A Bolsonaro le pegamos, pero a Evo lo disculpamos

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La Chiquitania de Bolivia fue una misión jesuita que tenía como objetivo evangelizar y  educar a los indígenas de los llanos en la música, la ebanistería y arquitectura. En la actualidad, comprende las provincias cruceñas de Chiquitos, Velasco y Ñuflo de Chavez, además de la provincia beniana de San Ignacio de Moxos.

Penosamente, este hermoso paraje boliviano está bajo un fuego abrasador desde finales de julio. Incendio que a la fecha ha devorado 774 000 hectáreas de bosque, y que el gobierno boliviano negó su gravedad hasta la anterior semana

El gobierno de Evo Morales mediante Decreto Supremo 26075 autorizó ampliar la frontera agrícola en favor de las plantaciones de soja y caña de azúcar con el objetivo de fabricar biodiesel – un líquido que se obtiene a partir de lípidos naturales como aceites vegetales o grasas animales, y que los ambientalistas buscan sea el reemplazo a los tradicionales hidrocarburos -.

Durante el acto de promulgación del decreto, Morales dijo que el objetivo es que «Bolivia crecerá económicamente, no solo en base a recursos naturales no renovables, sino también en el tema agrícola».

A pesar que los incendios en Bolivia son tan graves y tan extensos como los brasileños ¿Por qué la prensa internacional evitó tocar el tema hasta bien entrada la tercera semana de agosto?

Simple, porque concentraron sus dardos en atacar al presidente Bolsonaro y al capitalismo, y para eso nada mejor que los incendios en el Amazonas.

Por ejemplo, el mandatario francés Emmanuel Macron usó su twitter para calificar como crisis internacionaly aprovechó la tragedia para oponerse a los tratados entre Europa y el MERCOSUR.

Pero el aprovechamiento de los desastres no solo vino del mandatario francés, por ejemplo, Finlandia amenazó con suspender la importación de carne brasileña, Noruega dijo que no financiará más los planes de protección del Amazonas y grupos ecologistas ecuatorianos organizaron protestas frente a la embajada de Brasil en Quito.

Por otro lado, debemos recordar que la izquierda ambientalista brasileña ya tenía declarada una guerra contra el presidente Jair Bolsonaro, verbigracia, los ataques que sufrió por parte de Marina Silva durante su campaña del 2018, pero dada la ocasión, la exministra de Lula da Silva volvió con sus ataques furibundos contra el mandatario, aunque reportes de la NASA muestran que los incendios se mantienen en un promedio histórico, y no son los «más grandes de la historia» como pretenden mostrar los alarmistas verdes.

Los ambientalistas del siglo 21 son solo una nueva versión de los marxistas del siglo pasado, ya que, al igual que todos los discípulos de Marx, se aferran a una visión negativa de la humanidad, de la riqueza y del desarrollo.

Publicaciones como La locura del crecimiento: como detener la economía que está matando el planeta – publicado el año 2008 por la revista Norteamérica New Scientist – proponen limitar el desarrollo económico, y otorgarles mayores poderes a los Estados para cuidar y proteger la tierra, el mismo objetivo de siempre, solo que con un nuevo pretexto.

La periodista e investigadora Mamela Fiallo, en su artículo publicado por el Panampost señala: «hasta que no se sepa la naturaleza del fuego, lo que sí queda claro es cómo la reacción mundial depende de dónde sucede y quién está a cargo. Porque Bolivia está en una situación similar y su Gobierno no ha sufrido represalia alguna, mientras que Brasil está amenazada»

 Como Morales es indígena, socialista y varias veces se ha declarado amigo de la madre tierra sería de mal gusto atacarlo, a Evo lo disculpamos, pero a Bolsonaro le pegamos es la lógica del ambientalista.

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HUGO BALDERRAMA ES ECONOMISTA MASTER EN ADMINISTRACIÓN DE EMPRESAS Y PHD. EN ECONOMÍA

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