El Capitalismo que todos odiamos

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MI RECOMENDADO NETFLIX de esta semana es el genial documental (2017) “Saving Capitalism” (Salvando el Capitalismo). Basado en un libro con el mismo nombre del profesor de economía de la Universidad de Berkeley Robert Reich.

Para los más escépticos del sistema capitalista seguramente resultará paradójica y sin sentido la reflexión más importante que nos deja este original de Netflix, pero, seguramente dejará de ser así si toman el tiempo para verlo. Esta es, debemos salvar el capitalismo de los capitalistas.

Muchos en nombre del capitalismo no son nada capitalistas, antes bien, utilizan y manipulan el sistema político para alterar las reglas a su favor, como resultado, las mayorías se ven perjudicadas. Por una parte, los consumidores se convierten en cautivos que, sin alternativas, se ven obligados a comprar peores y más costosos productos y, por otra parte, los verdaderos empresarios que se la juegan sin ningún tipo de privilegio gubernamental (excepciones fiscales, subvenciones o legislación favorable).

Para ejemplificar, en EE.UU. varias compañías petroleras mimadas disfrutan de $4billones de excepciones fiscales, o tenemos la compañía Google que ha recibido $632 millones en subsidios del gobierno para construir un centro de datos, o el más conocido de todos, el departamento de agricultura en el que se gastan $20billones en subsidios para los más importantes productores. Y en total se estima que son $100billones de dólares los que se brindan para financiar la asistencia corporativa, es decir, empresas privilegiadas que han presionado a los políticos para obtenerlos.

En un sistema capitalista auténtico, de libre mercado, un empresario se enriquece satisfaciendo las necesidades de los consumidores. De esta forma son los consumidores los que cada segundo, con cada dólar puesto en un negocio, deciden que empresario se hará rico y podrá expandir su negocio, y que empresario se hará pobra e irá a la quiebra. Es a través de este método que el consumidor es el máximo soberano, es quien decide que empresa vive y que empresa muere, es el consumidor el que premia o castiga la buena o mala labor del empresario. En última instancia, el capitalista más egoísta del mundo deberá ser el mejor en proveer bienes y servicios para tener el beneplácito del consumidor y con ello, lograr hacerse millonario.

Por lo anterior es que en un sistema capitalista puro existe movilidad social, porque los gustos y preferencias de las masas cambian constantemente, y son las masas las que determinan quién se hace rico o pobre, lo que significa, que pueden hacer millonario a un cantante de reguetón o a un jugador de fútbol y la vez, pobre a un profesor de escuela o a un artista de violín al no demandar sus servicios.

Sin embargo, existe otra forma de adquirir riqueza. Una forma en la que no interesa satisfacer las necesidades del consumidor.

Este documental le permitirá entender la diferencia entre el capitalismo de libre mercado y el capitalismo de amigos o compinches (Crony Capitalism), entre el capitalismo limpio y el capitalismo sucio, entre el capitalismo auténtico y el capitalismo inauténtico, entre el liberalismo económico y el neoliberalismo, entre el poder económico y el poder político, entre el capitalismo para todos y el capitalismo para pocos, entre la desigualdad justa y la desigualdad injusta.

Aquella otra forma mencionada de adquirir riqueza es el llamado capitalismo clientelista (de amigos, compinches, sucio, neoliberalismo, etc). Veámoslo en palabras del conservador y republicano David Brat:

“Los hombres influyentes de cualquier industria se reúnen para proteger sus intereses a costillas del pueblo. El trabajo del gobierno es asegurarse de que eso no pase, pero en cambio, se han asegurado de hacerlo posible”.

Esta élite plutocrática opera del siguiente modo, en el lenguaje político suele llamarse “pay to play” (pagar para jugar). Empresarios burócratas financian campañas y operaciones políticas y estos posteriormente regresan el favor en forma de cuotas o partes de poder. Así, estos hombres ricos y con poder político manejan las reglas de juego a su favor.

Esto explica porque las condiciones de las generaciones actuales no son mucho mejores que las de sus padres. Explica porque hay menor movilidad social. El sistema lo viene estancando una élite que se perpetúa en el poder, un poder corporativo. Un poder corporativo donde no existe el libre comercio ni la libre competencia, donde son financiados y hasta rescatados con dinero del pueblo, donde ese pueblo debe pagar precios inflados de internet, tiquetes aéreos, seguros y medicinas porque priman los intereses proteccionistas y mercantilistas de la élite.

La verdadera lucha de clases es antisistema, es de los de abajo contra los de arriba, no, no es de los pobres contra los ricos, es de los productores contra los parásitos.

Los verdaderos trabajadores y capitalistas contra los “capitalistas” protegidos por el gobierno.

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Es el editor general The Mises Report y el anfitrión del podcast de the Libercast's show.

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