Cada día hay más recursos naturales

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La Tierra fue un 379.6 por ciento más abundante en 2017 de lo que fue en 1980.

¿Se nos están acabando los recursos? Esta ha sido una pregunta ardientemente debatida, desde la publicación de The Population Bomb [La Bomba Demográfica] de Paul Ehrlich en 1968. El biólogo de la Universidad de Stanford advirtió que el crecimiento de la población resultaría en el agotamiento de los recursos y en una catástrofe global. Según Ehrlich, “La batalla para alimentar a toda la humanidad se acabó. En la década de 1970, cientos de millones de personas pasarán hambre hasta morir, a pesar de cualesquiera programas de choque en que ahora nos encontremos acometidos. A esta fecha tan avanzada, nada puede prevenir un incremento sustancial en la tasa de mortalidad del mundo.”

El economista de la Universidad de Maryland, Julian Simon, rechazó las tesis de Ehrlich. En su libro de 1981, The Ultimate Resource [El Último Recurso], él afirmó que los humanos eran seres inteligentes, capaces de innovar su camino para salir de escaseces, por medio una mayor eficiencia, una oferta aumentada o un desarrollo de sustitutos. Él escribió:

“No hay razón física o económica de por qué la ingeniosidad y emprendimiento humano no pueden responder por siempre a las escaseces inminentes y a los problemas existentes, con nuevos artificios que, después de un período de ajuste, nos dejarán mejor que antes que el problema surgiera.”

UNA NUEVA DIMENSIÓN DEL ANÁLISIS

Un artículo recientemente publicado, del cual soy coautor con el profesor de economía de la Universidad Brigham Young, Gale Pooley, revisita el debate Ehrlich-Simon. En “The Simon Abundance Index: A New Way to Measure Availability of Resources” [“El Índice de Abundancia de Simon: Una Nueva Manera de Medir la Disponibilidad de Recursos”], vemos los precios de 50 productos esenciales, que cubren energía, alimentos, materiales y metales. Nuestros hallazgos confirman la tesis de Simon. Entre 1980 y 2017, la población del mundo aumentó de 4.46 miles de millones a 7.55 miles de millones; o sea, un 69 por ciento. No obstante, los recursos han llegado a ser substancialmente más abundantes.

Para llegar a nuestra conclusión, introdujimos cuatro nuevas formas de medir la abundancia de recursos. Ehrlich y Simon miraron los precios de los bienes, ajustados por la inflación. En nuestra medición, esos precios declinaron un 36 por ciento. Llevando el análisis un paso más hacia adelante, formulamos mirar los productos “con precios en el tiempo,” lo que nos permite ver el costo de los recursos en términos de trabajo humano. Hallamos que, comparado con el ingreso por horas global promedio, los precios de los productos cayeron un 64.7 por ciento entre 1980 y 2017.

En segundo lugar, la elasticidad precio de la población (EPP) nos permite medir la sensibilidad de la disponibilidad de recursos con respecto al crecimiento de la población. Encontramos que los precios en el tiempo de los productos declinaron 0.934 por ciento ante cada aumento de un uno por ciento en la población mundial. Puesto de otra forma, durante los últimos 37 años, cada ser humano adicional que nacía en nuestro planeta parece que ha hecho que proporcionalmente los recursos sean más abundantes para el resto de nosotros.

En tercer lugar, desarrollamos el Modelo de Abundancia de Simon, que usa los valores de la EPP para distinguir entre diferentes grados de abundancia de recursos, desde una abundancia decreciente en un extremo, hasta una superabundancia en el otro extremo. Considerando que los precios en el tiempo de los productos declinaron a una tasa proporcionalmente mayor que la población, encontramos que la humanidad está experimentando una superabundancia.

Finalmente, creamos el Índice de Abundancia de Simon (IAS), el cual usa los precios de los productos en el tiempo y el cambio en la población global, para estimar la abundancia general de recursos. El SAI representa el cociente del cambio en la población, con respecto al cambio en el precio en el tiempo, multiplicado por 100. Entre 1980 y 2017, la disponibilidad de recursos aumentó a una tasa de crecimiento compuesto anual del 4.32 por ciento. Esto significa que la Tierra fue 379.6 por ciento más abundante en 2017 de lo que fue en 1980.

¿QUÉ NOS ESPERA DEL FUTURO?

Basados en nuestro análisis de la relación entre disponibilidad de recursos y crecimiento de la población, pronosticamos que el precio de los productos en el tiempo podría caer un 29 por ciento adicional durante los siguientes 37 años. Por supuesto, mucho dependerá de las políticas e instituciones que los países prosigan. Para que declinen los precios en el tiempo y que aumente la abundancia de recursos, es necesario que se mantengan los incentivos de mercado y el mecanismo de precios. Porque es cuando los precios de los productos aumentan temporalmente, que la gente tiene un incentivo para usar los recursos más eficientemente, aumentar su oferta y desarrollar sustitutos más baratos.

El gráfico citado se encuentra en
[IMG]file:///C:/Users/jcorr/AppData/Local/Temp/msohtmlclip1/01/clip_image001.png[/IMG]

Las ideas revolucionarias de Simon relacionadas con la interacción mutuamente beneficiosa entre crecimiento de la población y disponibilidad de recursos naturales, que las confirma nuestra investigación, pueden ser contraintuitivas, pero son ciertas.

Los recursos del mundo son finitos en la misma manera que las teclas de un piano son finitas. El instrumento tiene sólo 88 notas, pero estas pueden ser tocadas en una variedad infinita de formas. Lo mismo rige para nuestro planeta. Los átomos de las Tierra pueden ser fijos, pero las combinaciones posibles de esos átomos son infinitas. Entonces, lo que importa no son los límites físicos de nuestro planeta, sino la libertad humana para experimentar y reimaginar el uso de los recursos que tenemos.


Traducción por Jorge Corrales. El texto original en inglés aquí.

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es analista de políticas públicas del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute y editor del sitio Web www.humanprogress.com

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