Alexandria Ocasio no hará que el socialismo funcione

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La congresista recientemente electa se supone que tiene las capacidades para hacer equipo con Bernie Sanders y lograr un socialismo que no resulte en una pérdida de libertades o que impulse a sociedades enteras a la pobreza ̶ o, al menos, eso es lo que los progresistas creen.

Casi todos los días recibo correos electrónicos de The Nation, una publicación de la izquierda extrema que nunca ha reconocido una atrocidad comunista o aceptado algún fracaso socialista. En lo que puedo decir, los editores están totalmente mareados al ver al socialismo surgiendo en los Estados Unidos, por una parte con los sujeta libros del anciano Bernie Sanders y, por la otra, la amistosa con la cámara Alexandria Ocasio-Cortez, ambos promoviendo hábilmente el socialismo entre una nueva generación de personas listas para derribar las presuntas cadenas del capitalismo.

Mis muchos escritos acerca de Bernie Sanders (writings on Bernie Sanders ) no tienen nada nuevo que agregar. Si su asociación del pasado con grupos que apoyan a los violentos y asesinos Leon Trotsky y Che Guevara, no lo desacredita ante los medios modernos, entonces, nada lo hará, ni siquiera una exposición adicional de su visión del mundo totalmente fallida, cambiará algunas mentes o educará a unos medios que le adoran y que rehúsan reconocer los males del totalitarismo.

EL SESGO DE LOS MEDIOS

No obstante, al final de cuentas, Ocasio-Cortez presenta un desafío diferente. En primer lugar, y más importante en esta era de los medios, ella es fotogénica, y eso importa en un mundo dominado por los medios. En segundo lugar, y aún más importante, ella es fotogénica e izquierdista, lo cual significa que los medios no le darán a ella el tratamiento de Sarah Palin, por ser tanto bonita como malcriada ̶ inclusive cuando ella hace afirmaciones como que la tasa de desempleo es baja, “porque todo mundo está trabajando en dos empleos” (because everyone is working two jobs). (Sí, ella en verdad dijo eso). Palin, por lo que uno puede recordar, era una popular gobernadora de Alaska antes de su zambullida fatal en la piscina de tiburones de John McCain, lo cual significa que, al menos, ella tenía algunos éxitos previos en gobernar, a diferencia de Ocasio-Cortez, que una política neófita. Eso significa que ella puede aparecer en el Late Show con Stephen Colbert, decir alguna estupidez completa (say something utterly inane) y, aún así, lograr aplausos y no tener que encarar mucho escrutinio de los medios ante sus comentarios. Palin nunca tuvo ese lujo.

La ausencia de rendición de cuentas de Ocasio-Cortez ante los medios, no se debe a una amnesia temporal entre los periodistas estadounidenses; esa gente son verdaderos creyentes cuando se trata de socialismo y, en especial, de su primo político: el socialismo democrático. Tal como lo he escrito antes, elegir “planificadores” económicos vía una mayoría de votos, no resuelve ninguno de los problemas insuperables del cálculo económico, que Ludwig von Mises señaló hace casi un siglo atrás. El término “democrático” no faculta que, súbitamente, las doctrinas moribundas del socialismo (term “democratic” does not suddenly allow the moribund doctrines of socialism ) salgan con vida y que, en verdad, tengan sentido. A pesar de ello, para la mayoría de periodistas de los Estados Unidos “democrático” cubre una multitud de errores y transforma mágicamente al socialismo, en algo que nunca ha sido.

Cuando uno da un paso hacia atrás y le echa una mirada más amplia al fenómeno de Ocasio-Cortez -la creencia de que una política novata de alguna manera puede transformar al socialismo, un sistema conocido por su fracaso y represión, en un paraíso simplemente por la fuerza de su presencia- uno debe entender mejor el ambiente intelectual del momento que los progresistas han creado. Estamos viendo un enorme conflicto de visiones y puntos de vista, sin dejar de mencionar una diferencia en la interpretación de lo que vemos (o que no vemos) frente a nosotros.

NARRATIVAS SOCIALISTAS

Como alguien que ha sido parte del mundo libertario y de libre mercado por casi cuatro décadas (mi primer artículo en Freeman (my first Freeman article ) fue publicado en 1981), he adoptado el punto de vista económico de que una economía de mercado es una maravilla de acciones interdependientes, que involucra a millones de personas y a miles de millones de precios, que producen bienes que satisfacen nuestras necesidades y mejoran nuestras vidas. Lo que la gente ha podido lograr en busca de ganancias es verdaderamente asombroso y uno de los resultados -sacar a miles de millones de la pobreza absoluta- es un logro que nadie que tomó parte de él de hecho intentó que eso sucediera. Veo cómo opera un sistema de precios y estoy de acuerdo con F.A. Hayek en cuanto a que no puede ser resultado de “un diseño humano deliberado,” sino que, más bien, permite que los humanos avancen en la civilización, al tiempo que intentan fomentar sus intereses propios.

Esa última parte es totalmente contradictoria con lo que los progresistas creen, tal como lo hizo Jeremy Bentham, de que no hay una armonía “natural” de los intereses humanos, sino, por el contrario, que el avance humano sólo puede surgir mediante la imposición de constructos “artificiales,” colocados ante nosotros por Gente Realmente Inteligente (como Joseph Stiglitz y Paul Krugman (like Joseph Stiglitz and Paul Krugman), en donde ambos aceptan el modelo benthamita). Los progresistas creen que la civilización avanza -y que también se contrae- por medio de cambios abruptos, tanto buenos como malos, logrados por líderes.

Por ejemplo, Stiglitz y Krugman creen que, por medio del Nuevo Trato, Franklin D. Roosevelt construyó un sistema económico casi mágico que “creó la clase media,” redujo la desigualdad económica (lo cual supuestamente elimina una “causa” de los ciclos de auge y caída), y elevó el estándar de vida en general. No es sorprendente que Stiglitz diera clases por muchos años en la Universidad de Columbia, la cual también les dio empleo a muchos miembros del “Grupo de Sabios” de Gente Realmente Inteligente de Franklin Delano Roosevelt, la que, supuestamente, tenía todas (o la mayoría) de las respuestas acerca de cómo organizar al mundo.

Según los progresistas, el Nuevo Trato, con su organización de gran parte de la economía en una serie de carteles regulados y un énfasis en organizar a los trabajadores, llevó la nación a círculos de prosperidad siempre crecientes. (Que el desempleo permaneciera por encima de dos dígitos durante la década de 1930, es irrelevante para los progresistas.) El éxito económico creado por FDR avanzó casi sin ceder hasta la década de 1970. Súbitamente, de la nada, aseveran ellos, Ronald Reagan y Margaret Thatcher saltaron a escena y destruyeron el anillo de prosperidad, propagando la falsedad de los “mercados libres.” Las masas creyeron esa tontería (a pesar del hecho de que, según los progresistas, a las economías de los Estados Unidos y del Reino Unido les iba bien) y eligieron a esos charlatanes, quienes luego impusieron una libre empresa total y desenfrenada y se deshicieron de toda la estructura regulatoria. Los resultados, alegan Stiglitz y Krugman, fueron obvios: desigualdad económica, un estándar de vida en declinación y un empeoramiento general de la vida para todos, excepto para el 1 por ciento que, en la realidad, se benefició con la acumulación del capital.

No es suficiente con presentar estadísticas que dicen otra cosa, que señalan cómo los estándares de vida en este país se han elevado grandemente (that point out how living standards in this country have risen greatly) durante las últimas cuatro décadas, que las elecciones de los consumidores han estallado y que miles de millones de personas de todo el mundo han salido de la pobreza absoluta, debido al crecimiento de la empresa privada. Las narrativas son narrativas. O bien los progresistas niegan que haya habido progreso o bien ellos alegan que cualquier progreso se debe a focos de socialismo y a la planificación gubernamental. Un sistema de precios, según Stiglitz, funciona solo bajo “competencia perfecta” (works only under “perfect competition) y, como todo mundo sabe, no existe tal cosa como competencia perfecta. Así, por definición, sólo el gobierno de la Gente Realmente Inteligente y la fuerza pura pueden hacer que una economía funcione correctamente.

Ese es el mundo progresista que Ocasio-Cortez apoya. Es un mundo guiado por la narrativa que mantiene que, si la gente en el poder ejerce suficiente voluntad política, ellos pueden imponer un régimen socialista que se desempeñará mejor que lo que vemos en lugares como Cuba, Corea del Norte o Venezuela. (Y debo señalar que esos progresistas han mantenido que esos mismos lugares (have held up these very places) son los regímenes a emular.) Si uno expone el requisito de pérdidas y ganancias, precios libres y propiedad privada como necesarios para el cálculo económico, ellos simplemente replican que tienen un mejor camino y el cual descansa en la elección democrática, colocando a la Gente Realmente Inteligente en el poder para que determine las “necesidades de la sociedad,” y, luego. use los “incentivos” (negativos y positivos) para dirigir a la gente hacia las acciones consideradas como necesarias por la Gente Realmente Inteligente, para satisfacer las necesidades sociales. En el proceso de dirigir esos recursos hacia sus valores sociales más altos (determinados por la Gente Realmente Inteligente), se les pagará bien a todos los trabajadores y se les empleará en trabajo socialmente significativo que les brinda importancia y que no los explota. Todo lo que se requiere es voluntad política para crear un paraíso.

RECHAZANDO LAS REALIDADES ECONÓMICAS

Debido a que Ocasio-Cortez es relativamente joven y atractiva y también que está comprometida con el socialismo, se supone que tiene las capacidades para hacer equipo con Bernie Sanders y lograr un socialismo que no resulte en una pérdida de libertades o que impulse a sociedades enteras a la pobreza ̶ o, al menos, eso es lo que los progresistas creen. La razón por la cual ella puede hacer eso es porque es joven, atractiva y se conecta con sus audiencias, y porque está comprometida con el socialismo. Oh, y a pesar de su comentario estúpido de por qué el desempleo es bajo, ella es una Persona Realmente Inteligente, algo que es obvio, porque es joven, fotogénica y comprometida con la causa socialista.

El otro mundo, caracterizado por la escasez, el conocimiento incompleto, la incertidumbre y el costo de oportunidad, no existe en el mundo de Ocasio-Cortez. Estos términos son simples ardides inventados por los capitalistas para engañar a los trabajadores y ser explotados. La escasez es un constructo artificial (Scarcity is an artificial construct ) creado por los monopolios para imponer un capitalismo depredador y forzar a la gente en la pobreza (force people into poverty). Los progresistas creen que no carecemos de recursos o los medios para guiarlos a fines productivos, sin que, por el contrario, nuestra sociedad -y en especial nuestras instituciones políticas- carece de la voluntad política necesaria y eso se debe a que los economistas que han apoyado a los plutócratas, han dibujado una falsa pintura de la economía.

Tratar de explicar economía a los progresistas es como tratar de explicar cómo un satélite orbita el planeta, a un creyente en que la tierra es plana. Alguien que cree que la Paradoja del Diamante y del Agua no es nada más que un truco retórico, no va a creer que el cálculo económico tiene un papel que desempeñar en la producción y la distribución del cuidado médico, la vivienda, los alimentos y de cualquier otra cosa que un progresista considera que es un derecho humano ̶ o que cree que una economía entera puede ser dirigida desde una única oficina en Washington, D.C.

Es una ironía doble que Ocasio-Cortez fue estudiante de economía en la Universidad de Boston, aun cuando uno duda, que la economía que allí se enseña, difiere del estatismo usual que domina la mayor parte de los programas universitarios de economía. Uno duda de que ella internalizó intelectualmente cualquier cosa que se pueda parecer a teoría de los precios y que ciertamente no pueda identificar alguna cosa que se parezca a una escasez o un excedente. Que ella promoverá la intervención gubernamental y el establecimiento de programas que casi con seguridad que conducirán a escaseces, no debe escapársele a nadie.

Los editores de The Nation y del New York Times pueden haberse convencido a sí mismos que una mujer joven, con un rostro bonito, pueda, por medio de la pura fuerza de voluntad, resolver los problemas que han aquejado a los planificadores centrales durante un siglo, pero, aún cuando los progresistas pueden creer sinceramente que las leyes económicas no existen, eso no cambia nada. Eso no es más que otro ejercicio de arrogancia progresista. Bernie Sanders no es el “Guardián del Secreto” que puede hacer que el socialismo funcione. Joseph Stiglitz no es el “Guardián del Secreto” que puede lograr que el socialismo opere. Paul Krugman no es el “Guardián del Secreto” que puede lograr que el socialismo funcione. No hay tal Guardián, no importa que periodistas estadounidenses nos digan que es lo que se supone que debemos creer.


Traducción por Jorge Corrales.

Author profile
William L. Anderson

El Dr. William Anderson es profesor de economía en la Universidad Estatal de Frostburg. Tiene un doctorado en Economía de la Universidad de Auburn. Es miembro de la red de profesores de FEE .

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