Bajo el capitalismo la gente es menos egoísta

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Por qué el individualismo y el libre intercambio hace que la gente sea más altruista y confiable.

Hace varios años, un estudiante de los míos en la carrera de Maestría en Administración de Negocios, había inmigrado desde Albania, después de crecer bajo el comunismo. Ella compartió con sus compañeros lo que observó eran las diferencias más inesperadas entre las mentalidades de los estadounidenses y los albaneses.

Ella se emocionó mucho al explicar cómo en Albania la caridad era escasa –no era común que alguien atendiera a otra persona distinta de usted y de su familia. En contraste, ella experimentó a los estadounidenses como siendo generosos y solidarios.

Mi estudiante describió qué tan exasperada se sintió al escuchar la aseveración de que el capitalismo conduce a la supervivencia de la mentalidad que mejor se adapte. En su experiencia, era lo opuesto; bajo el comunismo, la mentalidad era no preocuparse por otros.

Hoy en día, ella tiene más razones para exasperarse. Entre grades segmentos de la sociedad, se acepta como una verdad la creencia de que el capitalismo nos enseña a ser tan egoístas, que llegamos a desinteresarnos por el bienestar de otros. El editor de la Fundación para la Educación Económica, Dan Sanchez, hace la observación (Dan Sanchez observes) de que “Algunos llegan tan lejos hasta para demandar la abolición del capitalismo a favor del socialismo, para restaurar plenamente en los corazones de la humanidad la benevolencia y la promoción intencionada del interés público.”

En su libro The Fear Factor ( The Fear Factor), la profesora de neurociencias Abigail Marsh hace notar que “la mayoría de quienes respondieron las encuestas en los Estados Unidos y en otras partes, creen que la gente es, como regla, egoísta, preocupada con su interés propio y poco fiable –y que eso va empeorando.”

A pesar de ello, la adopción generalizada de una creencia no hace que esa creencia sea cierta. El capitalismo suscita el altruismo.

LA NATURALEZA DE LA HUMANIDAD

Marsh demuestra que “un conjunto abrumador de datos científicos apoya la conclusión de que los seres humanos en ninguna forma son esencialmente egoístas o crueles.” En todos nosotros existe la capacidad para la compasión y, al mismo tiempo, la capacidad para la crueldad y la agresión.

Los seres humanos perfectos no son posibles. De acuerdo con Marsh, la verdadera pregunta es, ¿Cuándo expresamos compasión versus crueldad, y por qué y a quién?

Los hallazgos de investigaciones indican que “los Estados Unidos son una nación más generosa que casi toda otra nación sobre la tierra.” Confirmando las observaciones de mi estudiante albana, los datos encuentran que los estadounidenses especialmente “se destacan por dar ayuda a extraños en necesidad.”

Escribe Marsh:

“Con respecto a cualquier marco de referencia razonable, las sociedades humanas modernas son generosas, pacíficas, compasivas y mejoran continuamente. Podemos tan sólo ser considerados egoístas y violentos en comparación con una sociedad utópica, en la cual no sucede violencia o crueldad alguna –una comparación algo injusta, considerando que no hay evidencia de que alguna vez haya existido tal sociedad.”

Se pueden imaginar utopías que son más altruistas que las sociedades capitalistas, pero las sociedades capitalistas son más generosas que las sociedades colectivistas del mundo real.
EL CAPITALISMO AMPLÍA NUESTRO CÍRCULO DE COMPASIÓN

Marsh define al altruismo como “actuar con el objetivo final de beneficiar al bienestar de otro.” Ella explica que “el altruismo no es simplemente un asunto de tener la habilidad de experimentar la compasión y brindar cuido. Casi que todo mundo puede ser compasivo y proporcionar el cuidado –al menos con cierta gente. La pregunta verdadera es, ¿qué hace usted con esa capacidad cuando la persona que necesita de su compasión y generosidad es un extraño?

En las sociedades tribales y colectivistas, hay poca consideración por los extraños ( there is little regard for strangers). Marsh explica por qué:

“Un énfasis en los lazos grupales requiere que los miembros de las culturas colectivistas hagan distinciones claras entre los miembros del grupo, cuyo bienestar, objetivos e identidades son profundamente interdependientes, y todos los demás. Y se da relativamente poco valor al bienestar de todos los demás… El colectivismo se asocia con bajos niveles de lo que se llama la movilidad relacional, dando a entender que las redes de relaciones en la sociedad colectivista no sólo son fuertes e interdependientes, sino también estables con el paso del tiempo. Un colectivista puede suponer que sus relaciones más estrechas permanecerán siendo su relación más cercana por años o décadas en el futuro.”

En resumen, Marsh reporta que “décadas de investigación en psicología social también hacen que sea extremadamente claro que, dividir a la gente en grupos claramente definidos, es una gran manera de hacer que ellos traten peor a miembros de otros grupos.”

Qué curioso es que aquellos quienes proclaman su gran amor por otros, a menudo promueven políticas de identidad tribal, la cual está correlacionada con tratar peor a aquellos que están fuera del “grupo” de uno.

Al contrario del colectivismo, el capitalismo amplía nuestro círculo de compasión para incluir a extraños. Tal como lo expone Marsh, “en las culturas individualistas, una movilidad relacional alta significa que cualquiera que no es familiar podría ‘algún día convertirse en un amigo.’”
En un artículo en la revista Forbes, A Virtuous Cycle ( A Virtuous Cycle), James Surowiecki explica por qué el capitalismo promueve “la confianza, la honestidad y la decencia” incluso con extraños. Escribe Surowiecki,

“La evolución del capitalismo ha ido en dirección de una mayor confianza y transparencia y de un comportamiento menos egoísta; no es por coincidencia que esta evolución haya traído consigo una mayor productividad y crecimiento económico.”

“Esa evolución, por supuesto, no se ha presentado porque los capitalistas son gente naturalmente buena. En vez de eso, ha tenido su lugar debido a los beneficios que trae la confianza -esto es, confiar y de ser alguien en quien confiar- son potencialmente inmensos y debido a que un sistema de mercado exitoso enseña a la gente para que reconozca esos beneficios. En este punto, es bien demostrado que las economías florecientes requieren de una nivel sano de confianza en la fiabilidad y justicia de las transacciones de todos los días.”

Surowiecki hace la observación de que, bajo el capitalismo, la confianza se construye mediante el intercambio y no sólo con base en relaciones personales:

“La confianza habría sido sólo el producto de una relación personal -confío en esa persona porque la conozco- en vez de un supuesto más general sobre el cual poder hacer negocios. El verdadero triunfo del capitalismo en los siglos XIX y XX fue que la confianza estaba entretejida en la tela básica de los negocios de todos los días. Comprar y vender no era ya tan sólo acerca de una conexión personal. Ahora era acerca de la virtud del intercambio mutuo.”
EL CAPITALISMO CONDUCE AL ALTRUISMO

El surgimiento del altruismo que Marsh observa se ha presentado concurrentemente al surgimiento del capitalismo. Esta correlación no es espuria. Para hacer negocios, aprendemos a confiar en extraños y en lograr que los extraños confíen en nosotros. En consecuencia, estamos poniendo “un mayor valor al bienestar de los extraños.”

Marsh se refiere a incrementos en la calidad de vida: “La proporción de gente que vive en pobreza extrema… Se redujo de alrededor de un 90 por ciento de la población de todo el mundo en 1820 a tan sólo un 10 por ciento en la actualidad.” Agrega ella, “estos aumentos en prosperidad y calidad de vida ha sido la fuente de muchos otros efectos río abajo –los cuales incluyen tendencias positivas en curso de generosidad y altruismo hacia los extraños.”

Entre más capitalismo, mayor compasión y altruismo hacia los extraños. Surowiecki observó cómo el capitalismo “estimulaba al universalismo por encima del provincialismo… una disposición de hacer y mantener las promesas –a menudo a los extraños y a los extranjeros… [así como] un sentido de responsabilidad individual en vez de grupal.”

Puesto que, tal como escribe Surowiecki, “La relación entre capitalismo y humanitarismo es ahora esencialmente invisible,” mucha gente formula el alegato absurdo, contrario a los datos, de que el colectivismo conducirá a una sociedad más caritativa.

Existe una hermandad de humanidad; y el capitalismo -no el colectivismo- muestra el camino.

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Estudia abogacía en la Universidad del Tolima.
Email: jpablohayek@gmail.com.

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