¿Bolsonaro tomará el camino de Chile o Venezuela?

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Perceptiblemente, Brasil se está aferrando a la libertad económica, al empezar a darse cuenta de que el gobierno es simplemente un eufemismo de despilfarro.

En su trabajo, The Voice of Reason, Ayn Rand enseñó que

“El capitalismo ha sido llamado un sistema de avaricia ̶ a pesar de ello, es el sistema que más ha elevado el estándar de vida de sus ciudadanos más pobres, a alturas que ningún sistema colectivista en vez alguna haya empezado a igualar, y que ninguna pandilla tribal puede concebir.”

A pesar de los esfuerzos de Rand por explicar el impacto positivo del capitalismo sobre la sociedad, en el transcurso de los años, algunos países de América del Sur han decidido abandonar sus lecciones e intentar medidas socialistas, a expensas de la riqueza de los ciudadanos.

En décadas recientes, todo el continente ha apostado por las ideas socialistas; sin embargo, hasta el momento la mayoría de los países suramericanos ha experimentado los fracasos de esa teoría política y económica. A pesar de lo anterior, entre tantas economías socialistas, un país destacó positivamente, debido a que fue salvado por las ideas de los “Muchachos de Chicago”.

EL IMPACTO ECONÓMICO SIGNIFICATIVO DE LOS “MUCHACHOS DE CHICAGO”

Ese fue un grupo de estudiantes chilenos que estudió economía bajo la guía de Milton Friedman y de Arnold Harberger. Estos jóvenes economistas conducirían a Chile a una era de prosperidad conocida como “el milagro económico chileno”, que representa un período de puesta en marcha sin precedentes de ideas de libre mercado y de crecimiento económico.

Antes que esa transformación radical tuviera lugar en Chile, el país estaba atormentado por los errores de Salvador Allende y sus predecesores, quienes habían gobernado a Chile con un excesivo control estatal. Cuando Allende fue removido de su posición presidencial, Chile estaba sufriendo los efectos de la hiperinflación con una tasa del 286 por ciento, la quiebra del gobierno, una escasez severa de alimentos básicos y la caída de las estructuras económicas y políticas del país.

En 1974, tuvo lugar un golpe de estado que le dio la presidencia de Chile a Augusto Pinochet. El nuevo régimen militar decidió permitir a un grupo de expertos liberales clásicos, poner en marcha ideas de libre mercado y de principios del capitalismo y libertad y, en tanto que pueda parecer paradójico considerar que esas ideas fueron puestas en practica durante un régimen militar, Pinochet confió en los jóvenes economistas liberales clásicos para llevar a cabo esas políticas laisseferianas.

Es importante destacar que, si bien Chile desarrolló una economía fuerte, se dio con el costo de grandes violaciones a los derechos humanos, con una plétora de crímenes y víctimas durante el régimen de Pinochet (1974-1990).

A pesar de los caóticos horrores perpetrados por Pinochet, los Muchachos de Chicago lograron desarrollar un plan económico que impulsara una revolución de libre mercado, la que legaría a los chilenos un resultado económico positivo, una expansión de la economía y haciéndola más fuerte.

Como resultado positivo de la revolución chilena de libre mercado, la economía ha florecido y se ha fortalecido. Esto ha hecho de Chile un ejemplo clave del poder del libre mercado y del capitalismo con una intervención gubernamental limitada. Los datos y los hechos no mienten. La tasa de pobreza de Chile indica que ella ha tenido un descenso importante desde 1990. La tasa de inflación también ha disminuido drásticamente, desde su nivel más alto de 746.3 por ciento en abril de 1974, a sólo un 2 por ciento en marzo del 2019. No obstante, la magia del libre mercado no se detuvo allí.

LA PROSPERIDAD ECONÓMICA COMO RESULTADO DE LA LIBERTAD

Con la privatización de su sistema de pensiones, Chile empezó a experimentar un nivel alto de crecimiento económico y de prosperidad individual ̶ tanto que es hoy el país más rico de América del Sur (con el PIB per cápita más alto), así como es el más libre entre los países suramericanos.

Según el Índice de Libertad Humana del 2018 del Instituto Cato, Chile ocupa la posición 32 en la clasificación general, que analizó un total de 162 países. Es el país más libre entre sus vecinos: Uruguay (34), Perú (47), Surinam (67), Paraguay (72), Ecuador (83), Colombia (87), Bolivia (92), Argentina (107) y Venezuela (161).

De todos los países acabados de citar, Brasil sólo califica más alto que su vecino suramericano Venezuela (161), penúltimo de toda la clasificación. Venezuela sufre ahora con la puesta en práctica de medidas socialistas por el dictador Nicolás Maduro. Es una realidad abrumadora que los brasileños viven en un país que, en términos de libertad, está más cerca de Venezuela que de Chile.

La libertad se consigue a expensas de la responsabilidad y no todo país está dispuesto a recortar el gasto gubernamental, aumentar la austeridad y actuar dentro de sus presupuestos. En el flanco opuesto del lado político y económico, con una intervención gubernamental extrema y un gobierno represivo basado en la máxima restricción de los derechos individuales, está Venezuela, un país que otrora fuera el más rico de América del Sur.

La verdad es que los venezolanos votaron a favor de un camino hacia el socialismo, al elegir a Hugo Chávez en 1999. Como fundador del Movimiento Revolucionario Bolivariano, Chávez utilizó el discurso populista para engañar a los venezolanos, para que creyeran que el gobierno debería tener el control total de la economía y que el socialismo mágicamente resolvería los problemas de todos. Una nación, que en otra época fue un país progresista, se había convertido ahora una nación en ruinas, una representación directa de las consecuencias del socialismo.

En efecto, Venezuela ha hecho lo opuesto de lo que hizo Chile. Chávez implantó leyes orientadas a la redistribución de tierra y riqueza, con un total desprecio por el derecho a la propiedad privada. Él confiscó tierras y nacionalizó empresas claves en los sectores de la energía y de las telecomunicaciones. La industria petrolera había sido nacionalizada años atrás, en la década de los setentas, pero, en 1999, Chávez incrementó la participación del gobierno en aquella. En el 2005, impuso regulaciones a los medios que destruyeron la libertad de prensa. Después de su muerte en marzo del 2013, Nicolás Maduro continuó imponiendo la utopía socialista que continúa destruyendo a Venezuela.

LA PROSPERIDAD Y LA POBREZA REFLEJADAS EN GRÁFICOS

Es posible encontrar suficientes datos para analizar la declinación progresiva de la economía venezolana, en especial cuando se le compara con la economía de Chile. Por ejemplo, la tasa de pobreza de Venezuela aumentó significativamente entre el 2009 y el 2015. Los números mostraron una realidad tan catastrófica, que el gobierno venezolano dejó de publicar estadísticas económicas en el 2015. El gráfico que se presenta a continuación, muestra el ascenso de la línea de pobreza en Venezuela con el paso de los años:

El siguiente gráfico muestra una comparación del recuento de pobreza, con base en las líneas de pobreza nacional, entre Venezuela, Brasil y Chile. Sin que sorprenda, Chile ha desempeñado una mejor tarea de reducir la pobreza que Brasil y Venezuela, a pesar de las falacias en Suramérica acerca de los mercados libres y del capitalismo.

Como consecuencia de las desastrosas decisiones políticas y económicas del gobierno venezolano durante décadas, la tasa de inflación de Venezuela también se disparó a niveles sin precedentes, llegando al nivel más alto de todos los tiempos de un 2.688.679 por ciento. El gráfico que sigue muestra la tasa de inflación en orden cronológico:


Los efectos de la hiperinflación han sido tan devastadores, que los venezolanos necesitan una carretilla para llevar el efectivo para comprar pan. Para darles a los lectores una idea más exacta de qué tan seria es la situación económica, de seguido se presenta una imagen que muestra un rollo de papel higiénico a la par de su precio, 2.600.000 en bolívares, la moneda venezolana que era equivalente, en agosto del 2018, a 0.40 dólares de los Estados Unidos.

En un análisis de los datos económicos, el PIB per cápita de Venezuela es también menor que el de diversos países de Suramérica. En el 2014, la última vez que se registró el PIB per cápita de Venezuela era de $13.709.04. En esa misma fecha, Chile registró un PIB per cápita de $14.893,88, mientras que Brasil registró un PIB per cápita de $11.870,10.

El control estatal excesivo de Venezuela ha dado lugar a una plétora de resultados políticos, sociales y económicos, pero los principales son la epidemia de la pobreza, la carencia de alimentos debido a la escasez de bienes, la desaparición de estadísticas económicas, la hiperinflación, la quiebra del gobierno y del sector privado, la corrupción gubernamental, la ausencia de medicinas y, en última instancia, los subsidios gubernamentales a los alimentos, que son insuficientes para alimentar a la población hambrienta.

Un ejemplo de los resultados de esos escenarios socioeconómicos tristes es que los venezolanos ahora están buscando huir de la nación y se dirigen a los países vecinos en busca de ayuda para satisfacer las necesidades humanas más básicas. Si algo puede decirse en una comparación entre Chile y Venezuela, es que, mientras las ideas de libre comercio dispararon la economía de Chile, mejorando también las vidas de los chilenos, las medidas socialistas en Venezuela no han traído nada más que escasez, muerte, hambruna, autoritarismo y un irrespeto total a los derechos de los individuos.

UNA OPORTUNIDAD PARA UN NUEVO CAPÍTULO

Ahora Brasil ha empezado un nuevo capítulo en su historia política. No obstante, desde el 2003 al 2016 fue gobernada por el Partido de los Trabajadores, oficialmente conocido como el “Partido dos Trabalhadores,” un partido político que ha diseminado la misma ideología que en una época fue compartida por Hugo Chávez y ahora llevada a cabo por Nicolás Maduro. Como resultado, a los brasileños de les heredó una muy pesada carga económica, que ahora están enfrentando una inflación mayor, una tasa de desempleo más alta, con el pico más alto en marzo del 2017 de 13.7 por ciento, importantes empresas privadas y gubernamentales yendo a la quiebra, un sistema de pensiones operando con un déficit, corrupción, estancamiento económico y una Corte Suprema que parece servir sólo a los políticos, en vez de mantener el principio de legalidad.

Con suficiente evidencia empírica obtenida de un análisis de los últimos 15 años de política brasileña, es axiomático que el país ha sido destruido económica y socialmente por las ideas socialistas, puestas en práctica en las últimas décadas. En una comparación de los años 2015 y 2018, el Índice de Libertad Humana del Instituto Cato, que califica a la generalidad, Brasil cayó de la posición 82 a la 123 en el 2108. Eso ha hecho que la nación sea la segunda menos libre de Suramérica, tan sólo siendo más libre que Venezuela.

Después del trastorno político iniciado en el 2014 con la Operación “Lavajato”, una investigación que descubrió una red de corrupción, finalmente Brasil tomó los primeros pasos hacia un economía de más libre mercado y un estilo lasseferiano de política, cuando detuvo el ciclo izquierdista eligiendo a Jair Bolsonaro, un presidente que se declara a sí mismo como contrario al socialismo y a las políticas orientadas hacia la izquierda. Brasil también ha logrado tener sus propios “Chicago Boys” en el equipo presidencial, con el ministro de Economía Paulo Guedes y muchos más graduados de economía de la Universidad de Chicago.

Aún más, el ministro Guedes está ahora tratando de que se apruebe una reforma al sistema de pensiones de Brasil. Reduciría el gasto del gobierno federal en pensiones desproporcionadas para políticos, personal militar retirado y trabajadores públicos de la rama judicial. La medida buscar ahorrarle a la sociedad brasileña miles de millones de dólares y reducir el riesgo de una inflación mayor y otros resultados económicos negativos. Un sistema de pensiones bien balanceado hará más viable la atracción de inversionistas.

Perceptiblemente, Brasil se está aferrando a la libertad económica, al empezar a darse cuenta de que el gobierno es simplemente un eufemismo de despilfarro. Después de ser testigos de la ubicuidad notoria del poder destructivo del gobierno en el caso de Venezuela y del éxito de Chile debido a las ideas de libre mercado, los brasileños se deberán preguntar a sí mismos, “¿Qué es lo que en realidad queremos?

Dada la comparación socioeconómica entre Brasil y Venezuela, no debería existir duda acerca de cuál camino seguir, para que pueda llegar a ser una nación más libre y más próspera.


Traducción por Jorge Corrales.

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