América Latina: Un diagnóstico histórico de nuestros males culturales

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Nuestra región actualmente vive en un período de calma aparente, donde en la mayoría de nuestros países son democráticos, incluso aquellos que son dictaduras socialistas como Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia. Se vendió la democracia como la cura de todos nuestros males, pero debido a nuestras poco sólidas instituciones republicanas, al populismo que lleva irremediablemente a la corrupción y a la tolerancia del totalitarismo marxista en los sistemas políticos, esto de nuevo ha derivado en una apariencia de estabilidad.

Lo que intentaré hacer a continuación es dar un diagnóstico cultural de los males históricos que ha tenido nuestra región, no busco dar soluciones mágicas y tampoco anuncio la llegada de un nuevo mesías, sencillamente busco, como lo haría un buen médico, describir los síntomas del paciente suramericano y proponer la receta que mejor se adapte a su grave problema.

El autoritarismo

Si algo marca la historia latinoamericana desde su origen colonial es la violencia, la cual ha sido ejercida por todos los bandos políticos desde la emancipación de nuestras raquíticas Repúblicas. Ya sea en forma de caudillo o de oligarquía, el poder mediante la fuerza se ejerce indiscriminadamente, la ley es solo accesoria cuando no se tiene una institución republicana sólida. Pocos países han podido librarse de este mal, me atrevo a nombrar en términos de continuación institucional a Chile y Colombia, pero en comparación con la época colonial, todo Suramérica ha avanzado.

El mesianismo

Como queda claro, aquel que tenga el garrote más grande, el ejército más temerario o sencillamente mejor entrenado, será quien ejerza el poder, así ha ocurrido en Venezuela con una larga tradición de dictadores, o incluso en Chile, pasando por México u Argentina. Pero este autoritarismo, viene con una épica, debe ser ejercido por un hombre elegido, pues bien, siempre se espera el buen líder mesiánico, que tiene inspiración en el mesianismo católico mezclado con el higalguismo colonial, este líder vendrá a imponerse a través del terror, de origen y/o intenciones humildes que pondrá mano dura y orden. Es así como todos los dictadores tienen intelectuales que lo avalen, nuestra cultura está marcada por “el buen militar” que viene a imponer orden, progreso y justicia, cual rey absolutista europeo.

 

El optimismo suicida o realismo mágico

Si algo tienen estos países, es que nadie se espera, que este líder se convierta en sátrapa, con ejército e ínfulas de semidios se pervierta en el camino ¡Pues no! Ese líder que además promete villas y castillos, el cielo en la tierra, el oro y la mirra, el socialismo, acabar con la oligarquía o todas las anteriores, al final termina convirtiéndose en lo que detracta, termina siendo otro estafador, igual o peor que sus antecesores ¿Y a qué se debe esto? Podría encontrarse explicación en nuestra cultura española, donde las primeras grandes migraciones venían en busca del dorado y todos soñaban con volver a España a disfrutar de la fortuna en su tierra, al final se quedaron en América, sin resignarse, cual Quijote, pensando siempre en regresar, este el origen de la cultura hidálguica. Por lo tanto, se crea esa cultura de optimismo suicida o realismo mágico, donde las personas viven en una fantasía de realidad que jamás se materializa.

 

El populismo

Es así como nuestro gran caudillo autoritario, mesiánico y de un optimismo suicida bastante sospechoso, inicia su gran gesta de prometer al pueblo todo aquello que quiere ¡Y ese no es el gran problema! El gran problema es que incluso decide saquear y vaciar el Estado, que por lo general goza de grandes recursos, por rentas de materias primas o la propiedad estatal de todos los minerales ¿Y si falta dinero? Sencillo, se reforma la constitución y se expropia, sin más, ni menos porque al pueblo hay que darle todo, así sea a costillas del propio pueblo. Evidentemente, las cortes del sátrapa, familia, amigos y partido político gozarán de los beneficios del poder ilimitado ejercido por su gran amigo.

El neocoporativismo o amiguismo empresarial

Como es el caudillo quien decide los destinos económicos de la nación, los pocos empresarios o los que el mismo sátrapa cree, le redirán pleitesías, dándole regalos al sátrapa, a su familia, a sus amigos y a su partido político ¿A cambio de qué? Sencillo, de seguir gozando del beneficio único, como ser la única empresa que controla el agua, la electricidad o incluso como se ve en Venezuela, la harina de trigo, principal fuente de alimentos de los venezolanos. Esto ha dado origen a un mal histórico, economías anoréxicas, el proteccionismo ha sido la constante, luego de esto, hemos tenido en mayor o menor medida mercado, siempre altamente intervenidos con altos impuestos, estatismo y neocorporativismo, con el fin de sustentar el poder del caudillo. Lo más avanzado de las economías latinoamericanas ha sido la aplicación del neoliberalismo, es decir, la receta del consenso de Washington, diseñada por la Escuela de Chicago, que ha permitido un desarrollo rápido e incomparable a los países que han decidido aplicarlo, como ocurre en Chile, el problema es que el modelo neoliberal, no deja de ser monetarista, y por esencia, regulador y estatista, asumiendo compromisos del Estado de Bienestar.

El Estado de Bienestar o de Malestar

Esta creación del siglo pasado, fue el intento de solución de las élites latinoamericanas para apaciguar las “revoluciones” que debido a las grandes desigualdades fueron propiciadas por parte de los revolucionarios marxistas. El Estado de Bienestar solo llevó a la institucionalización del populismo, el saqueo y la corrupción, estos parecen mal inevitables cuando se desarrolla esta mega estructura estatal, donde crece el aparato del Estado, el control político y el asistencialismo. Las peticiones básicas de las exigencias sociales del siglo pasado eran salud y educación pública, cosa comprensible si queríamos construir Repúblicas sólidas. Hoy en día, las exigencias son absurdas y van desde guarderías gratuitas hasta cambio de género para personas.

La corrupción o viveza criolla

Evidentemente el gran líder, su familia, sus amigos y su partido deben beneficiarse de ese motín a repartir que llaman rentas, antes que el pueblo, que al final, por política de repartición “el que parte y repararte se queda con la mejor parte”, el pueblo recibe por la teoría del goteo las sobras de las cortes del caudillo. Este ha sido el gran cáncer de nuestra sociedad, el populismo, con el amiguismo empresarial y el Estado de Bienestar, solo consolidaron e institucionalizaron la corrupción, siendo esto una constante históricas en nuestros países, unos más descarados como Venezuela y otros más recatados como Chile, pero en general, en todos los países latinoamericanos se escucha la frase “todos los políticos roban”, que viene acompaña de ¨ese político robaba pero hacía¨, hay una normalización del saqueo estatal, sin entender que este es el cáncer que corree las instituciones políticas, aunque recibe el nombre de corrupción, la normalización latinoamericana le llama viveza criolla, entendida en el refrán popular “el que no roba es bobo y el que roba es vivo”.

 

Los 7 males culturales

El diagnóstico histórico de nuestros males culturales es muy claro, todo parte del autoritarismo, heredado del absolutismo monárquico, que deriva en la salvación de un líder mesiánico de origen cuasi divino, el cual suele ser popular y populista, por lo tanto se blinda de una oligarquía de hierro formada por familia, amigos, partido político y empresarios, los cuales construyen un Estado de Bienestar, que es la solución a todos los males del pueblo, y que por supuesto, este grupo que practican la viveza criolla, o en español, la corrupción, deben llenar sus bolsillos.

En la actualidad, estos males siguen latentes, por suerte el autoritarismo fue reemplazado por la democracia, donde cierta tolerancia política, aún bastante defectuosa, ha permitido avanzar lentamente a nuestros países. Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia se han consolidado como dictaduras socialistas, donde la violencia ejercida por el sátrapa es la ley. El resto de los 7 males, siguen latentes, aunque dormitando, pero esperando para en cualquier momento otro sátrapa populista revuelva las razones y emociones de los latinoamericanos, con discursos incendiarios que buscan cambios radicales, que al final solo terminan en lo mismo: autoritarismo o totalitarismo, sea de izquierda o de derecha.

La cura de todos los males

Como bien plantee anteriormente, no pretendo dar soluciones mágicas, ni conozco la fecha de la llegada del nuevo mesías, pero lo que sí conozco es un método de cómo curar estos males que jamás han sido tratados por nuestras autoridades, incluso, los regímenes más sangrientos de nuestra historia, es decir, el marxismo, han alimentado estos males, con la finalidad de afianzarse en el poder eternamente, como bien han logrado en Cuba o en Venezuela.

La cura del mal político

Sobre el autoritarismo, se debe reemplazar la violencia por política, es decir, en vez de matarse por el poder, la idea es que se pueda persuadir, mediante el diálogo, el debate y hasta los insultos, con la finalidad de convencer a los otros de que se tienen las mejores ideas. Esta es la forma más efectiva de erradicar de raíz el autoritarismo de la cultura definitivamente. Una vez erradicado este mal, se debe poner valor central en el Parlamento, brindarlo de más funciones, para bajar la autoridad superior del ejecutivo, y al mismo tiempo, blindar el poder judicial, que ha sido el único que ha sido garante de moral en las últimas décadas. La transparencia en el ejercicio de la política es la clave fundamental de la solidez institucional, puesto que brindará confianza en la división de los poderes. La violencia legítima solo se puede utilizar para hacer cumplir la ley, la cual debe ser general, imparcial y predictible.

La cura del mal social

Sobre el mesianismo, el optimismo suicida y el populismo, si las personas tuvieran confianza en sí mismas, si se les enseñara que no hay una solución mágica, solo el esfuerzo de ganarse las cosas por sí misma, y que nadie vendrá a multiplicar los panes de la nada o que estar viviendo en una fantasía futura de que el comunismo si funcionará no es la mejor forma de resolver los problemas ¡Desconfía de aquel que promete soluciones mágicas a todos tus problemas! El cambio empieza en la casa, no de populistas prometiendo villas y castillos. En la cultura católica hay dicho que reza ¨a Dios rogando y con el mazo dando¨, esto quiere decir que sí, hay que tener fe pero que esta no se da por sí sola, tiene que venir de la mano del esfuerzo, puesto que ¨al que obra bien, le va bien¨. La confianza en uno mismo es la principal cura de estos tres males, lo que da lugar a una sociedad de colaboración y solidaridad.

La cura del mal económico

Sobre el amiguismo empresarial, Estado de Bienestar y la corrupción, esto es lo que impide el avance económico de nuestros países, esta cultura de despilfarro, de saqueo, de robo, que es peor aún que la ejercida por los piratas o las mafias, por lo menos aquellos se valían de códigos o pactos, estos politiqueros criollos, son incapaces de respetar los pactos de caballeros, hasta cuando de corrupción se trata. Cuando están unidos por el robo, todos se traicionan entre sí para salvar su pellejo, por eso vemos como Marcelo Odebrecht fue el primero en entregar a sus amigos políticos como Lula Da Silva o Dilma Rouseff. El asistencialismo a través del Estado de Bienestar se debe acabar, para dar paso a formas más eficientes desde el ámbito público-privado, donde sea el mercado, que no es más que la suma de intereses de todas las personas, quiénes decidan qué es lo mejor para ellos. Con un mercado libre y abierto, con justicia sólida, con solidaridad ciudadana y con respeto irrestricto a la propiedad privada, como ha quedado demostrado en el mundo desarrollado, esta es la mejor forma de tener una economía de progreso y desarrollo.


 

 

 

Autor en Inst. Mises Colombia | + posts

Es teórico liberal y politólogo egresado de la Universidad Rafael Urdaneta, Venezuela. Actualmente se desempeña como asesor político y parlamentario.

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