El Big Data es asombroso, pero al margen del gobierno

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El término Big Data hace referencia a la recopilación y análisis de complejos conjuntos de datos a través de tecnología digital avanzada. Este concepto promete cambiar sustancialmente nuestra manera de vivir, convirtiendo los datos en herramientas para la eficiencia, la productividad y la innovación.

Según el ex Ministro de Universidades y Ciencia del Reino Unido, David Willets, el país está en capacidad de asumir el reto. Por un lado, cuenta con 25 de las 500 computadoras más potentes del mundo; por el otro, posee una ventaja comparativa en la tecnología de la información gracias a dos elementos: buenas habilidades en matemáticas e informática y la existencia de los mejores conjuntos de datos en campos tan diversos como la demografía, la agricultura, la salud y la meteorología.

Un estudio reciente reveló que el análisis de grandes datos podría crear 58.000 nuevos puestos de trabajo y contribuir con 216 billones de libras esterlinas a la economía británica (2.3% del PIB) para el período comprendido entre 2012 y 2017. Debido a su potencial, el Big Data entró en la categoría de las “Ocho Grandes Tecnologías” a las que los futuros gobiernos deberían prestar apoyo especial.

Al respecto, es posible observar dos objetivos principales en la política de Big Data (aunque el término no se encuentra explícitamente en el Programa presentado por la Primera Ministra Theresa May para los próximos cinco años): en primer lugar, fortalecer la infraestructura de datos del Reino Unido canalizando la inversión en un nuevo “Fondo de Inversión en Productividad” que incluirá £740 millones para ese rubro a finales de 2020; y segundo, promover la aplicación de Big Data en todos los niveles de gobierno para producir “bienes y servicios públicos de calidad”.

Al adoptar una visión de mercado libre podemos identificar inmediatamente la maldad inherente a estos objetivos.

El primero de ellos no es más que una aplicación de la doctrine del “Estado emprendedor”, según la cual el Estado debe liderar el proceso de desarrollo tecnológico invirtiendo grandes sumas de dinero en proyectos prometedores, como el Big Data. Existen dos razones por las cuales esa idea es perjudicial:

  1. El Big Data es una idea que surgió en el sector privado. En la década de 1960 dos investigadores de la Asociación de los Sistemas Informáticos (Association for Computer Machinery) fueron los primeros en proponer el desarrollo de una máquina para comprimir e interpretar grandes cantidades de datos. En ningún momento el Estado intervino, y no tiene por qué hacerlo ahora. La infraestructura de datos del Reino Unido se puede desarrollar de manera 100% privada. Si el gobierno interviene, lo más seguro es que anule la experimentación descentralizada e incremental (ensayo y error) que se produce en el mercado.
  2. El economista estadounidense Austan Golsbee señala que la inversión pública en tecnología no aumenta la cantidad de innovación sino su precio, representado en el salario de los científicos e ingenieros. Eso significa que se generará una redistribución del ingreso hacia dichos grupos. La evidencia parece apoyar esta afirmación. Se espera que para este año, el salario promedio de un ingeniero de Big Data suba por lo menos un 8%. Entre 2015 y 2016, aumento en 7%.

Pero, ¿podría ser éste un fenómeno del libre mercado? No precisamente. Es interesante ver que desde 2012, cuando el gobierno puso la mira en el Big Data, la demanda de científicos e ingenieros de datos ha aumentado drásticamente. Este hecho puede sugerir un shock de demanda impulsado por el Estado. A medida que aumenta la demanda por mano de obra, su precio (salario) también lo hace, lo cual puede explicar las cifras antes mencionadas.

El segundo objetivo de la política de Big Data es aún peor. Bajo el pretexto de producir mejores bienes y servicios públicos, el gobierno tendrá la posibilidad de usar los datos de millones de personas a voluntad. Otro aspecto preocupante del uso de Big Data por las agencias gubernamentales es que despierta la fantasía de la planificación central: un burócrata astuto podría pensar que es suficiente recopilar e interpretar millones de piezas de información personal, para identificar las preferencias individuales y dirigir a la sociedad con base en ellas. Ya sabemos que esto no termina bien… ¿No lo crees, Unión Soviética?


Traducción del artículo “Big Data is awesome, as long as the government stays out” publicado originalmente en The Libertarian Alliance blog.

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Economista. Anarcocapitalista y paleolibertario. Aficionado a la historia económica y a la teoría monetaria.

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