Ahora los políticos quieren prohibir los soldaditos de juguete

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No tengo noticias de que algún amigo mío de la infancia, habiendo adquirido la mayoría de edad, haya volado una gasolinera debido a que de chico jugaba con los muñecos de Rambo. Y hasta donde alcanza mi conocimiento, el común de los hombres no ha hecho detonar jamás una estación de combustible, impulsados en el hecho de que, siendo niños, jugaban con la colección del personaje aludido.

Quieren prohibir que en la ciudad de San Luis se “fabrique, distribuya, exhiba, difunda, publicite y vendan juguetes y videojuegos bélicos” que “remitan directa o indirectamente a jugar a matar”. Lo anterior incluye: “armas de guerra, tanques, aviones de combate, barcos guerreros, granadas, réplicas de esposas o armas eléctricas”. El proyecto fue presentado en el Consejo Deliberantes de la referida ciudad, por Daniela Serrano, concejal. ¿Qué entiende el proyecto por “juguete bélico”? Es “todo elemento, objeto o instrumento que imite cualquier arma de fuego o artillería, armas blancas, arrojadizas, de puño, corte o asta”.

Una cosa es toda la cuestión virtual, y otra cosa distinta es el mundo del juguete ‘guerrero’. Pienso que la señora nombrada confunde los tantos. El tema virtual daría lugar a un escrito especial en donde se trate la influencia que va operando a nivel cerebral, neuronal y anímica, toda la moderna virtualidad. Una de sus facetas es el modo de incidencia de una violencia con explicito contenido sanguinario y morboso, que puede ir, al menos, tornando insensible y poco empático a quien se sumerge en ese mundo. No me explayaré en ello, pero dejo lo dicho a modo de punta pie para quien desee embarcarse en un estudio más profundo sobre las virtualidades y sus influencias. Pero los juguetes a los que llamaré clásicos y en donde hago ingresar, verbigracia, a una pistola lanza discos, a un revolver a cebitas, a una espada, a un arma lanza pelotas, a un arco y una flecha, a un bumerang, a un tanque de guerra, a un navío pirata con cañones, a un avión con misiles y luces, a los soldaditos, en fin, a los clásicos de nuestra infancia, me parece absolutamente disparatado suprimirlos. Diré por qué.

Una prueba contundente contra ese absurdo, es que, salvo excepciones, hemos llegado todos hasta aquí, sanos y salvos. Quiero decir que los hombres hasta el día de hoy no hemos salido a descuartizar a nuestros vecinos. Si esos juguetes hace años vendidos, hace años comprados, hace años adquiridos por padres para sus hijos fueren realmente malos, la regla sería que ya estuviéramos desapareciendo debido a que entre todos nos estaríamos apuñalando, o disparando balas, o agujereándonos con flechas. La regla es que hemos jugado con tanques de guerra, pero a nadie se le ha ocurrido de grande comprar un tanque para pasear con su mujer por las calles céntricas de la ciudad. La regla es que hemos jugado con aviones de combate, pero de grande no nos hemos comprado un F-16 para ir a pelear contra un hombre en la cercana localidad a nuestro pueblo; y eso no es por falta de dinero, es porque no somos tan imbéciles ni tan obtusos ni tan necios para no darnos cuenta de las cosas.

Se me va ocurriendo que debería entonces prohibirse la fabricación y venta de tenedores y cuchillos. Al menos el cuchillo ingresaría en armas blancas, y bien lo puede utilizar cualquier niño. Empecemos a asir la comida con nuestras propias manos; apliquemos la boca directamente sobre el bocado; enseñemos que eso es lo adecuado. La cuestión es simple: en vez de enseñar a bien usar las cosas, se prefiere eliminarlas por seguir ideologías fanáticas. Deberían también, por ejemplo, prohibir las ventas de piedras para construcción y las idas de niños a los ríos, montañas, campos y todo lugar en el cual puedan hallar guijarros, pues, como es sabido, los tales son un juguete natural, predilecto cuando se es chico, y es un juguete de arrojo.

¿Pero qué es lo que no les cierra a las feministas? ¿Qué es , mejor dicho, lo que ocultan? Que deben atacar al varón, y, por tanto, lo mejor es ponerle freno desde pequeños, quebrando cuestiones que hacen, por caso, a su formación viril. Una de las temáticas que están vinculadas a los juguetes consabidos es que forman en virilidad. En esos objetos paradójicamente la violencia no está presente cuando se los juega en situaciones normales, las cuales, insisto, son las que siempre priman. Se saca de ellos diversión, seguridad y aprendizaje; se valora al amigo con el que se juega; se idea planes; se despierta el ingenio en la invención de aventuras; se aprende en modalidad lúdica a distinguir el bien y el mal; se imita al héroe.

En resumidas cuentas, la prueba más evidente contra la pretensión falsa de que esos juguetes forman seres violentos, es la humanidad misma, que, por regla general, ha llegado hasta estos días sin que veamos cada un segundo ojos rodando bajo nuestros pies. Tengo además otra prueba contra lo que vengo criticando aquí y en defensa de los clásicos juguetes guerreros: es la violencia que ha existido y que seguirá existiendo por parte de la mujer. ¿Qué quiero decir? Que si los juguetes apuntados fueren los hontanares de donde brotan las violencias, las mujeres deberían de ser palomitas blancas, tiernas e inofensivas. ¿O dirán, por caso, que aprenden a arrancar el pelo y a arañar a otras mujeres debido al maldito peine que traen las muñecas para ser peinadas? ¿Debemos hacer ordenanzas para prohibir los peines? La mala violencia surge por otros carriles, de los que daré un ejemplo en líneas venideras.

Diré a Daniela Serrano que nada mejor que una feminista destruyendo el feminismo con sus propias ideologías. Sostienen que deben ser dejado de lados los estereotipos, que deben ser deconstruidas viejas ideas. Según ellas ahora los hombres deben jugar desde chiquitos con muñecas, con cocinas y todo tipo de juguetes que siempre se destinaron a las mujeres, bajo la peregrina fantasía de que eso no implica en modo alguno que el varón se torne femenino. Bien, entonces pregunto sin vueltas: si, como ahora se pretende, los juguetes no condicionan, ¿por qué se encarnizan con los juguetes de los varones? Las feministas quedan aquí acorraladas: si los juguetes condicionan, entonces que no se les dé a los varones muñecas y cosas de mujeres; y si no condicionan: ¿por qué se les quiere prohibir jugar con tanques o espadas o pistolitas lanza objetos?

Por último, sostuve en líneas anteriores que la mala violencia va por otros carriles. Fíjense ustedes: la señora que propone un proyecto contra los juguetes clásicos de guerra porque los supone incitadores de violencia, es la misma que está a favor de la legalización del aborto. Como tantísimas veces lo he dicho: asesinar al bebito intrauterino, ¿qué es eso sino una de las violencias más sanguinarias que puede haber entre los humanos? Encima, su apoyo es contra todo el derecho vigente, contra (lo diré porque aquí me encuentro viviendo), verbigracia, una Constitución como la de la Provincia de San Luis, que le dice: “La vida desde su concepción, la dignidad y la integridad física y moral de la persona son intangibles. Su respeto y protección es deber de todos y en especial de los poderes públicos.” (art. 13°). “El Estado protege a la persona humana, desde su concepción hasta su nacimiento” (art.49°). No es un juguete de plástico el que hará mal. Es una letra sanguinaria la que quiere destilar una violencia a nivel mundial, que ya ha dado sobradas pruebas de cómo se está reduciendo al género humano.

Es común ver agresiones que a veces concluyen en muertes, perpetradas sea por hombres o sea por mujeres, y consistentes en ahorcamientos, envenenamientos e intentos de quemar al otro. ¿Diremos que deben ser prohibidos los cordones en las zapatillas de los niños debido a que eso les dará cuando sean más grandes ideas para cometer ahorcadas? ¿O diremos que deben ser excluidos del mercado los caramelos, en el entendimiento de que, cuando los chicos crezcan envenenarán usando píldoras en recuerdo de cuando comían confites Tic-tac? ¿O afirmaremos que las hornallas, estufas y chimeneas deben ser excluidas de las habitaciones en donde moran los chicos, pues de ahí sacarán en el porvenir planes siniestros para incendiar a su prójimo? En definitiva, ¿alguien sacará alguna ordenanza haciendo creer a la sociedad que deben ser prohibidas esas cosas debido a que, según entiende, disponen la mente de niños a la violencia futura? Prohibido dejar de lado al sentido común.

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