5 RAZONES POR LAS CUALES EL MARXISMO NO TIENE NADA QUE OFRECER A LOS MILENARIOS

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Por Ibrahim B. Anoba

Para los llamados “mileniales” [jóvenes que llegaron a ser adultos con el cambio del siglo] quienes buscan sacudirse de un fin de semana aburrido con un buen libro de economía o filosofía, el marxismo es un tópico que querría evitar. Quienes hayan tomado su tiempo para leer a Karl Marx o a Friedrich Engels, se darían cuenta, ¡esperamos!, qué tan felices son viviendo en una sociedad relativamente libre. Pero, para aquellos que se las arreglan para encontrar algún mérito en el marxismo, he aquí cinco diferentes cosas que un milenial debería considerar, antes de sujetar sus mentes a la a menudo atrayente ideología.

1. LOS “MILENIALES” AMAN ELEGIR; EL MARXISMO LO RECHAZA

La doctrina marxista desalienta la creatividad individual, en favor del control estatal tanto sobre los aspectos sociales como los económicos de la vida. Favorece una economía dominada por el estado, lo que es antitético a una generación que ama la innovación y elegir. Aún el más ferviente de los socialistas tiene preferencias personales: qué películas ver en Netflix, adónde salir a comer vía Über o Lyft. Los mileniales no estarían dispuestos a sacrificar sus estilos de vida, a cambio de las promesas utópicas del marxismo.

La libertad para escoger es inherente a una economía de libre mercado. Los mercados libres han creado soluciones asombrosas a problemas médicos y han librado a millones de la pobreza. Una mayor posibilidad de escoger es un beneficio para el mundo.

En cambio, en la utopía marxista el estado exclusivamente determina la producción y ello limita las opciones disponibles para el individuo. La falta de competencia siempre significa menores posibilidades para elegir.

Por ejemplo, imagínese que el gobierno de los Estados Unidos controlara al sector de telecomunicaciones, como un único proveedor. El monopolio gubernamental impondría el precio y dictaría la calidad del servicio. Casi que, con seguridad, no tendríamos los productos y servicios asombrosos de que hoy día disponemos.

2. LA VIOLENCIA ES EL CAMINO MARXISTA

Karl Marx creía que la violencia era uno los medios primarios para derrotar al orden capitalista. Por ejemplo, él respondió a la contra-revolución de 1849 en Viena, alentando explícitamente a sus seguidores a abrazar el terrorismo:

“Sólo hay un camino por el cual las asesinas agonías de la muerte de la vieja sociedad y el nacimiento sangriento de la nueva sociedad pueden ser acortadas, simplificadas y concentradas, y ese camino es el terror revolucionario.”

[Nota del traductor: Obtenido de “The Victory of the Counter-Revolution in Vienna,” Neue Rheinische Zeitung No. 136. En la red no hay traducción al español disponible del primer artículo que es la fuente de la cita; tan sólo del segundo, ausencia que no la entiendo.]

Esta declaración inspiraría posteriormente la violenta radicalización del dictador soviético, Vladimir Lenin –ávido devoto de Marx. Al final, Lenin derrocó a la democracia rusa en 1917 y condenó a la hambruna y al terror a millones de su propio pueblo.

Los administradores socialistas, en lugares como Venezuela y Corea del Norte, son prueba de que la doctrina marxista con el tiempo conduce al terror. Sus condiciones económicas decrépitas y la barbárica violación de los derechos humanos para poder mantener un estado fuerte, son recuerdos de que no nos podemos permitir experimentar con una ideología de odio y esclavitud.

3. EL MARXISMO DESALIENTA DISENTIR PÚBLICAMENTE

En la actualidad, los gobiernos responden más a su pueblo debido principalmente a la crítica pública y a la posibilidad de rebelión en contra de un estado autoritario. El marxismo sólo estimula la rebelión en contra del gobierno capitalista. Pero la “dictadura del proletariado” ha de ser absoluta e indisputable.

Marx y Engels estaban muy claros en cuanto a su gobierno ideal. Por ejemplo, Engels postuló en The Iroquois Gens [Los genes de los iroqueses], una sección de su libro de 1884 The Origin of the Family, Private Property and the State [El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado], qué tan crucial es que el gobierno proletario mantenga una autoridad indisputada. Glorificó al gobierno de los trabajadores, que dijo eran una extensión natural de la familia, partiendo de las ideas del teórico social estadounidense Lewis H. Morgan.

Ello sería un fracaso con los mileniales, muchos de los cuales alzan la cabeza ante la autoridad y que, en general, están muy dispuestos a expresar críticas y opiniones.

4. EL MARXISMO ES LA PUERTA HACIA EL COMUNISMO

Los mileniales son grandes entusiastas de la libertad del mercado, en los hechos si bien no en la expresión. No sería nada fuera de lo ordinario ver una camisa de Ché Guevara puesta en un chofer de Über, que utiliza un iPhone. No obstante, el marxismo en última instancia concluye siendo un sistema equivalente a la esclavitud universal: una condición que sería absolutamente intolerable para una generación acostumbrada a la economía de los aps y de todo bajo pedido.

Por ejemplo, las reformas agrarias forzadas de Joseph Stalin entre 1928 y 1933 ejemplifican la brutalidad del comunismo. El liderazgo soviético pensó que la colectivización aumentaría el uso de los campos para las necesidades urbanas e industriales, debido a una demanda creciente de alimentos de los trabajadores en la Rusia que se industrializaba. Stalin obligó a su gente a trabajar en sus propias granjas y a cosechar sus propias siembras, todo en nombre del estado. Esto resultó en la muerte de casi diez millones de rusos, debido al trabajo excesivo y a la hambruna.

Similarmente, las reformas agrarias se replicaron en China desde 1958 a 1961 bajo el draconiano Mao Zedong. Al final, estas políticas resultaron en la muerte de cerca de 33 millones de personas, en lo que tal vez fue la hambruna más destructiva de la historia.

En la sociedad moderna, en donde los jóvenes prefieren gastar su tiempo creando apps para teléfonos inteligentes y hablar en los medios sociales acerca del Juego de los Tronos, sería impensable que vivan a través de los días oscuros del comunismo.

5. DERRIBE ESTE MURO

El comunismo terminó en Europa del Este en 1989 y desde entonces una mayor libertad económica ha hecho que los gobiernos sean más responsables ante su gente. En la actualidad, criticar al estado es un derecho fundamental en la mayoría de los países. Es sumamente difícil que los mileniales apoyen una reversión de la historia, cuando hoy el mundo es un lugar mucho mejor para vivir.

Antes de que naciones comunistas como China empezaran sus reformas capitalistas, la mayor parte del mundo era relativamente pobre. Millones morían de pobreza y cientos de miles estaban encarcelados. Si las ideas marxistas hubieran dominado al mundo, no existirían muchas de las cosas bellas que la humanidad ha logrado.

Un régimen autoritario es el mayor enemigo de la libertad. Los mileniales necesitan más libertad y más posibilidades para escoger y el marxismo no ofrece esas cosas. Por ello, estamos mejor si apreciamos las ideas de John Locke y de Adam Smith, que han salvado más vidas que todos los filósofos marxistas, desde Karl Marx a Slavoj Zizek.

Ibrahim B. Anoba es un promotor de Voces Jóvenes quien vive en Lagos, Nigeria. Es comentarista acerca de la economía y las relaciones internacionales de África. Usted puede seguirlo en @Ibrahim_Anoba.


Traducción por Jorge Corrales.

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Es el editor general The Mises Report y el anfitrión del podcast de the Libercast's show.

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