Burocracia en empresas privadas: ¿es posible?

Burocracia en empresas privadas: ¿es posible?

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Suele igualmente afirmarse, pero en otro terreno ahora, que no prevalecen ya en nuestro mundo los presupuestos exigidos por la realización del ideal liberal. La gran empresa moderna, engendrada por la división del trabajo, exige que cada entidad emplee cada vez mayor número de personal.

Tales compañías, consecuentemente, van rápidamente asemejándose a la burocrática administración pública que los liberales tanto critican. Devienen, día a día, menos abiertas a la evolución. Los correspondientes empleados y funcionarios superiores ya no se eligen con arreglo a su personal valía, sino de acuerdo con meros criterios formales, tales como la antigüedad o la formación puramente académica, cuando no por puro favoritismo del jefe.

Aquella otrora clara diferencia, en cuanto a su modo de actuar, entre la empresa de condición privada con respecto a la pública va rápidamente desapareciendo. Cabía, todavía, en la época del liberalismo clásico, oponerse a la propiedad pública sobre la base de que paralizaba la iniciativa y acababa con la alegría del trabajo. Tal postura hoy no es ya admisible siendo así que la administración en la empresa privada es no menos burocrática, pedantesca y formalista que en la pública. Para ponderar debidamente la validez de las anteriores objeciones, conviene, en primer lugar, dejar claro qué significan burocracia y gestión burocrática de una entidad y en qué se diferencian de la actividad empresarial y la gestión lucrativa privada de la empresa.

Burocracia en empresas privadas: ¿es posible?

La oposición entre mentalidad comercial y mentalidad burocrática es, en el plano intelectual, copia de la que existe entre capitalismo, o propiedad privada de los medios de producción, y socialismo, es decir, propiedad pública de dichos factores. El sujeto que tiene elementos productivos a su disposición, bien sean propios, bien prestados por sus propietarios a cambio de determinada compensación, tiene que poner siempre especial cuidado en emplearlos del modo que satisfagan, en cada momento, las necesidades de la sociedad más urgentemente sentidas.

De no proceder así, incurrirá en pérdidas; tendría, como propietario o empresario, que reducir sus actividades, viéndose finalmente desahuciado de tales posiciones. Retorna entonces el sujeto a las filas de quienes se limitan a vender su capacidad laboral, cerrándosele la posibilidad de orientar la producción por aquellas vías que los consumidores estiman ser las más correctas.

Empresarios y capitalistas, a través del cálculo de pérdidas y ganancias, suma y esencia de esa contabilización que el hombre de negocios precisa, pueden seguir, con la máxima exactitud posible, cada paso que dan en el proceso productivo percatándose, hasta donde cabe, de las consecuencias que cada individual operación tiene en el resultado final del conjunto de la empresa.

El cálculo monetario y la contabilización de costos constituyen las decisivas armas intelectuales del empresario capitalista. Nada menos que un Goethe definió la contabilidad por partida doble como «uno de los más admirables descubrimientos de la mente humana»; podía así pronunciarse el poeta alemán precisamente porque no comparten ese típico resentimiento que el mezquino escritorzuelo siente contra el hombre de empresa. Forma éste, con gentes semejantes, ese sempiterno coro que denuncia, como el más vergonzoso de los pecados, al cálculo económico y la preocupación por las pérdidas y las ganancias.

Fragmento del libro Liberalismo de Ludwig von Mises.

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Fue un economista austríaco de origen hebreo, historiador, filósofo y escritor liberal que tuvo una influencia significativa en el moderno movimiento libertario en pro del mercado libre y en la Escuela Austríaca.

Planteó lo perjudicial del poder e intervención gubernamentales en la economía que, según su teoría, por lo general llevan a un resultado distinto al natural y por esto muchas veces perjudicial para la sociedad, ya que generan caos en el largo plazo.

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