Ahorro, capital, tasa de interés y política

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Por naturaleza, la humanidad busca elevar su nivel de vida. El objetivo de la acción del hombre en el mercado es incrementar la cantidad de bienes disponibles.

Las necesidades humanas son ilimitadas, por ende, nunca estarán satisfechas. En cambio, los recursos disponibles son escasos, de ahí la importancia de economizarlos. Con recursos naturales limitados y con trabajo también escaso frente a las aludidas necesidades ilimitadas, los bienes de capital son la única forma de incrementar rápidamente los bienes de consumo.

Se tiene que mezclar inteligentemente trabajo con recursos naturales para obtener bienes de capital. Estos bienes de capital no sirven “per se” para satisfacer inmediatamente al consumidor, pero añadiendo más trabajo se pueden convertir en bienes de capital de orden más bajo y así, sucesivamente, hasta concluir en bienes de primer orden o de consumo.

Para entender mejor el proceso, tomaremos prestado el ejemplo que el doctor Murray Rothbard usa en su “Tratado de Economía”.

Crusoe se encuentra en una isla y no posee bienes de capital, solo tiene a su disposición los bienes que provee la naturaleza y su trabajo personal. Obviamente, su capacidad de consumo es muy limitada. Por ejemplo, solo podrá arrancar 20 manzanas de los árboles en diez horas de trabajo, dedicando las otras catorce al descanso.

Pero Crusoe descubre que si contara con una vara, podría sacudir el árbol y obtener más frutas, y de esa manera, disponer de mayor tiempo libre. Entonces decide obrar en consecuencia. Buscar el palo apropiado, cortarlo y darle forma. Pero para hacer eso, Crusoe tiene que dejar de consumir fruta o eliminar descanso (ahorrar) y luego dedicar tiempo a la construcción de la herramienta (invertir).

La cantidad de frutas adicionales que la vara permite obtener es la rentabilidad de la inversión que se puede medir de dos maneras. Una en términos absolutos, por ejemplo, pasar de 20 manzanas a 35. Y la otra en términos porcentuales, para nuestro ejemplo, existe un incremento del 75% respecto a la situación inicial.

Como se pudo observar en este sencillo ejemplo, la relación entre ahorro, inversión y tasa de interés es vital para elevar el nivel de vida. Las sociedades que permiten que este proceso se desenvuelva de manera libre son prósperas y tienen estándares de desarrollo elevados. Las naciones que, principalmente por causas políticas, distorsionan la relación esfuerzo – rendimiento de los inversionistas, son pobres y su población acaba atrapada y dependiente de las ayudas estatales.

Mientras más compleja la estructura de capital, los rendimientos de las inversiones se hacen más lejanos en el tiempo, por lógica, necesitan mayor seguridad institucional. Seguridad institucional que solo puede otorgar un gobierno fuerte para contener el crimen y administrar justicia, pero muy bien vigilado para evitar que las tentaciones del poder lo hagan salirse de sus límites. De ahí la importancia que los empresarios apoyen a partidos políticos de que sean conservadores en cultura y liberales en economía.

Lastimosamente, y repitiendo el error de F. Hayek, los intelectuales pro libre mercado tienen animadversión por la democracia y la política. Espacio que fue ocupado por socialistas de todos los colores y todas las corrientes. Si queremos salir del lodazal de pobreza y miseria es necesario cambiar de sistema, y para cambiar de sistema tenemos que dejar la politiquería y pasar a la acción política seria, donde los temas de discusión sean asuntos de economía, relaciones exteriores, moneda e impuestos y no el último chisme de faldas del presidente.


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HUGO BALDERRAMA ES ECONOMISTA MASTER EN ADMINISTRACIÓN DE EMPRESAS Y PHD. EN ECONOMÍA

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