíritu del “ciudadano del mundo” y el abandono de los nacionalismos, siempre cavernarios. En una oportunidad Borges recordó que “en mis épocas juveniles, en Buenos Aires, una prostituta francesa costaba cinco pesos, una polaca tres, mientras que una argentina solo dos… en aquellos tiempos la gente no era nacionalista”.

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