Antonio Gramsci: padrino del marxismo cultural

Gramsci vio a iglesias, organismos de caridad, medios de comunicación y escuelas como organizaciones que necesitaban ser invadidas por pensadores socialistas.
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Es de poca discusión el hecho que en la actualidad moderna de los Estados Unidos, las universidades, la educación pública, los principales medios de comunicación, Hollywood y grupos de promoción política, están dominados por izquierdistas. Eso no es accidental, sino parte de una estrategia deliberada de abrir camino hacia la revolución comunista, desarrollada hace más de diez décadas por un teórico italiano de la política llamado Antonio Gramsci.

Descrito como uno de los más importantes e influyentes teóricos marxistas del mundo a partir del propio Marx, si usted no está familiarizado con Gramsci, debería estarlo.

Al comunista italiano (1891-1937) se le atribuye el esquema que ha servido de base al movimiento cultural marxista en los Estados Unidos actualmente.

Después de ser considerado en la década de los sesenta por el estudiante activista alemán Rudi Dutschke como “la larga marcha a través de las instituciones”, Gramsci escribió en los años treinta acerca de una “guerra de posicionamiento” para que los socialistas y comunistas corrompieran la cultura occidental desde adentro, en un intento por obligarla a redefinirse.

Gramsci usó metáforas de la guerra para distinguir entre una “guerra de posicionamiento” -que la comparó con la guerra de trincheras- y “la guerra de movimiento (o de maniobra)”, que sería un asalto súbito y pleno la cual terminaría en un levantamiento social total.

En el libro The Antonio Gramsci Reader, editado por David Forgacs, Gramsci aclara el desarrollo de una nueva forma de estrategia para abrirle la puerta a la revolución socialista.

Gramsci aseveró que la revolución bolchevique de 1917 en Rusia, funcionó porque las condiciones estaban maduras para ese levantamiento súbito. Describió la revolución rusa como ejemplo de una “guerra de movimiento”, debido al derrocamiento súbito y total de la estructura gobernante existente en una sociedad. Gramsci razonó que, en la Rusia de 1917, “el Estado lo era todo, la sociedad civil era primigenia y gelatinosa”.

Así, un ataque directo sobre los gobernantes del momento podía funcionar debido a que no existía alguna otra estructura significativa o instituciones de influencia política que fuesen  necesario superar.

En contraste, en las sociedades occidentales, observó Gramsci, el Estado es “sólo un último esfuerzo desesperado” detrás del cual yace una sociedad civil robusta y firme.

Gramsci creía que las condiciones de Rusia en 1917, que posibilitaron la revolución, no se materializarían en los países capitalistas más avanzados de Occidente. La estrategia debería ser diferente y debía incluir un movimiento democrático masivo, una lucha ideológica.

Su apoyo hacia una guerra de posicionamiento, en vez de una guerra de movimiento no era una refutación de la revolución como tal, sino sólo una táctica diferente  ̶una táctica que requería la infiltración de organizaciones influyentes que integran la sociedad civil. Gramsci comparó esas organizaciones con las “trincheras”, desde donde se llevaría a cabo la guerra posicional.

“Las estructuras masivas de las democracias modernas, tanto como organizaciones estatales o como complejos de asociaciones de la sociedad civil, son, para el arte de la política, como si fueran las ‘trincheras’ y las fortificaciones permanentes al frente en la guerra de posicionamiento: ellas actuan de manera ‘parcial’ a las  maniobras que antes se usaron en la ‘totalidad’ de la guerra, etcétera”.

Gramsci declaró que un “ataque frontal” a las instituciones establecidas, como los gobiernos en las sociedades occidentales, puede enfrentar una resistencia significativa y, por tanto, requerir de una preparación mayor  ̶ siendo la base principal el desarrollo de una voluntad colectiva entre la gente y la toma del liderazgo dentro de la sociedad civil y de posiciones políticas claves.

Es importante tener en cuenta que el objetivo final de Gramsci es todavía el socialismo y derrocar al orden capitalista. Su contribución fue esquematizar una estrategia diferente para que ello se diera.

Como lo describe Forgacs, “La guerra de movimiento es un asalto frontal al Estado, mientras que la guerra de posicionamiento se conduce principalmente en el terreno de la sociedad civil”.

Gramsci comparaba la “guerra” política con la guerra militar, con su guerra de movimiento parecida al asalto frontal de un ataque militar rápido al espacio que se abre en las defensas del enemigo, para lograr una victoria definitiva y rápida.

En contraste, Gramsci comparaba la guerra de posicionamiento con la guerra de trincheras, plantándose para una lucha de largo plazo, con victorias estratégicamente pequeñas, para ganar territorio pedazo a pedazo. La guerra de posicionamiento se caracteriza también por una abundancia de suministros para reemplazar a las tropas y una “gran masa de hombres en armas”.

Gramsci aseveró que una guerra de posicionamiento es necesaria en las sociedades capitalistas avanzadas, en donde la sociedad civil se ha convertido en una “estructura muy compleja”, resistente a “incursiones”, tales como depresiones económicas que, de otra forma, debilitarían la estructura de poder vigente en términos de apoyo ideológico. En otras palabras, la sociedad civil otorga un sistema de apoyo a la estructura política actual y para quienes están en el poder, la cual podría ayudarla de otra forma a resistir movimientos que de otra forma serían negativos, como las recesiones económicas.

Gramsci creía que, en las sociedades capitalistas avanzadas de Occidente, el apoyo político prevaleciente a la estructura económica capitalista y los valores burgueses, protegerían a la clase gobernante del momento ante cualquier oposición organizada.

Como resultado, creía que era esencial estudiar a profundidad “a qué elementos de la sociedad civil les corresponden los sistemas defensivos en una guerra de posicionamiento”.

Gramsci definió a la sociedad civil como el “conjunto de organismos comúnmente llamados privados”.

Más exactamente, describió a la sociedad civil como esa esfera de actividades sociales y de instituciones que no eran parte directa del gobierno. Ejemplos primarios incluían a partidos políticos, sindicatos, organizaciones religiosas y otras asociaciones voluntarias populares.

Gramsci apuntó que los grupos sociales dominantes en la sociedad civil organizaban el consenso y la hegemonía ̶ ellos asumían una posición de liderazgo con el consentimiento de sus miembros. Su papel de liderazgo incluye la promoción del consenso ideológico entre sus miembros. Gramsci se imaginó que esos grupos organizarían su oposición ante el orden social existente.

No obstante, Gramsci vio a la sociedad civil en las sociedades occidentales como un fuerte sistema defensivo del Estado actual, que a su vez existía para proteger los intereses de la clase capitalista.

“En Occidente, había una relación verdadera entre el Estado y la sociedad civil, y, cuando el Estado temblaba, de inmediato se revelaba una estructura fuerte de la sociedad civil. El Estado era tan sólo un último esfuerzo desesperado, detrás del cual estaba un sistema poderoso de fortalezas y terraplenes”, escribió Gramsci. En resumen, en épocas en que el propio Estado puede haber mostrado debilidad para acabar con fuerzas políticas opositoras, las instituciones de la sociedad civil brindaban el refuerzo político al orden existente.

Desde su punto de vista, se requiere de una nueva voluntad general para avanzar esta guerra de posicionamiento para la revolución. Para él, es vital evaluar que puede oponerse en el camino de esa voluntad; esto es, ciertos grupos sociales de influencia con ideologías capitalistas prevalecientes que puedan impedir ese progreso.

Gramsci habló de organizaciones que incluían a iglesias, organismos de caridad, medios de comunicación, escuelas, universidades y el poder “económico empresarial” como organizaciones que necesitaban ser invadidas por pensadores socialistas.

La nueva dictadura del proletariado en Occidente, según Gramsci, sólo podía surgir producto de un consenso activo de las masas trabajadoras ̶ dirigidas por aquellas organizaciones civiles claves que generan una hegemonía ideológica.

Como la describió Gramsci, hegemonía significa liderazgo “cultural, moral e ideológico” sobre grupos aliados y subordinados. Los intelectuales, una vez instalados, deberían tener posiciones de liderazgo sobre los miembros de estos grupos con su aprobación. Ellos lograrían la dirección del movimiento mediante la persuasión, en vez de la dominación o la coerción.

El objetivo de la guerra de posicionamiento es conformar una nueva voluntad colectiva de las masas para debilitar las defensas que la sociedad civil le brinda al actual Estado capitalista.

Gramsci enfatizó aún más el papel de un partido político para asumir el liderazgo y la dirección filosófica de todas estas alianzas de la sociedad civil. En suma, y críticamente, uno de los principales objetivos del partido en la guerra revolucionaria de posicionamiento, sería poner soldados en las instituciones estatales existentes, así como en instituciones legales, la policía, los gobiernos locales y las burocracias influyentes. Se necesita establecer un fundamento de socialistas sobre el cual manejar el aparato estatal, una vez que su derrocamiento sea completo, afirmó Gramsci.

Como lo describió Gramsci, una guerra de posicionamiento implica una especie de “revolución pasiva”; que sea capaz de hacer la transición desde el orden burgués dominante hacia uno de socialismo, sin levantamiento social o violento alguno.

Para que ocurra la transición social, las “condiciones necesarias” en la sociedad deben “ya haber sido incubadas”, según Gramsci. Aquí él se estaba refiriendo a una nueva voluntad colectiva entre las masas, que coincide con tener a la gente correcta en las posiciones estratégicas de la sociedad civil y de las burocracias estatales.

Gramsci puso el caso del fascismo italiano de su época, como un ejemplo de revolución pasiva. Como lo hizo notar, el fascismo económico “consiste en el hecho de que la estructura económica es transformada de una manera ‘reformista’ desde el individualismo hacia una economía planificada (una economía dirigida)”. Esta “economía intermedia” podría servir de punto de inicio para la siguiente transición hacia el control total del Estado de los medios de producción, una transición que podría ocurrir “sin los cataclismos radicales y destructivos de un tipo exterminador”.

El fascismo económico es un paso hacia la colectivización de los medios de producción sin quitárselos a los capitalistas, argumentó Gramsci. El fascismo sirve para “acentuar el elemento del plan de producción” de la estructura económica, facilitando la transición hacia la completa colectivización. Este cambio ayudó a facilitar la aceptación extendida de la noción de un control centralizado mayor sobre la producción, sin que, en la realidad, se quite el control de los medios de producción a los capitalistas o que se eliminen las ganancias. Todavía.

Una vez que todas estas condiciones esten en su lugar -esto es, una nueva voluntad colectiva, control ideológico sobre las instituciones de la sociedad civil, revolucionarios en posiciones estratégicas dentro del Estado- el momento sería el ideal para la decisiva y final “guerra de movimiento”.

La guerra frontal de movimiento para derrocar al Estado existente y al orden social seguramente será no sólo exitosa, sino también permanente. Dado que, según Gramsci, “en la política, la ‘guerra de posición’, una vez ganada, es definitivamente determinante”.

Para la Izquierda, la “larga marcha a través de las instituciones” es un intento deliberado de crear las mejores condiciones para el derrocamiento final de nuestra sociedad de propiedad privada. Su éxito sería un desastre.

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Bradley Thomas

Bradley Thomas es el creador del sitio web Erasethestate.com y es un activista y escritor libertario con casi 15 años de experiencia investigando y escribiendo sobre filosofía política y economía.

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