Carta a los libertarios

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Defender la libertad siempre ha sido lo correcto porque es lo natural: lo que necesita justificaciones es el ejercicio del poder. Por defender la libertad se empezó a combatir contra la tiranía y la esclavitud por parte de quienes se reputaban hombres libres, pero por justificar el poder se llegó a esclavizar a quienes supuestamente prefirieron simplemente la vida a una vida digna (ósea, la de los hombres libres). Que por lo primero se pueda llegar a lo segundo no ha dejado de ser el dilema al cual se enfrentan quienes como ustedes, libertarios, han mantenido viva la lucha de la libertad contra el poder.

Cada que alguno de ustedes ha elevado un reclamo al poder para limitarlo es porque saben que de no hacerlo se termina es limitando alguna libertad. Si por oponer resistencia a la coacción o amenaza de ella se incurre en la misma por puro principio de autodefensa, inmediatamente se adquiere de forma legítima un poder el cual no deja de ser tentador usar en favor de quienes estén bajo opresión para así ser liberados. No otro fue el resultado con el que ustedes se ganaron la reputación de “liberales”, cuando en defensa de un rey ausente contra un rey usurpador, actuaron con tal generosidad o “liberalidad” ante los oprimidos como para que estos mejorasen la calidad de sus instituciones de gobierno con la que llevaban sus vidas.  Ustedes bien saben que no otra ha sido su voluntad por dicho procedimiento para constituir gobiernos debidamente legitimados por el consentimiento de quienes vincula, que incluso los ha llevado a ganarse la fama de “libertadores” cuando dicha voluntad quiso ser doblegada.

Ahora bien, el balance del esfuerzo de ustedes es halagador pero deja mucho que desear, ya que la plena correspondencia entre libertad y responsabilidad con la que uno de ustedes, apelando al “sentido común” justifico el gobierno en función de nuestras debilidades y la sociedad en función de nuestras necesidades, ha hecho creer a muchos que una vez eso está garantizado nos podemos dar el lujo de invertir los roles, como para garantizar nuestras necesidades como derechos y flexibilizar nuestros deberes debido a nuestras debilidades. El resultado de ello es que la defensa de la libertad se hace en contraposición a la de otros y no en complementariedad a la de ellos, de manera que se relativiza la libertad como una formalidad o peor aún, como un privilegio de pocos, logrando entonces confundir la defensa de la libertad con la exigencia de más poder.

No otra realidad como la antes descrita es la que ustedes ahora han tenido que afrontar ya no como “liberales” ni “libertadores”, sino como “libertarios”, aquella expresión con la que se identifica un vasto movimiento de personas que ha entendido que el mejor gobierno… es el autogobierno. Que solo en la medida en que nos hagamos plenamente responsables de nuestras vidas es que podemos dotarnos de la autoridad que da el ejemplo, quizá el único poder del que efectivamente ustedes aspiran a tener. Si con base a dicho poder se llegue al acuerdo entre ustedes de reputar conveniente buscar consensos en democracia y proceder a volverse candidatos a ejercer más poder, solo cabe recordar que la democracia premiar con facilidad simplemente a los más elocuentes, sensibleros e imprudentes.

Si ya entrados en democracia ustedes se dan cuenta que al momento de asumir responsabilidad por sus actos quienes son elegidos, se les oye decir que les faltó tiempo en el cargo o se lo impidieron sus adversarios. ¡Es en ese momento cuando hay que estar aún más alertas!, porque así es que se empieza a buscar concentrar el poder para ejercerse sin obstáculos, de manera que así quienes ostentan el poder, que ya de por si tiende a corromper, hace que se corrompan definitivamente.

Es por eso que, dado que concentrar el poder es un reto para muchos más difícil que crear riqueza, el político se ha llevado por delante los méritos de quienes como empresarios, propietarios, consumidores y contribuyentes hacen de nuestra vida más prospera, pero supuestamente no más virtuosa. Si solo se fomentara la prosperidad, se dice que la molicie, el lujo y la depravación reinarían y así han sido denunciadas por quienes contraponen la lógica del servicio con la del beneficio, haciendo que quienes nos cuenten la historia de nuestra especie en este planeta y de nuestra civilización en busca de la libertad, privilegie a los poderosos y su empeño en derribar los obstáculos que dificultan su ambición de poder. Poderosos quienes han luchado contra los adversos a concentrar el poder, como son aquellos “egoístas mezquinos” que solo piensan en enriquecerse y de los cuales es preciso liberarnos…

Lo anterior ha hecho creer entonces que libertad y organización son términos incompatibles, por considerar correctamente que vivir en libertad no es un modelo a implantar sino un orden natural a defender, porque en caso de que sean términos compatibles, toda organización que se precie de “libertaria” terminara por exigir lealtad en vez de inteligencia, que es finalmente el peligro de toda organización política. Es entonces que, dado que el pueblo existe por reunión mientras que las élites por unión, cualquier iniciativa de ustedes en democracia no dejara de ser otro ejercicio de minorías organizadas influenciando la opinión de mayorías dispersas. Aun así, su misión estará garantizada. Recuerden: si el precio de la libertad es su eterna vigilancia, no olviden entonces que dicha disciplina requiere autoridad: la autoridad de quien vive y deja vivir.

lozanoeastman@gmail.com | + posts

Periodista, ministro, banquero, abogado, economista, tolimense y caldense. El último de los republicanos y el primero de los anarquistas.

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