3 RAZONES POR LAS QUE DEBEMOS RECORDAR LOS CRÍMENES DEL COMUNISMO

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Por Ilya Somin 

En ocasión previa, discutí acerca de la negación de las atrocidades comunistas. Aunque los gobiernos comunistas asesinaron y reprimieron incluso a un número mayor de personas que los nazis, sus crímenes han significado tan sólo una parte mínima de la percatación y el reconocimiento extendido a estos últimos.

Pero, ¿acaso importa esa negligencia? Después de todo, los principales regímenes comunistas ya sea que han colapsado (la URSS y sus satélites de la Europa Oriental) o bien evolucionado hacia formas menos opresivas (China y Viet Nam).

A pesar de ello, hay varias razones para incrementar el reconocimiento de los crímenes del comunismo que debería ser una prioridad importante: brindar justicia a las víctimas y a los perpetradores, aliviar la opresión de gobiernos comunistas no reformados que aún existen hoy en día y asegurarse de que atrocidades semejantes nunca se repitan.

I. JUSTICIA PARA LAS VÍCTIMAS Y LOS PERPETRADORES

Millones de víctimas del comunismo hay están con vida en la actualidad. Entre ellas se incluye a antiguos internos de los Gulags, trabajadores forzados, disidentes sujetos a represión política, minorías étnicas, tales como los tártaros de Crimea, quienes fueron forzosamente deportados, y muchos otros. Con pocas excepciones (principalmente en Europa Oriental), poco se ha hecho para reconocer el sufrimiento de estas víctimas o para compensarles por los males que sufrieron.

Obviamente, la escala de los crímenes de los comunistas fue tan vasta que es imposible una compensación plena. Sin embargo, la imposibilidad de una compensación perfecta no es excusa para no hacer nada. Después de todo, lo mismo puede ser dicho del Holocausto y de otros crímenes de los nazis. Sin embargo, se han hecho extensos esfuerzos para compensar a los sobrevivientes del Holocausto y devolver la propiedad que les fuera confiscada a los judíos y a otras víctimas de los nazis. El gobierno alemán ha pagado reparaciones a los sobrevivientes del Holocausto y a antiguos trabajadores forzados, entre otros.

Ciertamente, estos esfuerzos para reparar los crímenes de los nazis tienen muchas limitantes. Pero, ellos sobrepasan cualquier cosa que se haya hecho por las aún más numerosas víctimas del comunismo.

Lo mismo puede decirse del tema de justicia para los perpetradores. Los juicios de Nuremberg castigaron a algunos de los más importantes perpetradores de la atrocidades nazis. Después de sesenta años, funcionarios de los Estados Unidos y de Europa continúan la cacería de criminales nazis.

No obstante, muy poco se ha hecho para llevar a la justicia a los perpetradores de las atrocidades de los comunistas. Esto es, a pesar del hecho de que muchas atrocidades de los comunistas son mucho más recientes que las de nazis, y los perpetradores de un rango relativamente más elevado aún están vivos.

Al igual que en el caso nazi, es imposible capturar y penalizar a todos los culpables. Y está el problema adicional de que algunos de los peores criminales comunistas están protegidos por gobiernos en naciones en donde todavía el partido comunista está en el poder (China y Corea del Norte, entre otros). Aun así, lo mejor no debería ser enemigo de lo bueno. La comunidad internacional debería, al menos, tratar de penalizar a aquellos perpetradores comunistas que pueden ser encontrados, al mismo tiempo que pone presión sobre gobiernos recalcitrantes, para tratar o lograr extraditar a los otros.

Debemos hacer más para impartir justicia a las víctimas y a los perpetradores de los crímenes del comunismo. Aún no es demasiado tarde. Pero, bien puede serlo en unos pocos años, cuando más miembros de ambos grupos mueran de viejos.

II. ENFOCANDO LA ATENCIÓN SOBRE LA OPRESIÓN EN GOBIERNOS COMUNISTAS QUE AÚN NO SE HAN REFORMADO

La mayoría de los regímenes comunistas del mundo o han colapsado o se han reformado. No obstante, aún permanecen dos gobiernos comunistas sin reformarse: Cuba y Corea del Norte. En particular, Corea del Norte es probablemente el régimen más opresivo del mundo, habiendo llevado a la muerte por hambruna al menos a un millón de personas de su propio pueblo, en los años de la década de 1990. También mantiene un sistema de Gulags y una policía secreta que, en todo caso, es más draconiana que aquella de la URSS bajo Stalin.

A pesar de la buena prensa de que disfruta entre algunos izquierdistas de Occidente, la Cuba de Castro es sólo modestamente mejor. Desde que llegó al poder en 1959, el gobierno de Castro ha ejecutado aproximadamente al 1.5% de la población de Cuba debido a la disensión “política”, a la vez que ha encarcelado a otro 5.6% en campos de concentración. La represión política no letal en Cuba es menos severa que la de Corea del Norte, pero es aún peor que la de todos, excepto una pequeña cantidad, los otros gobiernos.

No obstante estas atrocidades, Cuba y Corea del Norte tan sólo reciben una fracción minúscula de la atención que grupos de derechos humanos y de la comunidad internacional, les brindan a ofensas muy inferiores cometidas por gobiernos democráticos o dictaduras no izquierdistas.

Imagínese si, después de la caída de Hitler, un no reconstruido régimen de tipo nazi hubiera permanecido en algún pequeño país europeo y continuado manejando campos de concentración, una policía de tipo Gestapo, etcétera. ¿No sería ese régimen un paria internacional, constantemente en la mira de grupos de derechos humanos y sujeto a sanciones severas por todos los países democráticos que se auto-respetan?

Es difícil decir si la presión de parte de grupos de derechos humanos y de gobiernos occidentales podría obligar a Cuba y a Corea del Norte, a reducir su opresión. Sin embargo, ambos regímenes tienen economías débiles y buscan crear una imagen positiva en el Oeste. Un sistema amplio de sanciones impuesto por todos los estados democráticos y una campaña de deshonra al menos puede tener posibilidad de éxito.
III. NUNCA JAMÁS

La amplia atención prestada a los crímenes nazis ha ayudado a sensibilizar a la gente ante los peligros del racismo, del anti-semitismo y del nacionalismo extremo. Estos males no han desaparecido. Pero, al menos la necesidad de oponerse a ellos es ampliamente aceptada, a través del mundo democrático.

Una concentración similar sobre los crímenes del comunismo, podría aumentar el reconocimiento de los peligros creados por ideologías basadas en la guerra de clases y en el socialismo (por el cual doy a entender una dominación plena de la economía por parte del estado, no simplemente la regulación gubernamental de la industria privada o un estado de bienestar.)

Es poco posible que el comunismo reaparezca en la forma exacta practicada por Lenin, Stalin o Mao. Sin embargo, las ideas esenciales del socialismo y de la guerra de clases aún son promovidas por diversos movimientos políticos y gobiernos, especialmente en el Tercer Mundo; por ejemplo, por gobernantes como Nicolás Maduro en Venezuela y Robert Mugabe en Zimbabwe, siendo que ambos han sido mencionados por los comunistas, como modelos por sus propias políticas.

En algunas ocasiones, el socialismo y el conflicto de clases se acoplan con el nacionalismo extremo y la opresión de grupos minoritarios, una combinación de la cual los nazis fueron pioneros. El debate acerca del socialismo está lejos de terminarse. Es más, desarrollos futuros políticos y tecnológicos podrían hacer más posible el resurgimiento del totalitarismo socialista.

Por supuesto, la combinación de guerra de clases y de socialismo no conduce inevitablemente al asesinato masivo, en la escala cometida en la URSS, China y Cambodia. A pesar de ello, aumenta grandemente su posibilidad. Casi todos los gobiernos plenamente socialistas (por lo cual, de nuevo, entiendo un gobierno que logró tomar control de una vasta porción de la economía) que conservaron el poder por más de unos pocos años, terminaron asesinando una fracción sustancial de su población (usualmente, al menos 1-2%). Incluso el relativamente moderado gobierno de Yugoeslavia –al que generalmente se considera como el régimen comunista menos opresivo- asesinó alrededor de un millón de personas, de acuerdo con cálculos del politólogo Rudolph Rummel.

En efecto, el riesgo de un asesinato masivo asociado con un socialismo pleno, puede en la realidad ser aún mayor que aquel causado por el racismo o el anti-semitismo. Muchos regímenes racistas y anti-semíticos han existido durante muchos períodos de tiempo, sin cometer asesinatos en masa –incluyendo la mayoría de tales gobiernos. La Alemania nazi fue un caso extremo inusual –uno en donde el asesinato en masa fue en sí parcialmente facilitado por el control estatal de la economía, casi tan extendido como aquél de los estados comunistas.

Por supuesto, el racismo, el anti-semitismo y el nacionalismo extremos son grandes males que deberán ser combatidos incluso cuando ellos no conduzcan al asesinato en masa. Aun así, lo mismo puede decirse del socialismo y la guerra de clases extrema. Aunque los gobiernos socialistas se queden cortos en cuanto al asesinato masivo, todavía reprimen la libertad política y económica en una variedad de formas diferentes –sin mencionar nada acerca de reducir el estándar de vida de la gente.

En resumen, hay muchas buenas razones para aumentar la consciencia en torno a los crímenes del comunismo. Lograr ese objetivo, a la luz de una indiferencia extendida y de una hostilidad ocasional, será una tarea difícil. Pero, aquellos quienes toman en serio la idea de “nunca jamás.” no deben retirarse ante el desafío.

DIVULGACIÓN PLENA:

Debo mencionar que muchos de mis propios parientes están entre las víctimas de crímenes de los comunistas y potencialmente podrían recibir compensaciones por ellos, si se establecieran programas serios de compensación. Al menos uno de mis parientes (mi desaparecida abuela también recibió compensación por los crímenes de guerra de los nazis, de parte del gobierno alemán.

CODA:

Supongo que, en pocas palabras, debería refutar el tonto, pero inevitable, cargo de que mi énfasis en torno a la importancia de reconocer las atrocidades del comunismo es, de alguna manera, una excusa de intentos por desacreditar a los liberales de los Estados Unidos [nota del traductor: recuérdese que, al contrario de los liberales clásicos, en los Estados Unidos se les llama liberales a los estatistas]. Este ardid es similar a decir que la crítica a los racistas, anti-semitas o a los nazis es tan sólo una estratagema para desacreditar a los conservadores estadounidenses. Únicamente diré que siempre he tenido cuidado en evitar etiquetar a los liberales domésticos como socialistas (ni qué hablar de comunistas), habiendo criticado el uso de tal calificativo de parte de otros, y no he utilizado esa facturación en mis diversos mensajes de la Conspiración Volokh (CV) y en otros escritos, en donde critico las políticas liberales domésticas. Tal como lo reconocieron personas como Harry Truman, JFK y Henry Jackson, no hay una contradicción entre ser un liberal en asuntos de políticas domésticas y un fuerte oponente del comunismo.

Una primera versión de este correo apareció en la Conspiración Volokh en el 2009.

ILYA SOMIN es profesor de leyes de la Universidad George Mason. Su investigación se centra en el derecho constitucional, las leyes de propiedad y en el estudio de la participación política popular y sus implicaciones para la democracia constitucional.


Traducción por Jorge Corrales

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Es el editor general The Mises Report y el anfitrión del podcast de the Libercast's show.

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